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Etiqueta: aniversario
El reportaje como arte
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Eduardo Roldán | 19-11-2017 | 12:24 |0

<<Los periodistas viven obsesionados en descubrir hechos reales a fin de poder contar una mentira, y, contrariamente, el novelista se somete a la esclavitud de su dueña y señora, la imaginación, con el fin de descubrir la verdad.>> —Norman Mailer, ‘El parque de los ciervos’.

mailerLa afirmación precedente data de una novela, la tercera de Mailer, publicada en 1955, es decir cuatro años antes de que Truman Capote fusionara ambas tendencias —la imaginación al servicio de los hechos— en ‘A sangre fría’ y diera, si no la primera, sí la más fértil muestra de lo que tal fusión podría alumbrar; el concepto ‘Nuevo Periodismo’ ni siquiera se había acuñado por entonces —Capote se refería a su obra como ‘Novela de no-ficción’, y en verdad se inclina más hacia el lado de la novela que del reporterismo—, y las piezas que apuntalarían el género tampoco escritas. Tom Wolfe cita la magistral de Gay Talese sobre Joe Louis como el ¡eureka! que hizo despertar al estamento crítico-literario, pero lo cierto es que ya el propio Mailer había dado a los ojos de América, dos años antes (1960), un texto que reunía los rasgos identificativos del NP:

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Misterioso Monk
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Eduardo Roldán | 12-11-2017 | 11:40 |0

 

Thelonious Monk tenía el piano en la cocina. Y un nombre que el certificado de nacimiento registró equivocado, costumbre que cien años más tarde se sigue manteniendo en anuncios y carteles. Baste este par de anécdotas para ilustrar el que, pese a ser una de las figuras más analizadas de la historia del jazz, Monk sigue siendo una incógnita, una equis tan fascinante como resbaladiza, y por resbaladiza propensa al malentendido; así el que lo califica de excéntrico, acaso el de mayor difusión. A Monk las excentricidades le brotaban naturales, irreprimibles, es decir eran puro Monk, puro centro, y así lo prueba el que nadie supiera cuándo iban a brotar, pues ni el propio Monk lo sabía. En realidad, el pianista de Carolina del Norte fue un hombre con una tendencia acusadísima a la melancolía, la introspección y las fantasías privadas, un padre de familia hogareño y entregado, jugador de damas y ajedrez capaz de estarse callado días y días. Sin embargo la máscara ha ensombrecido al rostro, y el malentendido afectado no solo a la persona sino a la música de Monk.

monk-en-mintonsTras un periplo de fogueo como acompañante de predicadores evangelistas y participante en

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Días-de
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Eduardo Roldán | 02-11-2017 | 18:19 |0

Si no me fallan los dedos, la ONU ha conseguido la nada despreciable hazaña de embutir en el calendario más de ciento cuarenta días-de, entre internacionales y mundiales (aunque los proponen órganos distintos, en la práctica la diferencia es nula, y por tanto la discriminación léxica absurda, otro ejemplo del uso laxo, confuso y con frecuencia reiterativo que hacen del lenguaje las instituciones con sustrato político). La lista está abierta a nuevas adhesiones, y ya hoy ciertas fechas apiñan más de un día-de. Como siga la fiebre, habrá que meterle más meses al calendario y diseñar años de cuatrocientos días o así, con perdón de Galileo.

Las nominaciones de los días-de abarcan un espectro tan variopinto como intrigante, de lo más específico a lo más general. Día Internacional de la Lengua Materna, de la Vida Silvestre, de Reflexión sobre el genocidio cometido en Ruanda, de la Gente de Mar, contra el Cáncer… Hay hasta un Día Mundial del Retrete y un Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo), acaso el más sorprendente: ¿cómo obligarse a ser feliz, incluso aunque la ONU te lo recomiende? Se trata de <<sensibilizar>> al pueblo de problemas

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El humo eterno
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Eduardo Roldán | 26-03-2017 | 11:41 |0

Ni Marlon Brando, ni Cary Grant, ni Gary Cooper ni John Wayne: tampoco Charles Chaplin. Cuando en 1999 el American Film Institute —no precisamente una entidad sospechosa de parcialismo o ignorancia— catalogó a las cincuenta mayores leyendas de la pantalla que ha dado el cine americano, el elegido para ocupar la primera plaza masculina no fue otro que un tipo que sale perdiendo en la comparación con muchas estrellas en el plano físico y con otras tantas en el interpretativo. Esa plaza la sigue manteniendo a día de hoy. Esa plaza casi nadie la discute. Seis décadas después de su muerte, el aura de Humphrey Bogart no ha dejado de crecer.

