Exposición de fotografía “Etiopía, kes be kes”

Borja Santos Porras

Del 18 de Diciembre al 6 de Enero, se presenta en la sala de exposiciones del Espacio Joven del Ayuntamiento de Valladolid la exposición de Fotografía ´Etiopía, Kes be Kes´ de Borja Santos Porras

“Etiopia Kes be kes”, (expresión en amárico que significa ´poco a poco´ o ´paso a paso) busca combinar a través de sus imágenes la divulgación con la expresividad

 para transmitir de manera impactante la diversidad étnica, paisajística y cultural de Etiopia a la vez que mostrar algunos aspectos del actual desarrollo del país.

El domingo, 23 de Diciembre a las 12:00 se llevará cabo la inauguración en Valladolid, en la sala de conferencias del Espacio Joven, en la que participarán con el autor, Diego Fernández Magdaleno y Fernando Manero.

Danakil: Las puertas de infierno

Etiopía posee un su territorio lugares inimaginables. Sin lugar a dudas, la depresión del Danakil, en la frontera con Eritrea, supera todas las expectativas. Esta depresión llega a encontrarse a 116 metros por debajo del nivel del mar y según algunas fuentes lo catalogan como el lugar deshabitado más caliente de la tierra.

 

Situado en la región de Afar, es uno de los lugares con mayor actividad tectónica del planeta. Para entrar en la Depresión, se atraviesan montañas surgidas de numerosos sismos donde se pueden observar los diferentes sustratos de la tierra. Una bienvenida que representa la fascinante experiencia geológica que se puede experimentar en Danakil.

 

La población de Afar, conocida por su reputación de ferocidad, sobrevive como nómadas en lugares agrestes, muy secos y calurosos. Su vestimenta, acompañada por el cuchillo Afarí y el Kalashnikov, marca el respeto que se ha de tener al dirigirse primeramente a ellos.

 

Hamedila, es el último pueblo antes de adentrarse en Danakil. Allí descansan las decenas de caravanas de camellos que transportan la sal desde Danakil. El comercio de estos bloques de sal es el medio de vida más común de la población existente.

 

Hamedila podría considerarse las puertas de infierno, ya que sólo de esta manera, podría describirse el más allá. El volcán Erta Ale, con algo más de 600 metros de altitud, es la representación más solemne de los más de 30 volcanes distribuidos a través de las fallas del Danakil. En su cumbre se encuentra un lago de lava permanente de hace más de 120 años. El volcán Erta Ale está en erupción continua desde 1967. Que este lugar esté a la vista del ojo humano viola nuestra capacidad de raciocinio, llegar a ser inconcebible. Delante de nosotros contemplamos el extremo de la naturaleza terráquea. Explosiones de lava nos hacen creer que nos encontramos en el viaje al centro de la tierra de Julio Verne y hubiéramos llegado a la etapa final. Es difícil dar crédito y es que una vez pasado el tiempo, sólo nos queda la sensación de nuestra insignificante existencia.

 

 

 

Pasado el volcán Erta Ale, se debe cruzar un desierto de sal, el lago Asale, que nos  lleva hasta el imaginario polo norte. Una inmensa llanura blanca, que nos conduce a un estado onírico ante las luces del atardecer. Aquí se extraen los bloques de sal que se transportarán en las caravanas de camello.

 

Este camino a través de los paisajes blancos, simula un paisaje nublado estratosférico hasta aterrizar en la luna. A esto le llaman Dallol, situado en plena depresión del Danakil, es una laguna llena de manantiales sulfurosos, lleno de colores y hedores que representa un paisaje de otro planeta. El culmen de un territorio fascinante, enclavado en Etiopía, la que muchos llaman cuna de la humanidad.

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Meskel, la Fiesta de la Cruz

Como ya hemos comentado varias veces, las fiestas más importantes en Etiopía coinciden con sus celebraciones religiosas. En este caso hoy 28 de septiembre se celebraba la Fiesta de la Cruz, llamada en Etiopía Meskel.


Numerosas leyendas etíopes otorgan a su territorio, la cualidad de ser cobijo de distintas reliquias sagradas. En este caso, se trata de fragmentos de la cruz sagrada donde Jesucristo fue crucificado.

