Desde que en 1992, la Asamblea General de Naciones Unidas declarara el 22 de marzo como Día Mundial del Agua, se viene celebrando año tras año tratando de sensibilizar sobre la importancia de los recursos hídricos a nivel mundial; así como de alertar sobre las cifras alarmantes que produce la carencia de agua en algunos lugares.
Lugares como el que visitábamos hace un par de semanas, en la región de los pueblos del Sur, aquí en Etiopía. A pesar de ser un país muy diverso, Etiopía posee zonas áridas con gran escasez de agua, por las que desgraciadamente se ha hecho famosa en más de una ocasión. Supervisábamos algunos de los puntos de distribución de agua construidos hace un par de años en zonas remotas. Mediante estos nuevos puntos de agua, muchas familias disponían una fuente de agua potable relativamente cerca de sus hogares, aunque algunas de las familias aún tenían que recorrer 4 horas y media para llegar al mismo.
Las cifras en Etiopía han mejorado mucho en los últimos años, y según el gobierno, en el año 2000 menos del 20% de la población contaba con acceso al agua potable y actualmente, se ha llegado a 68,5%. El objetivo consiste en que las zonas urbanas la población disponga de agua potable a menos de 500 metros y en las zonas rurales, a menos de 1,5 km. Un objetivo ambicioso y necesario, aunque por el momento extremadamente utópico en zonas como la que nos encontrábamos.
En uno de los puntos de distribución de agua visitados,
la comunidad cobraba unos 2 céntimos de euro por cada 10 litros que se recogían. Sin duda, se trataba de una lección aprendida con el tiempo para que parte de este dinero se pudiera destinar al mantenimiento. Y es que al continuar el camino por los alrededores nos encontramos con muchas fuentes que no funcionaban. Pequeños lugares llenos de vida un día y hoy desolados. Mientras las personas llenaban sus depósitos en la fuente, a 100 metros de la misma nos encontramos un “pond”. Una especie de pequeña laguna natural donde se mantiene el agua recogida por la lluvia meses atrás. Son pequeños charcos naturales, que la gente hace más grandes al ver que la tierra drena despacio el agua recogida. Sin embargo, la calidad del agua es pésima. Excrementos de animales, desperdicios y la
propia tierra llenan este tipo de mecanismos de almacenamiento de agua. Aún así, mientras hablábamos a la orilla de este “pond” con las autoridades locales, una campesina en el otro extremo estaba llenando sus depósitos de esta agua. A medida que observamos el lugar intento comprender la situación y mi subconsciente, me lleva a plantearme soluciones occidentales a problemas que no logro entender bien. La pobreza y cada propia cultura tienen a veces variables que escapan a mi concepción de sociedad y a mi concepción de derechos. El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas, reconoció el agua potable y el saneamiento básico con derecho humano esencial. Pienso como esta gente podría reclamar este derecho en este lugar árido, rodeado de antiguos puntos de agua que ya no funcionan.
Sin embargo, observando y hablando con la comunidad, contemplábamos de primera mano soluciones locales que funcionan. Como es conocido, la falta de agua potable y de saneamiento produce problemas graves de salud. Desde el área de salud, el gobierno ha realizado en todo el país un programa llamado “Health Extension Program”. Mediante él, se ha capacitado durante seis meses a dos personas de cada comunidad, las cuales son llamadas “health extensión workers“. Su objetivo es enseñar a las familias de su propia comunidad una serie de buena prácticas, casi 20, que les ayudan a mejorar la higiene y la salud de las mismas. Si cumplen con esas prácticas se convierten en “family model” y constituyen modelo para aquellas otras familias que quieren seguir sus pasos. Medidas muy sencillas como construirse su pequeña letrina y que la mantengan, su pequeño hoyo para residuos, mantener una higiene diaria, tener jabón,… Hasta en los lugares más remotos, hemos encontrado a las famosas “health extensión workers”. Soluciones locales a problemas locales.
No es fácil co
mprender con exactitud la cantidad de patrones culturales que modifica el agua en cada sociedad. Las mujeres, entre sus múltiples tareas diarias, recorren grandes distancias para tener agua potable cada día, las niñas dejan de ir a la escuela para cumplir esta nueva tarea diaria, la falta de agua obstaculiza el progreso económico, la esperanza de vida se reduce enormemente por las enfermedades derivadas, etc. El agua, tan vital e importante.
Desde unos años, sabemos que más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas. Es por ello que este año, en el día mundial del agua se da énfasis al agua en las ciudades y a su integración en los procesos de urbanización. Los retos del agua en cada sociedad son diferentes pero todos ellos muy importantes. Para nadie debe ser lejano. A veces pienso cómo la cooperación española pueda aportar su pequeño granito de arena a los esfuerzos que los propios etíopes realizan para su desarrollo. Sin embargo, sólo podremos ayudar a Etiopía o a cualquier otro país, y como no a nosotros mismos, si somos conscientes del uso de nuestro agua poniendo énfasis en la conservación de los recursos hídricos, los sistemas de riego y la producción de alimentos, el ordenamiento territorial, la protección de ecosistemas y la biodiversidad, las medidas de prevención de las amenazas asociadas a los fenómenos hidrometeorológicos extremos,etc. Nuestras conductas sobre el agua, así como los problemas de cada país al respecto están interrelacionados. Si no me creen, pregúntenselo al cambio climático.
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