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Rusia
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Eduardo Roldán | 15-09-2017 | 10:43

Hace cien años que Rusia se proclamó república, poniendo así fin a un imperio de salones, chorreras y arañas de cristal cuyo rigor esencial, sin embargo, se mantiene hasta hoy, pues forma parte indisoluble de ese ente misterioso y sugestivo que se dio en llamar alma rusa. La fascinación que despierta (la historia de) Rusia es la fascinación que despiertan las contradicciones, y en este sentido no hay otra nación que mejor simbolice/sintetice el siglo XX, esa contradicción coagulada entre la Primera Guerra Mundial y la caída del Muro de Berlín.

Rusia —y tómese Rusia como sinécdoque de la U.R.S.S., que es como el inconsciente colectivo la tomó en el siglo pasado y aún la sigue tomando— quiso con Lenin materializar una utopía de más de veinte millones de kilómetros cuadrados, y he ahí la contradicción de base de la que podrían derivarse las demás, si no fuera porque las demás son anteriores a Lenin y serán posteriores a Putin, pues no solo transmigran las naciones sino el alma del pueblo que les da vida. Rusia es capaz de donar 27 millones de compatriotas para detener al nazismo y después purgar a más de veinte millones en el archipiélago del Gulag; Rusia conjuga el formalismo más depurado con la emoción más visceral (Eisenstein), el folclore estepario con la poesía futurista, las acuarelas de veleros al pastel con la geometría estricta de Kandinsky o el blanco al cuadrado de Malévich; Rusia es el religioso que no tiene religión, el estoico melancólico, el físico trascendente. Solo un fatalismo que no se resigna y que excede el carácter, algo anclado en el alma, invisible pero tan real, si no más, que eso que llamamos realidad, es capaz de sobreponerse a un cataclismo de la magnitud de la disgregación de la U.R.S.S. y el aterrizaje brutal del capital sin freno.

Con el cambio de siglo llegó Putin, y una república con Putin como jefe de Estado es una contradicción que, ay, acaso ni Rusia sea capaz de conciliar.

(El Norte de Castilla, 14/9/2017)

@enfaserem

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Sobre el autor Eduardo Roldán
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