Cuanta la tradición, que en el siglo IV, Santa Elena, madre del emperador romano Constantino tuvo una revelación en uno de sus sueños. En él se le decía que debía prender una gran hoguera y la dirección que tomara el humo le guiaría para encontrar el camino donde se encontraba la verdadera cruz. Al despertar, así lo hizo y el humo le mostro el camino correcto donde la cruz estaba enterrada.

La víspera de Meskel, al atardecer en Addis Abeba se celebra una ceremonia que homenajea aquella leyenda. Numerosas procesiones llegan desde las iglesias a rodea la demera, una construcción de madera con forma de choza, decorada con margaritas amarillas y con una cruz. Después de los desfiles, al ponerse el sol,  el patriarca de la iglesia ortodoxa etíope (Abuna Paulos)  prende la demera para culminar lleno de júbilo la celebración.

En esta ocasión, los desfiles fueron interrumpidos por la fuerte lluvia que no cesa en esta estación de lluvias interminable. Sin embargo, por momentos el cielo dio tregua para que la Demera ardiera, nunca mejor dicho, “como Dios manda”. Así fue como una gran columna de humo enardeció los cánticos religiosos, que vibraban llevando a un trance generalizado manifestado por las carreras, los bailes y los gritos. Cualquiera podía en ese momento levantar la vista y dejarse llevar por el fuego y por la dirección del humo. Quizá ese rumbo se asemeje al destino de cada uno que siempre nos inquieta y nos siembra dudas. Y es que a veces, como se cuenta le sucedió a Santa Elena, necesitamos revelaciones que nos guíen con fuerza hacia donde nos queremos dirigir.

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¡Melkam Addis amet! ¡Feliz año nuevo!

Muchos soñamos con poder retroceder en el tiempo. Volver años atrás, o bien para rectificar acciones pasadas o  bien para poder experimentar aquello que anhelamos y no logramos vivir. Antes de ayer, salí de Valladolid y tras 22 horas de viaje, llegué a mi casa en Addis Abeba. Como si fuera una máquina del tiempo, al salir del avión me encontré en el año 2003. Llegué a casa, preparé una pequeña mochila y me fui con un grupo de amigos a celebrar la última noche de este 2003 y dar paso al año 2004.
¡Melkam Addis amet! ¡Feliz año nuevo!

Hoy se celebra el año nuevo etíope. En Etiopía, aún se utiliza el calendario de la iglesia ortodoxa copta, el cual tiene algo más de 7 años de diferencia respecto a nuestro calendario occidental. El calendario etíope proviene del calendario juliano, que es en realidad el antecesor de nuestro actual calendario gregoriano. Se implantó, parece ser, desde años antes de Cristo y fue adoptado también por todos los países europeos hasta el 1582, donde por medio de la reforma gregoriana, se cambió al calendario gregoriano. Sin embargo, los países de religión ortodoxa han seguido usando el calendario juliano. Hoy en día, casi todos los países cambiaron al gregoriano; sin embargo, Etiopía mantiene, como muchas otras, esta tradición.
Para celebrarlo, durante la noche de la víspera del año nuevo, muchas hogueras se encienden en las calles. El día de año nuevo, es un día familiar en que los etíopes, con sus mejores galas, visitan las casas de sus familiares.

Nosotros intentamos acoplarnos a esta tradición mezclándola también con las nuestras. De esta manera comimos las uvas y quemamos el año viejo ecuatoriano

Comienza el año 2004.

Día mundial humanitario: La Ruta del Refugiado

Hoy se celebra el día mundial humanitario en homenaje a aquellos y aquellas que dan su vida para ayudar a asistir a personas que sufren una situación de crisis humanitaria. Como todos saben, en la actualidad en el cuerno de África se sufre una situación dramática debido a diversos factores. Muchas personas desde Somalia acuden en busca de ayuda y cruzan las fronteras de Etiopía y Kenia. En estos momentos ya no sólo se dirigen hacia los campos de refugiados sino que en el caso de Etiopía cruzan hacia otras zonas a lo largo de la frontera con la región somalí de Etiopía. Esta experiencia me ha ayudado a comprender que la población local etíope son los que primero dan asistencia y los que probablemente más vidas salvan al apoyar a la gente en un primer momento, a pesar de lo poco que ellos mismos tienen. Más tarde han ido recibiendo el apoyo de las ONGD, las Organizaciones de Naciones Unidas o del gobierno Etíope. Es por ello que a pesar del reconocimiento que se ofrece hoy a la solidaridad mostrada por las organizaciones humanitarias vale la pena también acordarse de las propias personas y comunidades que en muchos casos comparten lo que tienen para salvar las vidas de sus vecinos y compatriotas.

