El Norte de Castilla
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Autor: rocamadour78
Morbo natural
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Eduardo Roldán | 11-01-2018 | 11:59| 0

Ha salido un estudio que afirma la inclinación natural del hombre por el morbo, sucesos violentos, cruentos, miserables, con frecuencia con resultado de muerte, una o varias, o de lesiones graves. Esta conclusión se relaciona al parecer con el desarrollo evolutivo: el hombre tiende al morbo para eventualmente detectarlo y evitarlo y así mantenerse seguro y poder perpetuarse. El pobre Darwin es el profiláctico científico más (ab)usado frente a posibles críticas. En cualquier caso, lo incuestionable es que consumimos morbo hasta un punto rayano en la adicción. Si es que no lo hemos rebasado ya. El caso de Diana Quer ha sido quizá el más notorio en unas semanas en que día sí y día también nos hemos desayunado con violaciones adolescentes en grupo, asesinatos domésticos, mascotas torturadas… Morbo llama a morbo como cigarrillo a cigarrillo, y como decía Oscar Wilde de estos, uno nunca se queda por completo satisfecho y tiene que enceder otro.

¿Cabe pues estar con el estudio o culpar a los medios? ¿Qué fue antes, el huevo de la audiencia o la gallina de la curiosidad? Como las grandes novelas y filmes de género demuestran, con un tratamiento adecuado el suceso vulgar y violento se puede elevar a la categoría de arte y extraerse de él alguna enseñanza sobre la naturaleza humana, cuestionarnos si la moral es un absoluto inamovible (¿está justificada la venganza en ciertos casos?)… Pero lo que nos pone es el rumor por el rumor, la sangre por la sangre, sin querer ver más allá. ¿Que algún familiar o amigo de la víctima desea que lo dejen en paz? Se siente: derecho a la información, y oponerse a él o siquiera sugerir una restricción es pasaporte seguro para que te tilden de censor fascista.

Tampoco hace falta dar pie a ello. Basta con no prestar atención al morbo para reducir e incluso, al cabo, borrar su presencia. El hombre quizá tenga la inclinación natural, pero posee también la libertad de decir que no.

   (El Norte de Castilla, 11/1/2018)

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Otro día
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Eduardo Roldán | 04-01-2018 | 11:58| 0

Todo lo que nos puede ocurrir nos ha ocurrido ya. Y lo contrario también es cierto, solo que en un sentido literal, siempre menos rico. En estas fechas en que los días parece se doblen como planos agudos, en que se distingan como puntos y aparte, tendemos tanto a elaborar una lista de propósitos, siquiera mental, como a hacer recuento de los doce meses precedentes. Descreo de los propósitos como descreo de las fechas <<señaladas>>: la manera más eficaz de no lograr algo es proponérselo con demasiado empeño; no hay que olvidar nunca que un contrato de muchos millones es a fin de cuentas solo un contrato, que un proyecto de investigación en Boston solo un proyecto de investigación, que una sinfonía solo una sinfonía. De igual modo, las fechas señaladas suelen suponer hitos del vacío, compases de tránsito hasta el retorno de las cotidianas, que es cuando ocurren las cosas y puede saltar la sorpresa y la recompensa.

Como el propósito, también en las señaladas asoma el recuento; el recuento es el residuo del propósito anterior y a la vez el germen del presente. Pero hacer recuento suele suponer convocar al desencanto. ¿Cuántas de las promesas que hace un año nos hicimos hemos llegado a cumplir? Y sin embargo insistimos con otra lista —quizá por un mal entendido amor propio—, para más ironía con no pocos elementos pendientes de la lista anterior. ¿Qué nos hace pensar que esta vez sí?

Afirma Salvador Pániker que <<Vivir no es imposible>>. Es decir que a veces sí lo es. Lo cual no significa resignación o abandono; supone en cambio un signo, creo, de lucidez humilde. Vivir es dejarse vivir. Navegar sin soltar el timón pero teniendo siempre presente que ante ciertas tempestades no hay timón que valga. Que pueden acaecer en enero o en julio, y prolongarse por un día o por diez años. Por otro lado, cómo abolir de raíz el deseo (el propósito), cómo silenciar la memoria propia (el recuento). Sería como dejar de ser humanos.

(El Norte de Castilla, 4/1/2018)

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(Des)información
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Eduardo Roldán | 28-12-2017 | 12:40| 0

Además del Entretenimiento, el otro dios que rige el mundo <<próspero>> es el dios Información. En este tiempo ahistórico en que nos ha tocado vivir, la información ha dejado de ser un medio para tomar una decisión o alcanzar un fin y se ha convertido en el fin mismo. A la manera del mantra que predica que <<el tiempo es dinero>>, ha surgido el de <<la información es poder>>, y como aquel no se cuestiona (como no se cuestiona la fe). Acaso la información sea poder —transitorio— en ciertos ámbitos restringidos, acaso algún tipo muy concreto de información que bordee con el secreto y/o el delito otorgue poder a quien la posee durante el tiempo que la mantiene. Sin embargo, el mantra se extiende cual plaga que no entiende de fronteras, y no solo se extiende sino que se agranda: <<La información lo es todo>>. O sea dios.

