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Etiqueta: ética

Palabras violadas
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Eduardo Roldán | 08-06-2017 | 11:41 |0

Al margen de las formas puramente físicas —esos índices acusadores al señor sentado en la bancada de enfrente; esos ademanes como golpes de kárate para puntuar su parlamento; esas sonrisas de desdén, tan falsas que acuden a sus rostros antes de que hayan terminado de escuchar aquello de lo que han comenzado a mofarse—, muchas veces tan ilustrativas, si no más, que lo que dicen, si hay algo que descorazona y enerva de la gran mayoría de las intervenciones orales de la clase política es la facilidad con que prostituyen el sentido más básico de las palabras.

La palabra es punto de encuentro entre quien habla y quien escucha, mano tendida y apretada, sinapsis de voluntad y aceptación. Y para que la conexión se produzca, ha de haber un pacto previo, implícito, que constate el contenido de lo que se transmite, la carga semántica, su valor comunicativo. Por supuesto, las palabras tienen sentidos plurales —esa es su gran riqueza y misterio—, y se les puede dar otro distinto al literal o más común, incluso el opuesto. Pero no hablamos aquí de ironía (de la que los políticos carecen) ni de los otros muchos recursos expresivos que la lengua ofrece; cuando el

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Realidad elástica
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Eduardo Roldán | 16-01-2016 | 13:27 |0

Antes que la disponibilidad inmediata de una cantidad insostenible de datos, antes que la abolición de fronteras físicas y horarias, antes incluso que la indefensión del consumidor ante el asedio publicitario, acaso la transformación más brutal que ha traído internet haya sido la expansión del concepto de realidad en la conciencia social, al punto de que ahora aceptamos cosas que hace un par de décadas nos habrían parecido delirios esquizofrénicos o puestas en escena surrealistas. El Rey de un territorio firma el nombramiento de un presidente de una parte de ese territorio que previamente había advertido que hará todo lo posible por escindirse del territorio/madre. El capo de la droga más buscado se fuga de una prisión de máxima seguridad por un túnel (sí, un túnel) abierto hasta el plato de la ducha de su celda, concierta a través de una actriz de culebrón una entrevista con un actor de Hollywood metido a —mal— periodista y a este se le reprocha luego no haber dado parte a las autoridades de la cita. El más que probable candidato a la presidencia del país más poderoso del mundo ofrece nada menos que diez millones de dólares a quien le traiga la

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Honesto Guantánamo
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Eduardo Roldán | 09-04-2015 | 14:02 |0

Al político, como al crítico literario o al médico, la honestidad se le supone. Y precisamente porque se le supone, el que enarbole como un escudo contra los posibles reproches a su gestión el haber actuado con honestidad da bastane grima. O debería darla; si no la da, es porque la general y diariamente aireada corrupción que se estila entre el gremio hace que la honestidad sea tomada como excepción y no como norma. Imaginen que no se le pudiera reprochar a un delantero centro el haber errado un gol a puerta vacía porque puso todo su empeño en meter la pelota entre los tres palos. Pues esta es la vara de medir con la que cada día más políticos piden que se les juzgue.

Barack Obama dijo a finales del pasado año que < por cerrar Guantánamo. Desde que manifestase el mismo propósito por primera vez han pasado más de siete años, pero Estados Unidos sigue considerando que estos señores de color butano pueden permanecer indefinidamente encerrados e incomunicados sin que medie acusación formal contra ellos, y haciendo el avestruz ante las denuncias periódicas de torturas y abusos que —supuestamente— algunos padecen. Obama pues le seguirá metiendo mucha y muy

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El cuadro
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Eduardo Roldán | 11-12-2014 | 18:19 |0

Y apenas se colgó el cuadro ya las voces de los resentidos y más bien ociosos se alzaron ansiosas como inquisidores, y ello pese a la advertencia irónica previa del pintor: <. Hay que ser muy tonto o muy mezquino para reprocharle a un artista el tiempo invertido en una obra. ¿Es eso todo lo que se les ocurre al mirar el retrato, toda la lectura de que son capaces? De entrada, cabe oponerles que a quien hay que reprochar en ese sentido no es a Antonio López sino a quienes le hicieron el encargo; si lo que buscaban era celeridad, el pintor de Tomelloso no era desde luego la opción más idónea: cualquiera conoce su manera de proceder, que no va a cambiar porque el encargo venga con pátina real, pues cambiarla le imposibilitaría pintar ni un trazo. Por otro lado, ese tiempo invertido no es solo una carencia, sino que debería verse como el mayor ejemplo de la cualidad moral del autor. El artista solo está comprometido con su obra, con su visión, y al único que ha de rendir cuentas es a sí mismo. Muy pocas veces en la historia del arte ha habido, si es que alguna, nadie con entrega más absoluta que Antonio López. <, <, <, son adjetivos que se le vienen colgando desde que

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El impulsor
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Eduardo Roldán | 02-10-2014 | 17:41 |0

Como un Julio César a la inversa, Artur Mas decidió desde el principio adoptar una táctica de desgaste, deshojar la margarita de la independencia paso a paso, recurso a recurso, provocación a provocación, con una precisión minuciosa y estudiada cuyo fin no es el anunciado originariamente y sostenido desde entonces —la convocatoria de un referéndum que conduzca a la independencia— sino la ratificación personal como nacionalista de bandera, o sea de pro. Mas prefiere quedar como una negrita de la enciclopedia que como una nota al pie de página, ahora que ya nadie utiliza enciclopedias. Porque él es el primero que sabe, que sabía, que todo el proceso no es más que ruido sostenido que cuanto más se prolongue, mejor; y así, cuando al final el ruido se silencie, Mas habrá quedado como el libertador frustrado, el hombre que más hizo pero —lástima— no pudo en última instancia astillar el yugo opresor, las fuerzas eran demasiado desiguales. La derrota como victoria, y el impulsor justificado.