En Somalia,  al igual que en zonas de Etiopía y Kenia, ha fallado por tercera vez consecutiva la estación de lluvias esperada. Esta sequía se ha agravado este año por motivos añadidos: el conflicto que sufre el país; en 2010 el Programa Mundial de Alimentos tuvo que abandonar el país y dejar de dar asistencia alimentaria debido a la presión violenta de Al Saabab; la alta inflación y subida del precio de los alimentos en un solo año; la falta de agua en la región; y la situación vulnerable que llevan viviendo de manera crónica desde hace años.

LA RUTA DEL REFUGIADO

Muchos somalíes están emigrando hacia Etiopía  en búsqueda de los campos de refugiados donde han oído recibirán asistencia. Decenas de kilómetros recorridos sobre un terreno pedregoso, sin agua y alimento, donde el polvo y la arena inundan el aire caliente. Si miras al cielo, éste permanece cubierto de nubes gordas, oscuras y espesas; llenas de agua y con ganas de explotar sobre aquellos campos sedientos. Sin embargo, los fenómenos de la naturaleza hacen que estas nubes recorran también su camino desde el mar en Somalia y no descarguen hasta que llegan a las montañas, en las zonas altas de Etiopía. Acompañan en su recorrido a los somalíes pero les despiden amargamente a su llegada a los campos.

Cuando los somalíes llegan a los campos de refugiados comienza un proceso. Al llegar son registrados por la Agencia Etíope para los Refugiados (ARRA). Se les registra y reciben leche caliente.  Se  realiza  un reconocimiento de seguridad. Por un lado se determina si hay algún indicio que determinara que esa persona pudiera ser un peligro en territorio etíope y por otro lado se determina que en verdad sea somalí y no etíope. La situación dramática vivida en Somalia es también compartida en zonas de Etiopía, por lo que muchos etíopes saben que en un campo de refugiados, por el estatus y los derechos adquiridos por el refugiado, recibirían una asistencia que ellos no podrán logar siendo etíopes y estando en situación similar. Aunque en la región somalí de Etiopía se habla la misma lengua que en Somalia; se puede determinar  la nacionalidad del individuo a través de los acentos, de las ropas y de preguntas sobre Somalia. Al mismo tiempo, personas especializadas en salud comunitaria realizan un reconocimiento inicial (screening) de la situación nutricional de los recién llegados. Si hay alguna persona en situación de malnutrición se desplazará rápidamente para recibir el tratamiento adecuado.

Terminado el registro realizado por ARRA abandonan el centro de registro y se desplazan al campo contiguo llamado centro de tránsito. Allí, de manera individual, son entrevistado por ACNUR/ UNCHR, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados. Rellenan un formulario con sus datos personales y se les registra como refugiados. Se toma su huella digital y se realiza una fotografía. Al mismo tiempo se registran sus vulnerabilidades y reciben su primera ration card (según el número de miembros familiares), a través del cual comenzarán a recibir asistencia alimentaria.

En el centro de tránsito estarán un periodo máximo aproximado de dos semanas y tras ellas serán asignados a uno de los campos  donde comenzarán su vida como refugiados. Muchas de estas personas vienen de zonas rurales donde existe una gran carencia de servicios como la educación y los servicios sanitarios. Por ello, es necesario explicar muy bien a las personas en qué consiste la asistencia que van a recibir. Los patrones culturales son también muy diferentes. Por ejemplo, una persona occidental prefería esperar sentada en un banco mientras que un somalí es probable que se sienta más confortable sentado en el suelo. En situaciones donde la situación humanitaria es tan grave respetar la dignidad de las personas  es muy importante; por lo que los factores culturales deben ser muy tenidos en cuenta en todo momento en la asistencia que recibirán.

Los campos de refugiados suelen tener una capacidad entre 25.000 y 40.000 personas. Aunque el territorio de estos campos está en terrenos sin apenas recursos, éstos se construyen por separado para que el impacto medioambiental no sea tan grande en la zona si se hiciera un solo campo excesivamente grande.

