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Simbólico
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Eduardo Roldán | 16-11-2017 | 11:09

Se han hecho muchas risas a costa de la calificación que Carme Forcadell de la Declaración Unilateral de Independencia como <<simbólica>>, sobre todo en el sentido de verle las (o)rejas al lobo carcelario. También Ada Colau, poco antes, había declarado que si Catalunya en Comú-Podem (o como sea que al final se denominen) se lo pedía, concurriría en las listas en puesto <<simbólico>>. Nos hemos internado así en terreno harto pantanoso, uno que con el procés aún no habíamos hollado. Tanto Forcadell como Colau —y la casi totalidad de agentes y figurantes de cualquiera de los bloques, incluido el bloque mediático— reducen el símbolo a sinónimo de insignificante, de brindis vacío al sol.

No debería desdeñarse el poder real del símbolo. Como explicara Lévi-Strauss, ¿qué es la cultura sino un conjunto de sistemas simbólicos —lenguaje, ciencia, religión…? En un plano concreto, individual, el símbolo es justo lo opuesto al recipiente vacío que se ha dado a entender. El símbolo (significante) remite, de forma más o menos indirecta, a un significado que no está nunca delimitado del todo, con un componente a veces mítico que le otorga una fuerza extra capaz de alcanzar al hombre sin que este sepa muy bien cómo. En política el epítome del símbolo es la bandera, como sin duda dos nacionalistas como Colau y Forcadell saben muy bien; en puridad, solo un trapo de colores arbitrarios; tomado globalmente, un agente capaz de desencadenar guerras fratricidas. Por supuesto, el símbolo por excelencia es la palabra, y el que las pronunciadas en el acto de la DUI no tengan efectos jurídicos y las pronunciadas ante el juez sí no hace sino incrementar su efecto: la DUI se hizo, se puso en escena (símbolo icónico), y al renegar obligadamente luego de ella, Forcadell, acaso sin saberlo, la ha afianzado en el pecho nacionalista con, si cabe, mayor fervor.

¿Solo un símbolo? Por símbolo del americano hecho a sí mismo ganó Trump las elecciones, no por político.

(El Norte de Castilla, 16/11/2017)

@enfaserem

Sobre el autor Eduardo Roldán
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