¿Quién podría imaginar que aquel peón rebotado de Broadway y encasillado en roles secundarios de niño pijo y hasta amanerado llegaría a simbolizar el cine clásico en el imaginario colectivo del público y la crítica? Bogart pasó de tomar el té en tazas de porcelana sobre las tablas de un escenario a whisky solo en vaso bajo en la pantalla, y con el cambio de bebida llegó el cambio del destino. A veces no hace falta otra cosa que cambiar de bebida para cambiar de destino. El de Bogart, como el de todos, fue en gran medida

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Salvador Pániker
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Eduardo Roldán | 02-02-2017 | 14:57 |0

Cuenta Salvador Pániker en uno de sus diarios, creo que a propósito de Francisco Ayala, que cuando nos enteramos de que alguien cumple cien años nos gana una especie de sacudida, como si dijésemos, ¡qué tenacidad! Ahora él cumple noventa menos un mes, y los cumple como quien cumple veinticinco, o noventa y un día. Es que la tenacidad hay que dejarla estar, hay que ser tenaz sin intentarlo. Esta es una de las cosas que Pániker, contradictorio él mismo, no ha dejado de predicar: que hay que conciliar los extremos, Oriente y Occidente, lo retro y lo progre, la tradición y la tecnología, el flirt y la gravedad, la piel y lo trascendente, Johann Sebastian Bach y la trompeta de Chet Baker. Lo cual quiere decir que solo son contrarios en la superficie, y que cada cual ha de configurarse su propio menú, su dietario vital que le ayude a seguir tirando, acaso hasta los noventa. Si quiere, porque tampoco la vida es un valor absoluto, y el derecho a dimitir de ella es consustancial al derecho a ejercerla, pues tal posibilidad, tal elección dignifica —humaniza— al individuo: es el núcleo irreductible de su autonomía.

Aparte de unos  volúmenes de entrevistas impagables

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Eva Cassidy
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Eduardo Roldán | 04-11-2016 | 15:22 |0

Pillé el tema a la mitad y desde ese momento supe, con esa certidumbre que está más allá de la lógica, que tenía que escuchar tantas cosas como pudiera de aquella intérprete. Fue en el programa de Ramón Trecet en Radio 3, quien la calificó de <<Leonardo. Pese al deslumbramiento, el juicio me pareció más un producto de la efusión del directo que una evaluación crítica sopesada. Me equivocaba. Como en muy poco tiempo descubriría, si por algo se distingue la voz de Eva Cassidy es por una ductilidad, en matices vocales y fraseo, a cuyo lado hasta la de Norah Jones suena exigida. Voz blanca, sí, pero capaz de todos los colores, y capaz también de desenvolverse con la misma soltura en un tema de folk floral que en un edulcorado estándar, aunque ella logra quitarle la flor al folk y el azúcar al estándar, pues desde que da la primera nota hace el tema suyo: una combinación inasible de fragilidad y afirmación, un sentimiento de vértigo controlado, una honestidad que calificar de desnudez sería quedarse corto: cantaba como si se estuviera haciendo un harakiri, fuese cual fuese el ánimo de la canción.

Un cáncer fulminante se la llevó con 33 años —hace

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Pet Sounds
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Eduardo Roldán | 19-05-2016 | 13:20 |0

<. De momento han pasado cincuenta, y como clásico que es —el clásico es el moderno perpetuo—, Pet Sounds suena hoy más vital e inventivo que cualquiera de las novedades que se puedan cazar en la radio o pescar en internet. También por clásico, el disco que Brian Wilson firmara bajo el seudónimo de los Beach Boys se resiste a las etiquetas, desborda las categorías para erigirse en categoría propia, autónoma y separada. Se le puede calificar de acid folk, de pop barroco, de protorrock progresivo… Pero al final solo cabe definirlo tautológicamente: Pet Sounds pertenece a la categoría Pet Sounds. Es ese rarísimo logro artístico: el popurrí con personalidad cohesiva —como es el Ulises de Joyce—; la amalgama de voces, instrumentación, ruidos, ecos y demás efectos sonoros se fusionan de manera plenamente orgánica, casi se diría que inevitable, de tal modo que la supresión de uno de los componentes minora siempre el resultado. Y como en las más grandes sinfonías, cada tema —cada movimiento— es un astro singular y disfrutable por sí mismo, pero que escuchado junto al resto y por orden se ve enriquecido, produciendo un cuerpo a la vez plural y