Según el estado nutricional las personas reciben un tipo de asistencia y otra. Las personas más vulnerables suelen ser niños menores de 5 años, madres embarazadas y ancianos.  Donde un gran porcentaje de los niños y niñas llegan en estado de malnutrición.

Si esta malnutrición es severa, rápidamente se les lleva a un centro de estabilización donde se les atiende de manera intensiva. En los primeros momentos, se busca que el niño se recupere de las patologías sufridas y recupere el apetito; a través de leche enriquecida irán poco a alimentándose hasta que puede comenzar el plumpy’nut, tratamiento que reciben para recuperarse de la malnutrición.

La vida en los campos es una burbuja en el mundo en que vivimos donde los instintos de supervivencia y también de solidaridad aparecen en cada escena. Ahora que en verano están de moda las rutas, esta sería una aproximación a la ruta del refugiado.  Como todas las rutas, la moda la ponen los medios de comunicación, ya que está lleva ya viviéndose tiempo atrás. Aunque cada población debiera ser responsable de su territorio y sociedad,  los países occidentales tenemos gran influencia en que la situación de vulnerabilidad extrema que sufren estas personas siga perpetuándose. Ojalá las relaciones internacionales pudieran ser más coherentes y responsables, sólo así la ruta del refugiado quedaría como una hoja más en los libros de historia.

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Etiopía y los refugiados

Etiopía, enclavada en el corazón del cuerno de África, sufre actualmente una de las peores situaciones humanitarias de los últimos años. Las lluvias esperadas entre octubre y diciembre de 2010 nunca llegaron, y las inicialmente usuales de principios de 2011 fueron insignificantes. Esta sequía acumulada ha producido que un gran porcentaje de ganado se haya perdido y unido a la escasez de agua produce una situación de inseguridad alimentaria muy grave. Estas condiciones afectan también especialmente al flujo migratorio de personas el cual ha aumentado considerablemente, especialmente desde Somalia a sus países vecinos. En Etiopía existen actualmente más de 200.000 refugiados repartidos en distintos lugares del país; ya que su origen proviene de distintos países, mayoritariamente de Somalia, Eritrea, Kenia y Sudán.


El pasado 20 de junio, con motivo del día mundial del refugiado, ACNUR invitó a los países donantes a visitar las instalaciones de uno de los campos de refugiados llamado “Sheger Camp”, instalado en el oeste del país y donde viven 12.000 refugiados en su mayoría Somalíes. Existen más de 120.000 refugiados somalíes en Etiopía. El origen de su desplazamiento suele ser el conflicto que se vive especialmente en la capital, Mogadiscio. Debido al peligro que corren sus vidas huyeron del país y por dicha condición alcanzaron el status de refugiado.


Cuando trabajaba en Ecuador, debido a las inundaciones producidas en el litoral en el año 2009 una misión especial de Naciones Unidas acudió al país. Un día, hablando con el jefe de la misión, con muchos años experiencias a sus espaldas, me comentaba que la peor situación que se puede vivir es la de ser un refugiado. Tu pasado se desvanece y sin saber si algún día podrás regresar, te ves forzado a abandonar tus pertenencias, te separas de tus amigos y familiares, y en busca de un futuro incierto. A esto se le añade que aquellos que acaban en los campos de refugiados sufren en muchas ocasiones situaciones humanitarias añadidas. Al menos eso ocurre en Etiopía, donde la situación de inseguridad alimentaria de la zona produce la escasez del flujo de alimentos y agua, y en especial grupos de riesgo como los niños sufren de malnutrición aguda.


Las salidas que tiene un refugiado se suelen resumir en tres. La primera sería la repatriación o regreso voluntario cuando se confirma que las condiciones por las que llegaron se han modificado positivamente. En segundo lugar, estaría la integración local en el territorio del país al que han llegado y en el que se han constituido como refugiados. Y como tercera y última, el reasentamiento a terceros países. Muchas personas son las que aspiran al sueño de emigrar a Estados Unidos como muchos otros pudieron realizar hace algunos años. Sin embargo, actualmente ninguna de estas soluciones es del todo factible por lo que muchos refugiados del Sheger Camp llegaron hace poco más de dos años y aún no saben nada de su incierto futuro.


