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Los ricos

Son pocos, cada vez son menos y en el termómetro de la opinión pública vienen a situarse en un punto intermedio entre Al Capone, Jaime de Marichalar y una piñata de feria; sin embargo, en la intimidad todos aspiramos a ser como ellos. A ser como ellos, es decir a tener lo que ellos tienen. La figura del rico plantea así un problema filosófico que sin incurrir en exceso podemos calificar de existencial.

El rico, en puridad, no es nada aparte de rico. El rico es rico, y no importa el camino que haya seguido para alcanzar ese estadio; no importa si se trata de un rico de lotería, de un rico de nacimiento o de un hombre hecho a sí mismo, por emplear esa expresión americana que tan alegre y tontamente hemos importado (todos los hombres se hacen a sí mismos, sean o no ricos de nacimiento), alguien de clase media o baja a quien la vida le tenía preparado el destino de la riqueza: en el momento en que se convierte en rico, las huellas en el camino se borran a los ojos de los demás, y muchas veces también a los del propio rico, como las barridas en la orilla por el mar. Y es que el dinero es quizá el mayor amnésico que existe; cuando lo tenemos, casi de inmediato comenzamos a olvidar que no hace tanto lo necesitábamos, y solo cuando dejamos de tenerlo nos volvemos a acordar que no siempre lo habíamos tenido. Es también, como se ha sugerido, quizá el mayor uniformador, lo que en el caso de los ricos se agudiza por no pertenecer a ninguna de las masas de los que no lo tienen, tienen un poco o tienen un poco más; se trate de deportista de élite, de presentador del colorín, de empresario textil o de parlamentario, su circunstancia personal se ve oscurecida, arrasada, por la condición de rico, de modo que se produce un trasvase entre lo esencial – qué hace y cómo lo hace, la particularidad de cada cual – y lo accidental – la riqueza -, pasando esta a constituirse en el único elemento definitorio del hombre, que desciende a tipo.

(El Norte de Castilla, 22/9/2011)

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.