Pero como en el soneto de José Hierro, después de todo, todo ha sido (es) nada, y la información, en sí misma, nada es. ¿Pues de qué información hablamos? ¿De la misma que desborda internet, y de la que se colige otro mantra o dogma de fe, <<en internet está todo>>? Se confunde la cantidad con la precisión, y una información imprecisa, vaga, es un tirador con párkinson: todos ganamos si no saca el arma.

Se trata de una batalla ya perdida. No solo cada cual saca su arma sino que no deja de apretar el gatillo. No hace tanto, la lectura de tres periódicos de ideología diversa te permitía extraer una síntesis que, si no la verdad, ese inasible, al menos se acercaba a ella. Hoy la síntesis resulta imposible, las opiniones pasan por hechos, los rumores por opinión, y, ay, hasta los rumores por hechos. Si ni siquiera hay un filtro seguro con el que certificar la veracidad de un hecho en su núcleo esencial, ¿cómo plantearse la posibilidad de un debate limpio y productivo, de una discusión abierta? Se comprende a esos herejes que han abjurado de <<informarse>>. Es una herejía en la que uno mismo ha incurrido alguna vez.

(El Norte de Castilla, 28/12/2017)

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¿Éxito rotundo?
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Eduardo Roldán | 21-12-2017 | 12:22| 0

El día más corto del año a algunos se les va a hacer muy largo. Estamos hechos de tiempo, e igual que para el niño la tarde de la noche de Reyes no acaba nunca, muchos votantes separatistas no verán el momento en que se cierren las urnas. No deberían angustiarse; como el Tancredo de Lampedusa, los dirigentes han removido las instituciones, agitado el cóctel legislativo, en definitiva hecho una hoja de ruta con apariencia de gincana llena de obstáculos —y solo en apariencia, pues que previstos de inicio— solo para dejar las cosas como estaban. Y no es que como Tancredo quieran dejarlas igual, pero sabían que el objetivo declarado, y por el cual han movilizado a sus fieles, era una quimera cuya extrema materialización sería esto que hemos tenido, que estamos o están teniendo hoy, las elecciones. Que salvo seísmo sorprendente no alumbrarán otro resultado que el de dejar, como decimos, el reparto de la tarta parlamentaria más o menos como está.

Así, no cabe sino hablar de éxito separatista, y quizá de éxito rotundo. <<Cataluña>> ha sido la palabra en 2017 que mayor incremento en las búsquedas ha experimentado en Google. ¿Cabe prueba más definitiva? Que para alcanzar este éxito hayan tenido que jugar con la credulidad de sus fieles es un tributo colateral que el fin justifica de sobra, y ni siquiera un procedimiento novedoso: los sentimientos son maleables y el nacionalismo la corriente política que con mayor precisión y peso les da forma. Hasta han conseguido convertir a sus dos líderes mediáticos en mártires por la causa, uno en el exilio y el otro en la cárcel. ¿Qué votante independentista no ve en esto un ejemplo máximo de abnegación del dirigente por el pueblo, algo que ningún otro estaría dispuesto a asumir?

Si al final el bloque unionista obtiene un trozo más jugoso, que nadie se lleve a engaño sobre quién ha salido vencedor. Estas elecciones solo pueden añadir más barriles de éxito al éxito que ya ha obtenido el separatismo.

(El Norte de Castilla, 21/12/2017)

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El otro tango de Bertolucci
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Eduardo Roldán | 16-12-2017 | 12:11| 0

bernardo-bertolucciEl sexo ha recorrido la filmografía de ficción de Bernardo Bertolucci desde que debutase, hace cincuenta y cinco años, en el largo con La commare secca; acaso solo en Pequeño Buda no se dé. Sexo que se adscribe a los principios clásicos del freudismo —privilegiando unos u otros según el film— y que suele adoptar la forma del triángulo (el tres es el número freudiano por excelencia, como el jungiano es el cuatro). Así, el triángulo de tintes incestuosos de Soñadores, el edípico de La Luna o el infiel de El cielo protector. Pero si hay un título en el que el sexo desempeñe una función motora-narrativa es, por descontado, El último tango en París. Donde hay no uno sino tres triángulos: el triángulo actual que componen el viudo, la joven y el novio de la joven; un segundo con un vértice fantasma (la esposa muerta, el viudo y la joven), y un tercero con tres fantasmas por vértices (la esposa muerta, el vecino que fue su amante y el viudo), aun cuando dos de los fantasmas sigan vivos. Asediada se ubica entre la primera y la segunda variante; los tres personajes viven, pero uno de ellos se halla encarcelado: es pues un fantasma que solo recuperará su condición de vértice pleno con la libertad.