Este es el caso de Hama. Debido a problemas relacionados con la violencia en Mogadisicio se vio obligado a desplazarse con su madre anciana y sus hermanas a Etiopía donde alcanzó el status de refugiado y se instaló con su familia en el campo. Su sueño es poder emigrar a Estados Unidos e iniciar una vida allí. Atrás quedó el conflicto en su país y a falta de otras soluciones mantiene la esperanza de un sueño que por el momento difícil llegará. Hasta entonces, él trabaja en el campo como guarda de la calle. Su responsabilidad le da un sentido a su vida en el campo y le hace ganar un pequeño sustento. Su casa tiene además de la cocina, varias habitaciones donde descansan sus hermanas, su madre actualmente enferma y otra para él. En su habitación tiene una pequeña televisión con cable y dedica las tardes a mascar Khad.


Otro caso es el de esta señora cuyo marido murió en las calles de Mogadiscio debido al conflicto. Llegó al campo con 7 hijos. Las familias que llegan procedentes de Somalia suelen ser bastante numerosas. Su futuro es una incógnita aunque su mirada me dice que luchará por labrar un nuevo futuro para su familia.

 

 

Sin embargo, las realidades humanitarias suelen ser complejas. En nuestro camino por el campo, unos jóvenes nos saludaron amablemente y nos compartieron su historia. Ellos no eran refugiados, eran jóvenes que habían nacido en Etiopía, en la región etíope donimana Somali Region, alrededor de este campo de refugiados y que con motivo del día mundial podían entrar a verlo. Uno de ellos acababa de terminar sus estudios de Magisterios en Jijiga y a la vuelta se encontraba sin trabajo y ayudando en las labores de la agricultura. Él y sus amigos estaban contentos de que se pudiera ayudar a los Somalíes que necesitaban refugio. Sin embargo, no podían evitar comparar su situación con la de los refugiados. Ellos para ir a buscar agua andaban largas distancias, cuando en el campo estaba a menos de 100 metros. Sus casas de palos y telas no se podían comparar con las estructuras metálicas o el cemento de las casas del campo. Y su trabajo diario para sobrevivir de las sequías y épocas de inseguridad alimentaria era más duro que las raciones alimenticias que todos los refugiados reciben. Gracias a la convención del estatuto de los refugiados y al derecho internacional humanitario, en los campos los refugiados tienen derecho a unos servicios básicos que desgraciadamente en los alrededores, en la región de Somali de Etiopía, no tiene acceso asegurado por la extrema vulnerabilidad en la que viven.

 

 

Realidades humanitarias complejas que se acentúan aún más en estos días, donde la sequía y las condiciones agravantes de un conflicto Somalí provocan la transformación de miles de realidades que se refugian en estos campos.

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Luchando contra el VIH/SIDA

Algunos kebeles del barrio de Kechene en Addis Abeba tienen algunas características especiales. Este barrio es conocido para la alta tasa de VIH/SIDA en su población. Su explicación parece que se debe a las condiciones de pobreza y vulnerabilidad con el atenuante de que en algunos casos, cuando alguien contrae la enfermedad en la ciudad algunas familias marginan y rechazan al enfermo por lo que se desplazan a este barrio. La situación de esos enfermos se unirá a la de otros muchos que se encontrarán sin subsistencia o medios de vida, con la necesidad de empezar una nueva vida pero esta vez con una carga excesivamente pesada que dificulta cada paso hacia delante. Ninguna enfermedad debería pesar tanto para ser rechazado o rechazada, su carga es injusta.


Bajo este contexto, tuvimos la suerte de visitar un proyecto llamado “África responde al Sida: Construyendo puentes para reducir la transmisión del VIH entre los jóvenes vulnerables en Addis Abeba.” El proyecto consistía a grosso modo en la creación de cooperativas de mujeres las cuales son vulnerables bajo este contexto. Estas mujeres son o bien cabezas de familia con VIH/SIDA, trabajadoras del sexo, ancianas cabezas de familia, responsables de dependientes con VIH/SIDA, etc. Mediante estas cooperativas las propias mujeres eran las encargadas de una vez capacitadas realizar sus productos de alfarería y posteriormente venderlos. La venta se realiza al por mayor, siendo ellas también las encargadas de negociar con los mayoristas. A través de estos sencillos medios de vida, se intentaba apoyar en el empoderamiento económicamente a mujeres con grandes necesidades.
No sé si este proyecto será un parche en la historia o si podrá ser sostenible mientras no se corte la raíz del problema. Sin embargo, detrás de cada mujer había una historia personal difícil de imaginar cuando se las contemplaba trabajando y luchando por su futuro. La belleza del orgullo y la dignidad por seguir hacia adelante se mostraba a cada instante.
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Retratos de la dignidad

Cuando trabajamos en proyectos de acción humanitaria se habla mucho sobre la dignidad de las personas. La palabra dignidad siempre me ha provocado sensaciones internas. Para mi es uno de esos conceptos que nos atrapa y no podemos dejar de pensar sobre ellos. Dignidad, coherencia, belleza… Reconozco que desde la primera vez que me paré a pensarlo hasta hoy ha ganado muchos matices.

