Solsticio alcohólico

La noche invita al paseo solitario, la noche invita al silencio y la reflexión, la noche invita incluso al sueño. Pero también con la noche caen las máscaras diurnas de las costumbres y las rutinas, aflora el otro, el yo nocturno que no quiere tener memoria ni deseo, no acordarse del día pasado ni pensar en el que viene, y solo estar, ser, en el momento, en el presente de la noche que quisiera eterna. Y para alcanzar ese estado ayuda rodearse de almas afines, ayudan esos catalizadores del olvido que son las drogas y la música. Llegar a una entente entre los ejércitos de Morfeo y los ejércitos de Baco es un problema cuya resolución resulta más complicada que hallar un telepredicador libre de fanatismo. Problema general de cada fin de semana, alcanza su éxtasis en la noche de San Juan, que quizá por ser la más corta del año parece concentrar y liberar de golpe todo el ansia acumulada del invierno, y así León de la Riva —tampoco se le puede culpar de pesimismo— ya ha advertido resignadamente que <<más de un coma etílico va a haber>>. Si la concordia entre ejércitos es imposible, y no se quiere privar a ninguno de sus derechos respectivos al sueño o a la juerga, entonces la única salida sería la separación taxativa de cuarteles, o sea habilitar un espacio fuera de la ciudad para la juerga. Pero tal solución es inviable —dónde, y qué dirían los hosteleros urbanos—, así que solo queda esperar que los soldados de Baco se comporten. Igual que defiende el derecho a la diversión, uno defiende el derecho inalienable al suicidio en cualquiera de sus formas, allá cada cual; pero lo mínimo que cabe pedir es la delicadeza de no meter ruido ni salpicar, sangre o vómito, que la calle también es de los que se quedan en casa. Al final, como casi siempre, la apuesta recae en el individuo, y la libertad sin responsabilidad es como jugar con cartas marcadas: al resto de la mesa no le hace gracia, y más vale que no te pillen.

(El Norte de Castilla, 21/6/2012)

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  • Cari

    Dicen que la noche de San Juan es mágica, pero no creo que ayude a esa magia el exceso de nada. Espero que todo se haga con racionalidad, pero demasiadas cosas se aúnan esa noche.
    Juventud, bebida, desaliento, falta de motivación, ¿excusas? Pues a lo mejor. Gente que empuja a otra gente.
    Esa noche todo menos reflexión y silencio para muchos seres humanos contrariados.
    Sólo desear que haya ausencia de esos comas etílicos que les dejarán más vacios que la nada queriendo olvidar esa noche mágica durante mucho tiempo.

    Saludos E.Roldán

El Norte de Castilla

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