A partir de ahora,
que despunte en vuestra cama la aurora,
que todas las noches sean de luna llena,
que enterréis la Espada de Damocles y la Caja de Pandora,
que las promesas cumplidas merezcan la pena.
Que desconozcáis lo que es el hartazgo,
que los reproches se cambien por canciones,
que no guardéis lo más triste y lo banal,
que no ruja la negativa de los objetores.
Que no existan límites ni tampoco veleidades,
que agradezcáis el milagro de haberos conocido,
que no os atrapen de vuestra casa las paredes,
que halléis la paz a través de un punto infinito.
Que aprendáis y adoptéis juntos las soluciones,
que ninguno oiga: “Ya no me queda amor”,
que tengáis fructíferas y futuras ilusiones,
que las lágrimas desoladas las seque el sol.
A partir de ahora,
reclamad en cualquier momento besos,
buscad la felicidad dónde la debéis encontrar,
no hagáis mutis por el foro ante los excesos,
que las fotos no saquen las huellas de soledad.
Que el aire ventile los malos pensamientos,
que peregrinen los fantasmas ya oxidados,
que la imperfección construya el acercamiento,
que no susurren más corazones desahuciados.
Que no extrañéis de lo que no llegasteis a ser.
Que la vida os trate bien, que no sea tan rara.
Que no falte dinero ni salud, lo que se debe tener,
que no os encontréis susceptibles de mejora.