Esa gama de percepciones sobre la dignidad se ha enriquecido en Etiopía. Quizá por ello cuando aquí estoy con la cámara tiendo por inercia a fotografiar los rostros de la población etíope. Sus semblantes y facciones representan con colorida riqueza un valor, un orgullo y una belleza que con elegancia te hacen olvidar el trasfondo de pobreza o vulnerabilidad que se esconde a mis ojos en la rutina diaria de sus vidas.

Ayer llegaba a casa sobre las diez de la noche. Al llegar, el tendero de en frente de mi casa me saludó con su eterna sonrisa sencilla. Tenía la tienda cerrada y la parte baja de la puerta estaba abierta. Por ella destellaba una luz en su interior. Me detuve, lo vi entrar y cerrar la puerta. Su tienda es prototipo de cientos que existen en Addis. Un tradicional ultramarinos “etíope”, una sóla habitación donde se aprovecha el espacio al máximo para almacenar todos los productos. De repente me di cuenta que se quedaba a dormir en la tienda. Miré las otras tres tiendas que se encuentran alineadas de forma adyacente. En dos de ellas también salía una luz. Me acerqué y por los ruidos, la hora y la luz sospeché que también dormían en ella. Me sentí avergonzado. Después de 4 meses viviendo en esta casa nunca había caído en cuenta sobre ello. Jamás me imaginaba debido a su conducta y su aspecto que después de pasar todo el día en la tienda, descansaban en el mismo lugar. No me gustaría caer en el discurso fácil de los niños y niñas pobres que a pesar de ello viven sonriendo felices, y fíjate en nosotros que nos preocupamos y amargamos tanto. No. A los etíopes no les hacen falta sonreír para destacar su dignidad.

Hace dos semanas estábamos trabajando en la región de Amhara, alrededor del lago Tana. Cuando te encuentras en las zonas rurales de Etiopía parece que el tiempo avanzara a otro ritmo. La mayoría de la gente campesina y agricultora lucha diariamente por casi únicamente la supervivencia. Sin embargo, sus rostros emanan dignidad a borbotones. En homenaje a su comportamiento, lleno de orgullo y belleza; a la excelencia de sus semblantes he intentado forma una colección de fotografías acorde a estas sensaciones.


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Fasika: Semana Santa Etíope

Cada 7 años la Semana Santa etíope coincide en sus días con la católica. Hoy domingo se celebró la culminación de la Semana Santa Ortodoxa, llamada en Etiopía Fasika.

Confieso que en ocasiones, como agnóstico, siento cierto sentimiento de culpabilidad. Fue estudiando filosofía en los últimos años del colegio, cuando mi catolicismo, herencia familiar y cultural de mi entorno, cayó en barrena debido a las lecturas que curiosamente me proporcionaba mi colegio católico; sin embargo en aquel entonces, pensaba hacia mis adentros que ese agnosticismo debía de ser un episodio pasajero hacia un estado de creencia quizá “más determinado”. Tal y como Gustavo Bueno le decía a Jose Antonio Marina en el debate filosófico más apasionante que he visto nunca: “¡Yo te ruego que definas, que definas, por favor!…¡Defínete por favor!”. Como agnóstico, a veces me siento en una posición vaga e indefinida, que me lleva a explorar con entusiasmo las manifestaciones espirituales que encuentro a mi alrededor; quizá para sentirme en constante búsqueda y de este modo, justificar con hechos y no con retórica, mi posición agnóstica.

En Etiopía, la religión es fundamental para entender su historia y su cultura. Los días más importantes del calendario juliano se corresponden con sus ceremonias. El sábado santo por la noche noche, los etíopes con religión ortodoxa celebraban la vigilia pascual, antes del domingo de resurrección. Por todo ello, me acerqué a compartirlo en una de las iglesias más importantes de la ciudad: Bole Medhani Alem.

