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Nichos
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Eduardo Roldán | 09-02-2017 | 18:16

El nicho es la más reciente y unánime obsesión de la realidad tecnológica. Desde los gurús de las comunicaciones hasta el bloguero de cocina, todos los residentes de la aldea global sueñan con hacerse un nicho, así dicen, un hueco que llenar de fieles que los sigan y sostengan, que los avalen siquiera numéricamente, si no monetariamente. Hemos pasado de soñar con una chalecito en la playa para invitar a los amigos el fin de semana a soñar con un hueco, con un vacío donde meter nombres o alias con los que no hemos cruzado palabra en la vida —aunque también se definan como <<amigos>>—. El empobrecimiento del sueño parece evidente, pero según los expertos de la cosa, justo ahí radica la clave de un nicho poblado: en limitarse. Hay que acotar una parcela modesta y ceñirse a sus límites con rigor monacal, y trabajarla y trabajarla con un producto solo, específico, y si usted es bloguero de cocina no se le ocurra dirigirse a la vez a solteros y a madres de familia, y además decántese por las recetas veganas o los postres de merengue, si no una propuesta tapará a la otra y el nicho que haya formado huirá en estampida.

Esta mentalidad se ha extendido más allá de quienes tienen aspiraciones comerciales —pocos y cada vez menos: internet no es esencia otra cosa que una colosal estructura de compraventa— y afectado a las relaciones personales de las redes. Las redes, que en teoría nos acercan todas las voces, nos abren un abanico de trescientos sesenta grados de opiniones y matices, en realidad nos nichifican: más pronto que tarde terminamos frecuentando solo los nichos afines e inocuos, aquellos cuyas opiniones de línea y media se alinean con las nuestras y no cuestionan ninguna de nuestras convicciones. Con lo que quizá el ego se infle, pero desde luego la cabeza se reduce, pues no hay ningún desafío que hacer frente, ninguna dialéctica de la que salir enriquecidos.

Y es que los nichos, quizá se haya olvidado, se utilizan para alojar cenizas.

(El Norte de Castilla, 9/2/2017)

@enfaserem

Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.