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Charles Manson
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Eduardo Roldán | 23-11-2017 | 17:57

Varias cabeceras han definido, en el anuncio de su muerte, a Charles Manson como <<asesino en serie>>. No lo fue. A Manson se le colgaron siete asesinatos <<por proximidad>>, pero la ejecución material la llevaron a cabo los adláteres que componían su familia, que el jurado consideró <<una extensión>> del propio Manson. Manson, pues, fue condenado por una suerte de ósmosis. No es un matiz baladí, ni jurídica ni informativamente. Claro que, ¿qué tiene más gancho, el estudio etiológico/psicológico de los participantes o las pintadas sangrientas en la pared que escupen de <<cerdos>> a los asesinados?

Y es probable que la etiológica/psicológica sea la más fascinante arista de un caso que no carece de ellas. Si uno repasa los acontecimientos previos a las noches Tate/LaBianca, no puede dejar de asombrarse del magnetismo que debía de irradiar Manson, un Hamelín pequeño, enclenque y sucio capaz de convencer de los actos más atroces o banales a cuantos le salieran al paso, personas inteligentes que como por ensalmo se veían transmutados en autómatas obedientes. Más que un psicópata sádico fue un psicótico delirante que sublimó vilmente su frustración artística con la eliminación de quienes consideraba indignos de estar donde estaban; quiso reparar una injusticia cósmica, pues no soportaba que su descomunal talento no recibiera el crédito que merecía, la mansión con piscina y la legión planetaria de fans. Lo otro —la inminente guerra racial, los mensajes satánicos cifrados en los surcos del ‘Álbum Blanco’ de Los Beatles, el predicarse el diablo redivivo…— no son sino atrezo de humo que enmascara una esencial impotencia y frustración, y si no pudo tenerla planetaria, recolectó y programó a una legión de soldados letales. No un logro menor. Como no lo es el que hoy lo ubiquemos en esa categoría de huéspedes variopintos conocida como ‘icono pop’, junto al Ché Guevara o Marilyn Monroe. Pero esta es otra arista que requeriría más espacio.

(El Norte de Castilla, 23/11/2017)

@enfaserem

Sobre el autor Eduardo Roldán
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