Durante los 56 días anteriores al domingo de resurrección, los etíopes se preparan para la fiesta de la pascua. En su cuaresma particular, durante todos estos días realizan el “fasting”, que consiste en no comer carne ni productos derivados de los animales. Además de ello deben de cumplir horarios determinados para su comida. Durante todo el año, no será esta la única vez que lo realicen aunque sí la de más larga duración; por lo que he leído hasta 180 días al año realizan el “fasting”. Esta práctica supone una muestra de sacrificio que busca simbolizar momentos y aspectos de la religión cristina. El Sacrificio, según una de sus definiciones, se puede definir como “Abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien”. El sacrificio representa una constante en la sociedad etíope y se extrapola a los retos y dificultades diarios que la mayoría de la población se encuentra. En muchas ocasiones me pregunto en favor de qué.

Los 56 días terminan en la madrugada del domingo santo. El sábado por la noche, los etíopes acuden en masa a las principales iglesias y durante horas se mantienen inmóviles rezando y coreando los cánticos sagrados de los grandes sacerdotes. A las 3:00 a.m., las familias regresan a sus casas y celebran por fin el final del fasting comiendo “dorowot” (pollo). Al día siguiente, por la mañana una oveja es sacrificada para celebrar el domingo sagrado y la resurrección de Jesucristo.

En la iglesia de Bole Medhani Alem, ayer noche me encontré con cientos de personas vestidos de blanco que rezaban en el interior y exterior de la iglesia, inmóviles. Sólo en algunos momentos, la muchedumbre se arrodillaba y bajaban la cabeza repetidas veces repitiendo las frases en gueez (idioma original del amárico). Acudí sólo en busca de compartir aquellos momentos espirituales. A la 1:30 a.m decidí ir a casa a dormir un rato y volver a las 4:30, pensando que el evento duraba hasta al amanecer. No había leído nada sobre el evento apropósito para descubrir el rito. Una lástima, ya que de haberlo sabido habría caído en cuenta que acababa a las 3:00 y que a las 4:30, la mayoría de etíopes yacía en sus casas disfrutando del pollo, el cual no había degustado en los últimos 56 días. Sólo encontré a aquella hora la habitual hilera de mendigos que duermen diariamente alrededor de Medhani Alem. A pesar del sueño, la vuelta a casa casi a la 5:00 me sirvió para seguir pensando sobre mi agnosticismo y sobre la profunda religiosidad de los etíopes. También me acordé mucho del año pasado, cuando pude disfrutar las procesiones de Semana Santa de Valladolid y de Medina de Rioseco. Cerrando los ojos aún podía escuchar el penetrante sonido de las trompetas; los golpes en la madera, los gritos y jadeos al levantar los pasos; el silencio en las calles y las velas en la oscuridad.

Ahora que lo pienso, quizá mi agnosticismo no tenga que ver en esto ya que en estas ceremonias siento que busco la espiritualidad no en el simbolismo religioso que contienen sino en el placer estético que sus elementos traen a mis sentidos.

Más fotográfias pueden encontrarse en: Flickr Borja Santos

22 de marzo, Día Mundial del Agua

Desde que en 1992, la Asamblea General de Naciones Unidas declarara el 22 de marzo como Día Mundial del Agua, se viene celebrando año tras año tratando de sensibilizar sobre la importancia de los recursos hídricos a nivel mundial; así como de alertar sobre las cifras alarmantes que produce la carencia de agua en algunos lugares.

Lugares como el que visitábamos hace un par de semanas, en la región de los pueblos del Sur, aquí en Etiopía. A pesar de ser un país muy diverso, Etiopía posee zonas áridas con gran escasez de agua, por las que desgraciadamente se ha hecho famosa en más de una ocasión. Supervisábamos algunos de los puntos de distribución de agua construidos hace un par de años en zonas remotas. Mediante estos nuevos puntos de agua, muchas familias disponían una fuente de agua potable relativamente cerca de sus hogares, aunque algunas de las familias aún tenían que recorrer 4 horas y media para llegar al mismo.

