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Reciclaje vial
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Eduardo Roldán | 21-12-2013 | 12:04

Para una vez que la DGT apunta a una iniciativa que puede tener una eficacia real, que no se despeña como suele por el lado del paternalismo hipócrita o de la amenaza contraproducente, va el Ministerio de Interior y se la tira de entrada. La propuesta de la directora general de Tráfico falla al ceñirse al aspecto teórico de la renovación del permiso, pero la idea que en ella subyace es razonable. Cualquiera admitiría que las condiciones de un conductor al obtener por primera vez el permiso no son las mismas que diez años después. El reciclaje de los conductores es algo no solo necesario sino urgente, y por reciclaje entiéndase criba. Un refuerzo teórico no resulta ocioso, pero el verdadero problema se halla en el psicotécnico, en las condiciones que se exigen al conductor a la hora de la renovación. El test actual —y eso que “endurecido” no hace mucho— es tan fiable como un arquero con párkinson, y la exigencia psicológica que le supone al candidato se reduce a tener que levantarse de la cama y aflojar el bolsillo para abonar la tasa. Sencillamente, hay personas a las que —por temperamento, por aptitudes motrices— se les tendría que prohibir ponerse a los mandos de un vehículo. (Alguien que respeta las señales con rigor inflexible puede ser más peligroso que el que las amolda a las circunstancias, y sin embargo al segundo se le considera mal conductor y al primero no; a los 60 años los reflejos no son los mismos que a los 30, etc.)

El endurecer el examen del candidato no es un agravio para él sino una garantía para el resto de los conductores y peatones. Es evidente que los accidentes no se podrán suprimir nunca —la propia palabra lo dice, y esto la DGT todavía no lo ha comprendido—, pero ya que se exige pagar por un carné, al menos que se pague por un examen serio. Porque da la sensación de que en el fondo no distamos de México, donde se le dio el carné a un ciego. Y es que tenía los pesos.

(El Norte de Castilla, 19/12/2013)

Sobre el autor Eduardo Roldán
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