El Norte de Castilla
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El otro tango de Bertolucci
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Eduardo Roldán | 16-12-2017 | 11:11

bernardo-bertolucciEl sexo ha recorrido la filmografía de ficción de Bernardo Bertolucci desde que debutase, hace cincuenta y cinco años, en el largo con La commare secca; acaso solo en Pequeño Buda no se dé. Sexo que se adscribe a los principios clásicos del freudismo —privilegiando unos u otros según el film— y que suele adoptar la forma del triángulo (el tres es el número freudiano por excelencia, como el jungiano es el cuatro). Así, el triángulo de tintes incestuosos de Soñadores, el edípico de La Luna o el infiel de El cielo protector. Pero si hay un título en el que el sexo desempeñe una función motora-narrativa es, por descontado, El último tango en París. Donde hay no uno sino tres triángulos: el triángulo actual que componen el viudo, la joven y el novio de la joven; un segundo con un vértice fantasma (la esposa muerta, el viudo y la joven), y un tercero con tres fantasmas por vértices (la esposa muerta, el vecino que fue su amante y el viudo), aun cuando dos de los fantasmas sigan vivos. Asediada se ubica entre la primera y la segunda variante; los tres personajes viven, pero uno de ellos se halla encarcelado: es pues un fantasma que solo recuperará su condición de vértice pleno con la libertad.

A Bertolucci le bastan cuatro pinceladas al comienzo para, en un ejercicio de cine no verbal digno de Flaherty, conozcamos las premisas esenciales: el secuestro del hombre, profesor en un país africano innombrado, por una milicia golpista; la obligada migración de la esposa que, bañada en lágrimas y orín, presencia el secuestro; su nueva condición de asistenta en una villa romana, propiedad de un pianista y compositor inglés. Ya tenemos pues los dos vértices agentes; ella, Shandurai (Thandie Newton, en la interpretación más hermosa que haya ofrecido), varada en una cultura que le es ajena y a la que ha de adaptarse sin ni siquiera poder plantearse cómo, esclava del reloj y el agotamiento como vive —con el trabajo de asistenta se paga los estudios de medicina—; y en el otro extremo él, el señor Kinsky (un David Thewlis que solo ha estado más memorable en Naked). Este se envuelve en el silencio estancado de las cuatro plantas de la villa o en el sonido que brota de su piano, (casi) ajeno en cualquier caso al ir y venir de la mujer, con la que parece jugar, inconsciente, al gato y al ratón.

asediada-1 No hay pues aquí rastro del tango volcánico, carnal y abisal que desde el arranque arrastra al viudo y a la joven en El último…, y cuyo único fin, inalcanzable —o solo alcanzable con la muerte—, es el olvido. (La escena capital del mítico film no es la violación anal lubricada con mantequilla, ni siquiera el monólogo del viudo ante el féretro de la esposa muerta; la escena capital es en la que el viudo responde a gritos furiosos la inocente pregunta de la joven de cómo se llama: <<¡Sin nombres! ¡Sin nombres!>>.) La relación en Asediada, por contra, se va construyendo grano a grano, como los ritmos africanos pop que escucha Shandurai y que se van filtrando a través de techos y puertas en las piezas de música clásica occidental que obsesivamente practica Mr. Kinsky y que a ella desquician: <<¡Es que no entiendo esa música!>>, en un eco del comentado grito del viudo. Al cabo, Kinsky incorpora alguno de esos exotismos al concierto que está componiendo, para sorpresa de Shandurai: se ha convertido en su musa, pero una musa tangible, corporal, un objeto ideal/real que le ha despertado el amor. Y es que, inéditamente en BB, en Asediada el amor brota previo al sexo, es el amor el motor y no la pulsión sexual. Kinsky, ciego como todo enamorado, se descompone al conocer la realidad familiar africana de Shandurai tras confesarle su amor y proponerle matrimonio; esta, incrédula y airada, lo somete a una prueba hercúlea: saque a mi marido de la cárcel y tráigalo. <<No existe el amor, solo las pruebas de amor>>, dijo Cocteau, y la prueba supondrá para Kinsky un ejercicio progresivo de renuncia material y de cambio psicológico: a medida que vende sus obras de arte se abre al mundo, escapa de su solipsismo, hasta el punto final de desprenderse del objeto más valioso, su piano; valioso por lo que cuesta en liras y lo que tiene de él: con el piano Kinsky entrega su alma en pos de la felicidad de Shandurai, sin tener la certeza de que será correspondido.

asediada-2Las acciones de Paul (Marlon Brando) y Jeanne (Maria Schneider) en El último… se dirigen en cambio solo hacia ellos mismos: el contacto carnal es continuo, el apartamento un útero de una planta, pero entre ellos se encuentran a millas de distancia; el otro es un instrumento, un vehículo y no un fin. Entre Shandurai y Kinsky parece haber una membrana infranqueable espesada por la desconfianza de Shandurai —en gran medida cultural, abismo que no separa a Paul y Jeanne—. La superación de la prueba deshace la membrana, pero abre un nuevo abismo: ahora Shandurai tendrá que hacer frente a la interrogación del pentagrama: ¿con qué amor quedarse? Es la condena de la elección que, como expuso Sartre, lleva consigo la libertad.

De contar con la mayor estrella del mundo en el cartel, con el saxo chorreante de Gato Barbieri y la fotografía luctuosamente cálida de Vittorio Storaro, Asediada supuso el reencuentro de BB con sus orígenes, en un cine casi guerrilla: 28 días de rodaje, hora y media escasa de metraje, parco presupuesto, localizaciones naturales y un guion como una escultura de Giacometti: solo los elementos medulares para poder armar el relato. Se trata de un cine óseo, depurado, un poema breve y cotidiano y de una intensidad conmovedora, muy alejado pues del <<preciosismo>> que con frecuencia se le ha reprochado, injustamente, al cineasta de Parma. Quien por otro lado no renuncia a la sensualidad sinuosa y exquisita de su cámara —rizos en picado, trávelin laterales, acercamientos como en puntillas de gato— para filmar un musical muy peculiar: la música tiene peso narrativo, no decorativo solo; y por otro lado es un musical mudo, donde los silencios hacen hablar a las miradas y a los objetos. Hasta la aspiradora dialoga con el piano, y al final, la última palabra la tiene el timbre, insistente, de la calle, muy lejos del disparo fetal y fatal que recibe Brando.

(La sombra del ciprés, 16/12/2017)

@enfaserem

Ficha del film

Tít: Besieged (Asediada)

Año: 1998

Dir: Bernardo Bertolucci

Int: David Thewlis, Thandie Newton

93 mins., color

Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.