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Neolengua
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Eduardo Roldán | 13-04-2017 | 17:52

Uno de los más insospechados efectos colaterales que el aterrizaje de Mr. Trump en la Casa Blanca ha tenido ha sido el de disparar las ventas del clásico de George Orwell 1984 como si no hubiera mañana, que quizá no lo haya.

De inmediato se ha procedido a identificar la distopía atemporal —no futurista, ojo— orwelliana con Trumplandia, pero de los varios paralelismos que pueden establecerse no se ha reparado con la suficiente atención, si es que con alguna, en uno de los pilares esenciales de la construcción/destrucción del mundo que tiene lugar en la novela, la depuración del lenguaje del pueblo mediante la ‘neolengua’. Con ella el aparato estatal pretende <<podar el idioma hasta dejarlo en los huesos>>, eliminar el léxico superfluo y quedarse solo con el imprescindible para el intercambio de información.

Solo que el léxico nunca es superfluo, no hay mayor formador del pensamiento que el lenguaje; no solo el lenguaje verbal, también el algebraico o el musical, pero es el verbal el que más nos ensancha la mente, el que nos hace pensar más y mejor, en primer lugar porque es el que antes aprendemos y más utilizamos. Quien controla el lenguaje controla el pensamiento, y por ello el poder trata de controlarlo: en Orwell por la vía fulminante de podarlo, en la política real por la indirecta de prostituirlo. El lenguaje es pues un reducto de libertad frente al poder, y si con el auge comercial de 1984 no se ha reparado en la neolengua, se debe acaso a que ya nos hallamos inmersos en un proceso de poda de muy difícil reversión, sobre todo por su aparente inocuidad y continuo uso. Hemos sustituido la palabra por el emoji, es decir el caleidoscopio de palabras disponibles para expresar un sentir por una carita sonriente o enfadada, pasando del razonamiento con matices al pensamiento binario. Y lo más triste es que no nos hemos dado cuenta, casi agradecidos, como en una lenta borrachera de sofá que al levantarte te desploma en la alfombra.

(El Norte de Castilla, 13/4/2017)

@enfaserem

Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.