A Bertolucci le bastan cuatro pinceladas al comienzo para, en un ejercicio de cine no verbal digno de Flaherty, conozcamos las premisas esenciales: el secuestro del hombre, profesor en un país africano innombrado, por una milicia golpista; la obligada migración de la esposa que, bañada en lágrimas y orín, presencia el secuestro; su nueva condición de asistenta en una villa romana, propiedad de un pianista y compositor inglés. Ya tenemos pues los dos vértices agentes; ella, Shandurai (Thandie Newton, en la interpretación más hermosa que haya ofrecido), varada en una cultura que le es ajena y a la que ha de adaptarse sin ni siquiera poder plantearse cómo, esclava del reloj y el agotamiento como vive —con el trabajo de asistenta se paga los estudios de medicina—; y en el otro extremo él, el señor Kinsky (un David Thewlis que solo ha estado más memorable en Naked). Este se envuelve en el silencio estancado de las cuatro plantas de la villa o en el sonido que brota de su piano, (casi) ajeno en cualquier caso al ir y venir de la mujer, con la que parece jugar, inconsciente, al gato y al ratón.

asediada-1 No hay pues aquí rastro del tango volcánico, carnal y abisal que desde el arranque arrastra al viudo y a la joven en El último…, y cuyo único fin, inalcanzable —o solo alcanzable con la muerte—, es el olvido. (La escena capital del mítico film no es la violación anal lubricada con mantequilla, ni siquiera el monólogo del viudo ante el féretro de la esposa muerta; la escena capital es en la que el viudo responde a gritos furiosos la inocente pregunta de la joven de cómo se llama: <<¡Sin nombres! ¡Sin nombres!>>.) La relación en Asediada, por contra, se va construyendo grano a grano, como los ritmos africanos pop que escucha Shandurai y que se van filtrando a través de techos y puertas en las piezas de música clásica occidental que obsesivamente practica Mr. Kinsky y que a ella desquician: <<¡Es que no entiendo esa música!>>, en un eco del comentado grito del viudo. Al cabo, Kinsky incorpora alguno de esos exotismos al concierto que está componiendo, para sorpresa de Shandurai: se ha convertido en su musa, pero una musa tangible, corporal, un objeto ideal/real que le ha despertado el amor. Y es que, inéditamente en BB, en Asediada el amor brota previo al sexo, es el amor el motor y no la pulsión sexual. Kinsky, ciego como todo enamorado, se descompone al conocer la realidad familiar africana de Shandurai tras confesarle su amor y proponerle matrimonio; esta, incrédula y airada, lo somete a una prueba hercúlea: saque a mi marido de la cárcel y tráigalo. <<No existe el amor, solo las pruebas de amor>>, dijo Cocteau, y la prueba supondrá para Kinsky un ejercicio progresivo de renuncia material y de cambio psicológico: a medida que vende sus obras de arte se abre al mundo, escapa de su solipsismo, hasta el punto final de desprenderse del objeto más valioso, su piano; valioso por lo que cuesta en liras y lo que tiene de él: con el piano Kinsky entrega su alma en pos de la felicidad de Shandurai, sin tener la certeza de que será correspondido.

asediada-2Las acciones de Paul (Marlon Brando) y Jeanne (Maria Schneider) en El último… se dirigen en cambio solo hacia ellos mismos: el contacto carnal es continuo, el apartamento un útero de una planta, pero entre ellos se encuentran a millas de distancia; el otro es un instrumento, un vehículo y no un fin. Entre Shandurai y Kinsky parece haber una membrana infranqueable espesada por la desconfianza de Shandurai —en gran medida cultural, abismo que no separa a Paul y Jeanne—. La superación de la prueba deshace la membrana, pero abre un nuevo abismo: ahora Shandurai tendrá que hacer frente a la interrogación del pentagrama: ¿con qué amor quedarse? Es la condena de la elección que, como expuso Sartre, lleva consigo la libertad.

De contar con la mayor estrella del mundo en el cartel, con el saxo chorreante de Gato Barbieri y la fotografía luctuosamente cálida de Vittorio Storaro, Asediada supuso el reencuentro de BB con sus orígenes, en un cine casi guerrilla: 28 días de rodaje, hora y media escasa de metraje, parco presupuesto, localizaciones naturales y un guion como una escultura de Giacometti: solo los elementos medulares para poder armar el relato. Se trata de un cine óseo, depurado, un poema breve y cotidiano y de una intensidad conmovedora, muy alejado pues del <<preciosismo>> que con frecuencia se le ha reprochado, injustamente, al cineasta de Parma. Quien por otro lado no renuncia a la sensualidad sinuosa y exquisita de su cámara —rizos en picado, trávelin laterales, acercamientos como en puntillas de gato— para filmar un musical muy peculiar: la música tiene peso narrativo, no decorativo solo; y por otro lado es un musical mudo, donde los silencios hacen hablar a las miradas y a los objetos. Hasta la aspiradora dialoga con el piano, y al final, la última palabra la tiene el timbre, insistente, de la calle, muy lejos del disparo fetal y fatal que recibe Brando.

(La sombra del ciprés, 16/12/2017)

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Ficha del film

Tít: Besieged (Asediada)

Año: 1998

Dir: Bernardo Bertolucci

Int: David Thewlis, Thandie Newton

93 mins., color

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.