Las cifras en Etiopía han mejorado mucho en los últimos años, y según el gobierno, en el año 2000 menos del 20% de la población contaba con acceso al agua potable y actualmente, se ha llegado a 68,5%. El objetivo consiste en que las zonas urbanas la población disponga de agua potable a menos de 500 metros y en las zonas rurales, a menos de 1,5 km. Un objetivo ambicioso y necesario, aunque por el momento extremadamente utópico en zonas como la que nos encontrábamos.

En uno de los puntos de distribución de agua visitados, la comunidad cobraba unos 2 céntimos de euro por cada 10 litros que se recogían. Sin duda, se trataba de una lección aprendida con el tiempo para que parte de este dinero se pudiera destinar al mantenimiento. Y es que al continuar el camino por los alrededores nos encontramos con muchas fuentes que no funcionaban. Pequeños lugares llenos de vida un día y hoy desolados. Mientras las personas llenaban sus depósitos en la fuente, a 100 metros de la misma nos encontramos un “pond”. Una especie de pequeña laguna natural donde se mantiene el agua recogida por la lluvia meses atrás. Son pequeños charcos naturales, que la gente hace más grandes al ver que la tierra drena despacio el agua recogida. Sin embargo, la calidad del agua es pésima. Excrementos de animales, desperdicios y la propia tierra llenan este tipo de mecanismos de almacenamiento de agua. Aún así, mientras hablábamos a la orilla de este “pond” con las autoridades locales, una campesina en el otro extremo estaba llenando sus depósitos de esta agua. A medida que observamos el lugar intento comprender la situación y mi subconsciente, me lleva a plantearme soluciones occidentales a problemas que no logro entender bien. La pobreza y cada propia cultura tienen a veces variables que escapan a mi concepción de sociedad y a mi concepción de derechos. El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas, reconoció el agua potable y el saneamiento básico con derecho humano esencial. Pienso como esta gente podría reclamar este derecho en este lugar árido, rodeado de antiguos puntos de agua que ya no funcionan.

Sin embargo, observando y hablando con la comunidad, contemplábamos de primera mano soluciones locales que funcionan. Como es conocido, la falta de agua potable y de saneamiento produce problemas graves de salud. Desde el área de salud, el gobierno ha realizado en todo el país un programa llamado “Health Extension Program”. Mediante él, se ha capacitado durante seis meses a dos personas de cada comunidad, las cuales son llamadas “health extensión workers“. Su objetivo es enseñar a las familias de su propia comunidad una serie de buena prácticas, casi 20, que les ayudan a mejorar la higiene y la salud de las mismas. Si cumplen con esas prácticas se convierten en “family model” y constituyen modelo para aquellas otras familias que quieren seguir sus pasos. Medidas muy sencillas como construirse su pequeña letrina y que la mantengan, su pequeño hoyo para residuos, mantener una higiene diaria, tener jabón,… Hasta en los lugares más remotos, hemos encontrado a las famosas “health extensión workers”. Soluciones locales a problemas locales.

No es fácil comprender con exactitud la cantidad de patrones culturales que modifica el agua en cada sociedad. Las mujeres, entre sus múltiples tareas diarias, recorren grandes distancias para tener agua potable cada día, las niñas dejan de ir a la escuela para cumplir esta nueva tarea diaria, la falta de agua obstaculiza el progreso económico, la esperanza de vida se reduce enormemente por las enfermedades derivadas, etc. El agua, tan vital e importante.


Desde unos años, sabemos que más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas. Es por ello que este año, en el día mundial del agua se da énfasis al agua en las ciudades y a su integración en los procesos de urbanización. Los retos del agua en cada sociedad son diferentes pero todos ellos muy importantes. Para nadie debe ser lejano. A veces pienso cómo la cooperación española pueda aportar su pequeño granito de arena a los esfuerzos que los propios etíopes realizan para su desarrollo. Sin embargo, sólo podremos ayudar a Etiopía o a cualquier otro país, y como no a nosotros mismos, si somos conscientes del uso de nuestro agua poniendo énfasis en la conservación de los recursos hídricos, los sistemas de riego y la producción de alimentos, el ordenamiento territorial, la protección de ecosistemas y la biodiversidad, las medidas de prevención de las amenazas asociadas a los fenómenos hidrometeorológicos extremos,etc. Nuestras conductas sobre el agua, así como los problemas de cada país al respecto están interrelacionados. Si no me creen, pregúntenselo al cambio climático.

Más fotografías en: Flickr Borja Santos

El Norte de Castilla

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