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Salvador Pániker
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Eduardo Roldán | 02-02-2017 | 14:57

Cuenta Salvador Pániker en uno de sus diarios, creo que a propósito de Francisco Ayala, que cuando nos enteramos de que alguien cumple cien años nos gana una especie de sacudida, como si dijésemos, ¡qué tenacidad! Ahora él cumple noventa menos un mes, y los cumple como quien cumple veinticinco, o noventa y un día. Es que la tenacidad hay que dejarla estar, hay que ser tenaz sin intentarlo. Esta es una de las cosas que Pániker, contradictorio él mismo, no ha dejado de predicar: que hay que conciliar los extremos, Oriente y Occidente, lo retro y lo progre, la tradición y la tecnología, el flirt y la gravedad, la piel y lo trascendente, Johann Sebastian Bach y la trompeta de Chet Baker. Lo cual quiere decir que solo son contrarios en la superficie, y que cada cual ha de configurarse su propio menú, su dietario vital que le ayude a seguir tirando, acaso hasta los noventa. Si quiere, porque tampoco la vida es un valor absoluto, y el derecho a dimitir de ella es consustancial al derecho a ejercerla, pues tal posibilidad, tal elección dignifica —humaniza— al individuo: es el núcleo irreductible de su autonomía.

Aparte de unos  volúmenes de entrevistas impagables —no entrevistas sino conversaciones: no imponer los límites mentales del entrevistador al entrevistado sino estarse en el instante, en la escucha—, SP nos ha ido dejando una serie de libros de memorias —en el sentido más amplio o caprichoso de memoria: anecdótica y evocativa y reflexiva— que son los más útiles manuales de autoayuda que uno haya encontrado jamás, con algunas máximas inagotables que se repiten como pájaros migratorios y recurrentes. Jugar los naipes (tomada de Hemingway pero que SP ha hecho suya), hacerse una religión a la carta (y quien dice religión dice menú intelectual), el relativismo como salud mental, la necesidad de cogerle el gusto a lo difícil. Filosofía, pues, en el genuino sentido del arte de aprender a vivir. Que se trata de ir pasando la maroma.

(El Norte de Castilla, 2/2/2017)

@enfaserem

Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.