Etiopía, enclavada en el corazón del cuerno de África, sufre actualmente una de las peores situaciones humanitarias de los últimos años. Las lluvias esperadas entre octubre y diciembre de 2010 nunca llegaron, y las inicialmente usuales de principios de 2011 fueron insignificantes. Esta sequía acumulada ha producido que un gran porcentaje de ganado se haya perdido y unido a la escasez de agua produce una situación de inseguridad alimentaria muy grave. Estas condiciones afectan también especialmente al flujo migratorio de personas el cual ha aumentado considerablemente, especialmente desde Somalia a sus países vecinos. En Etiopía existen actualmente más de 200.000 refugiados repartidos en distintos lugares del país; ya que su origen proviene de distintos países, mayoritariamente de Somalia, Eritrea, Kenia y Sudán.

El pasado 20 de junio, con motivo del día mundial del refugiado, ACNUR invitó a los países donantes a visitar las instalaciones de uno de los campos de refugiados llamado “Sheger Camp”, instalado en el oeste del país y donde viven 12.000 refugiados en su mayoría Somalíes. Existen más de 120.000 refugiados somalíes en Etiopía. El origen de su desplazamiento suele ser el conflicto que se vive especialmente en la capital, Mogadiscio. Debido al peligro que corren sus vidas huyeron del país y por dicha condición alcanzaron el status de refugiado.

Cuando trabajaba en Ecuador, debido a las inundaciones producidas en el litoral en el año 2009 una misión especial de Naciones Unidas acudió al país. Un día, hablando con el jefe de la misión, con muchos años experiencias a sus espaldas, me comentaba que la peor situación que se puede vivir es la de ser un refugiado. Tu pasado se desvanece y sin saber si algún día podrás regresar, te ves forzado a abandonar tus pertenencias, te separas de tus amigos y familiares, y en busca de un futuro incierto. A esto se le añade que aquellos que acaban en los campos de refugiados sufren en muchas ocasiones situaciones humanitarias añadidas. Al menos eso ocurre en Etiopía, donde la situación de inseguridad alimentaria de la zona produce la escasez del flujo de alimentos y agua, y en especial grupos de riesgo como los niños sufren de malnutrición aguda.

Las salidas que tiene un refugiado se suelen resumir en tres. La primera sería la repatriación o regreso voluntario cuando se confirma que las condiciones por las que llegaron se han modificado positivamente. En segundo lugar, estaría la integración local en el territorio del país al que han llegado y en el que se han constituido como refugiados. Y como tercera y última, el reasentamiento a terceros países. Muchas personas son las que aspiran al sueño de emigrar a Estados Unidos como muchos otros pudieron realizar hace algunos años. Sin embargo, actualmente ninguna de estas soluciones es del todo factible por lo que muchos refugiados del Sheger Camp llegaron hace poco más de dos años y aún no saben nada de su incierto futuro.

Este es el caso de Hama. Debido a problemas relacionados con la violencia en Mogadisicio se vio obligado a despla
zarse con su madre anciana y sus herm
anas a Etiopía donde alcanzó el status de refugiado y se instaló con su familia en el campo. Su sueño es poder emigrar a Estados Unidos e iniciar una vida allí. Atrás quedó el conflicto en su país y a falta de otras soluciones mantiene la esperanza de un sueño que por el momento difícil llegará. Hasta entonces, él trabaja en el campo como guarda de la calle. Su responsabilidad le da un sentido a su vida en el campo y le hace ganar un pequeño sustento. Su casa tiene además de la cocina, varias habitaciones donde descansan sus hermanas, su madre actualmente enferma y otra para él. En su habitación tiene una pequeña televisión con cable y dedica las tardes a mascar Khad.

Otro caso es el de esta señora cuyo marido murió en las calles de Mogadiscio debido al conflicto. Llegó al campo con 7 hijos. Las familias que llegan procedentes de Somalia suelen ser bastante numerosas. Su futuro es una incógnita aunque su mirada me dice que luchará por labrar un nuevo futuro para su familia.
Sin embargo, las realidades humanitarias suelen ser complejas. En nuestro camino por el campo, unos jóvenes nos saludaron amablemente y nos compartieron su historia. Ellos no eran refugiados, eran jóvenes que habían nacido en Etiopía, en la región etíope donimana Somali Region, alrededor de este campo de refugiados y que con motivo del día mundial podían entrar a verlo. Uno de ellos acababa de terminar sus estudios de Magisterios en Jijiga y a la vuelta se encontraba sin trabajo y ayudando en las labores de la agricultura. Él y sus amigos estaban contentos de que se pudiera ayudar a los Somalíes que necesitaban refugio. Sin embargo, no podían evitar comparar su situación con la de los refugiados. Ellos para ir a buscar agua andaban largas distancias, cuando en el campo estaba a menos de 100 metros. Sus casas de palos y telas no se podían comparar con las estructuras metálicas o el cemento de las casas del campo. Y su trabajo diario para sobrevivir de las sequías y épocas de inseguridad alimentaria era más duro que las raciones alimenticias que todos los refugiados reciben. Gracias a la convención del estatuto de los refugiados y al derecho internacional humanitario, en los campos los refugiados tienen derecho a unos servicios básicos que desgraciadamente en los alrededores, en la región de Somali de Etiopía, no tiene acceso asegurado por la extrema vulnerabilidad en la que viven.
Realidades humanitarias complejas que se acentúan aún más en estos días, donde la sequía y las condiciones agravantes de un conflicto Somalí provocan la transformación de miles de realidades que se refugian en estos campos.
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