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El pájaro vuela
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Eduardo Roldán | 21-03-2015 | 13:23 |0

Alguien dijo que la vida de un hombre puede resumirse en cincuenta palabras; en el caso de Charlie “Bird” Parker parece que basten dos: saxofón y heroína, y es probable que cuanto más se reduzcan, más se concentren esas palabras-hito, más trágica sea esa vida. Charles Christopher Parker Jr. nace en el año 1920 en Kansas City, y tras tentar un bombardino que no lo satisfizo, comienza a soplar el saxofón con once años, abandonando la escuela a los quince para unirse al sindicato de músicos y sobrevivir del sueldo soltero de su madre y de trabajos o recados puntuales. Con dieciséis años Parker ya se ha casado y sido padre, y se ha internado en el jardín movedizo y frondoso de la droga. Lo cual no le impide practicar su instrumento quince horas diarias y absorber —y analizar con la ayuda resignada del veterano de turno— cualquier sonido que entrase en el finísimo radar de sus voraces oídos. (Un hecho con frecuencia obviado —o desconocido— es que los dos conservatorios de Kansas City de la época no admitían estudiantes negros, así que el negro se tenía que inventar su propio conservatorio). Tras foguearse en las inclementes jam sessions de la zona, en el

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ana frank
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Eduardo Roldán | 12-03-2015 | 14:56 |0

Se cumplen 70 años de la muerte de Ana Frank y la efeméride se ha aprovechado —sin hacer referencia expresa a ella— para anunciar que por primera vez una productora alemana ha sido autorizada a rodar la biografía de la niña. Es el último, pero con seguridad por breve tiempo, producto de una industria que utiliza el Holocausto como despensa inagotable de la que nutrirse. Auschwitz se ha convertido en un género literario. Películas, novelas, obras de teatro… hemos llegado a un nivel de saturación que sin embargo seguimos tragando encantados. Como si de un aval indudable se tratase, si un producto cultural lleva adosado algún evento que lo relacione, siquiera oblicuamente, con el genocidio judío, le otorgamos de entrada un plus de calidad, cuando la experiencia nos indica debería ser al contrario. Toda esta industria no trata de comprender lo incomprensible, sino que se queda en un pintorequismo —más o menos elaborado— que casi indefectiblemente ofrece la más barata —pero lucrativa— pornografía emocional. Por cada William Styron obtenemos mil Spielbergs, y encima sin el dominio técnico de Spielberg, y así hemos pasado de la banalidad del mal de Hannah

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La reina del baile
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Eduardo Roldán | 08-11-2014 | 19:19 |0

200 años después del nacimiento de Adolphe Sax, el instrumento que lleva su nombre ha sido pieza esencial en el desarrollo del jazz

 

Los grandes inventos exceden a sus inventores. No son solo la consecuencia esforzada de un proceso investigador sino que hay en ellos un corazón imprevisto, un fondo de sorpresa similar al que se produce con los descubrimientos, siempre más fortuitos. Cuando Antoine-Joseph [Adolphe] Sax patentó el instrumento que llevaría su nombre, y aun en el momento de su muerte, casi cincuenta años más tarde, no pudo imaginar ni por un momento que esa combinación de cuerpo y tendones de metal, articulaciones de corcho y lengua de madera no solo iba a alcanzar una popularidad similar a la de otros instrumentos con mucha mayor tradición musical, sino que ayudaría a la forja y expansión de un nuevo estilo por entonces inédito. Porque si hay un estilo donde el saxofón ha podido desarrollar todo el amplísimo abanico emocional y expresivo de que es capaz, ese es sin duda el jazz (Adolphe Sax muere a finales del XIX y el jazz es puro siglo XX). En la música clásica, el invento recibió la sanción artística oportuna, y con el paso del tiempo su

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.