Lo que hay entonces que preguntarse es si el impulsor va a quedar solo como negrita de enciclopedia o si debería también como negrita imputada. Porque toda esta

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Un raro
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Eduardo Roldán | 06-12-2013 | 18:34 |0

Ahora que la posteridad no existe y las más grandes obras se diluyen y olvidan en el magma confuso y creciente, creciente, siempre creciente de la red, y con las obras el nombre y la vida de quienes las crearon, lancemos otra botella para el inmediato olvido y recordemos a una de las figuras que más se separó de las corrientes dominantes por el sencillo y difícil método de adscribirse a todas y a ninguna, o sea de crear y seguir la suya. Y es que la inclasificable, poliédrica obra de Frank Zappa no hace sino ganar con el paso de los años y el aumento del olvido.

Es muy cómodo desestimar esta obra como una manta de retales. Debería más bien verse como un fresco renacentista, en el sentido de que la pluralidad de fuentes, enfoques y resoluciones lo que consiguen, a poco que uno se sumerja, es revelar una absoluta coherencia de fondo y, a mayores, cómo cada una de las partes se enriquecen con la existencia de las restantes. ¿Pero qué tienen en común el duduá sureño de los 50 y el serialismo electrónico de Stockhausen? Lo que hay que preguntarse más bien es qué no tienen. ¿Dónde está escrito que no se pueda aprender de —y disfrutar con— ambos? ¿Qué si

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Sándor Márai, con el siglo
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Eduardo Roldán | 25-11-2013 | 20:30 |0

Sándor Márai nace y muere con el siglo. El siglo XX comienza con la guerra del 14 y concluye con la caída del Muro de Berlín. Márai nace en el 1900 —es decir que al nacer el siglo él tiene ya edad como para darse cuenta de que algo muy grave está ocurriendo, e interesarse por ello— y se suicida, aquejado por la pérdida irreversible del amor, meses antes de que el Muro se derrumbe y Europa, siquiera formalmente, deshaga la oposición, económica pero ante todo psicológica, entre los bloques Este/Oeste —suicidio que es otra prueba más de que el latido del mundo resulta indiferente cuando el latido propio ha dejado de sentirse—. Pertenece pues Sándor Márai a esa estirpe de autores de Centroeuropa y Europa del Este con los que la tradición cultural y filosófica occidental, con el advenimiento y desastre de la Segunda Guerra, pasaría a establecerse, en parte debido al exilio forzoso de muchos de ellos, en Estados Unidos. Es la estirpe de los Thomas Mann, Stefan Zweig, Stranvinsky, su compatriota Béla Bartók, Arnold Schoenberg y sobre todo Vladimir Nabokov, con quien comparte afinidades que hacen de los dos una suerte extraña de hermanos desconocidos.

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El portero de la ética
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Eduardo Roldán | 28-04-2013 | 10:50 |0

Puede parecer un obviedad, pero como tantas obviedades se olvida de continuo: el primer deber del intelectual es ser honesto. El intelectual no solo ha de tener un fondo de cabeza bien surtido sino, más importante, la suficiente cintura mental como para admitir la duda, admitir la inseguridad, admitir que se ha equivocado y que su opinión es ahora otra ―es en este último punto donde más intelectuales encallan―, así como la entereza moral para defender sus convicciones, aun si tal defensa le granjea la oposición de quienes supuestamente integran una corriente de pensamiento afín a la suya (aunque ningún intelectual verdadero pertenece, según la concepción expuesta, a corriente alguna, ni estética ni política). En este sentido, hay muy pocos ilustrados que encarnen el calificativo de intelectual como lo encarna Camus, capaz de afirmar sin empacho que el partido político al que él pertenecería sería aquel que aglutinase a quienes no están seguros de tener razón, y que prefirió el repudio público de Sartre y acólitos a desdecirse de las denuncias contra el marxismo de aparato que exponía en El hombre rebelde. El intelectual pues interroga y se interroga,

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Apunte
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Eduardo Roldán | 28-08-2012 | 14:00 |0

Todos los que en España nos dedicamos ―y muchos de los que se dedican fuera de ella― al ejercicio un tanto masoquista de masticar la realidad con los mecanismos que conceden y los límites que imponen dos folios en blanco le debemos algo. Todos: incluso quienes ―peor para ellos― no lo han leído, si es que queda alguno; también quienes lo devoraron con fervor de prosélitos y luego renegaron de él con igual intensidad. Una deuda que nada tiene que ver con los tics de la prosa, tan fácilmente detectables en quienes lo han o lo hemos imitado alguna vez, y que aún hoy nos descubrimos imitándolo a veces, sino con el sentido más profundo del término estilo, la moralidad que este conlleva.

El estilo, la búsqueda de la eficacia en la escritura, es una búsqueda moral, y el renunciar a esta búsqueda supone renunciar a la verdad; supone también renunciar a la propia voz. No es que la verdad siempre se alcance, pero buscar hay que buscarla, solo sea por no quedarse afónico. En un tiempo en que lo único que parece contar es el dato por el dato, la cosa por la cosa, el martirologio laico de Umbral, día a día, folio a folio, por encontrar el núcleo esencial, el rizo

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.