El Norte de Castilla
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Etiqueta: internet
(Des)información
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Eduardo Roldán | 28-12-2017 | 11:40 |0

Además del Entretenimiento, el otro dios que rige el mundo <<próspero>> es el dios Información. En este tiempo ahistórico en que nos ha tocado vivir, la información ha dejado de ser un medio para tomar una decisión o alcanzar un fin y se ha convertido en el fin mismo. A la manera del mantra que predica que <<el tiempo es dinero>>, ha surgido el de <<la información es poder>>, y como aquel no se cuestiona (como no se cuestiona la fe). Acaso la información sea poder —transitorio— en ciertos ámbitos restringidos, acaso algún tipo muy concreto de información que bordee con el secreto y/o el delito otorgue poder a quien la posee durante el tiempo que la mantiene. Sin embargo, el mantra se extiende cual plaga que no entiende de fronteras, y no solo se extiende sino que se agranda: <<La información lo es todo>>. O sea dios.

Pero como en el soneto de José Hierro, después de todo, todo ha sido (es) nada, y la información, en sí misma, nada es. ¿Pues de qué información hablamos? ¿De la misma que desborda internet, y de la que se colige otro mantra o dogma de fe, <<en internet está todo>>? Se confunde la cantidad con la precisión, y una información imprecisa,

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Nichos
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Eduardo Roldán | 09-02-2017 | 18:16 |0

El nicho es la más reciente y unánime obsesión de la realidad tecnológica. Desde los gurús de las comunicaciones hasta el bloguero de cocina, todos los residentes de la aldea global sueñan con hacerse un nicho, así dicen, un hueco que llenar de fieles que los sigan y sostengan, que los avalen siquiera numéricamente, si no monetariamente. Hemos pasado de soñar con una chalecito en la playa para invitar a los amigos el fin de semana a soñar con un hueco, con un vacío donde meter nombres o alias con los que no hemos cruzado palabra en la vida —aunque también se definan como <—. El empobrecimiento del sueño parece evidente, pero según los expertos de la cosa, justo ahí radica la clave de un nicho poblado: en limitarse. Hay que acotar una parcela modesta y ceñirse a sus límites con rigor monacal, y trabajarla y trabajarla con un producto solo, específico, y si usted es bloguero de cocina no se le ocurra dirigirse a la vez a solteros y a madres de familia, y además decántese por las recetas veganas o los postres de merengue, si no una propuesta tapará a la otra y el nicho que haya formado huirá en estampida.

Esta mentalidad se ha extendido más allá de

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Desconectados
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Eduardo Roldán | 15-12-2016 | 17:43 |0

Una corriente, minoritaria pero en templada ascendencia, ha decidido cortar casi todo vínculo con internet y derivados y limitar su uso a las actividades imprescindibles: consultar el correo electrónico una vez al día, la cuenta bancaria una a la semana. Ni guasap en el móvil ni presencia en las redes sociales, ni siquiera lectura de la prensa digital. Lo más interesante del fenómeno es que los adheridos no constituyen una secta de iluminados rousseaunianos o de fanáticos religiosos que crean que la red es la última y más sibilina forma que ha adoptado el diablo para pervertir el alma del hombre, sino de ciudadanos educados que, tras no poca reflexión, han tenido la voluntad de decir basta.

¿Por qué el trastorno? ¿No ven que no se puede luchar contra la evidencia, oponerse al río de la Historia? Solo que no se trata de luchar, ni de oponerse: se trata de intentar ir pasando la madeja de la vida —que ya cuesta bastante— sin ansiedades añadidas; se trata de no pasársela mirando una pantalla, por mucha definición que tenga. Pero eso es ridículo, dirán muchos, nadie les obliga a utilizar la red y las redes más allá de lo razonable, como nadie les obliga a

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Justicieros digitales
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Eduardo Roldán | 06-10-2016 | 16:41 |0

Vienen desde hace un par de años formando la más consistente y creciente de las tribus urbanas, ahora que ya no hay tribus urbanas y vamos todos en camiseta y zapatillas; comenzaron emboscándose en el anonimato que permite internet, pero algunos han abandonado el alias, convencidos de que la fuerza de su voz no necesita de máscaras, sea lo que sea que esa voz eructe; la inmensa mayoría orbita dentro de los estándares establecidos por el pensamiento políticamente correcto, y no admiten la discusión, ni siquiera la sugerencia de otro posible camino: que se muevan una pulgada de su postura inicial es tan probable como que lo haga un miembro de la Asociación Nacional del Rifle en un debate sobre la Segunda Enmienda.

Hay sin duda un componente central de narcisismo en los justicieros digitales, quizá el factor más determinante de su comportamiento, que se ve reforzado por la sensación de invulnerabilidad que la distancia proporciona. Es un narcisismo peculiar, no tanto la expresión de la visión cónica mediante la que el narcisista de manual percibe el mundo como la de una visión infantilizada: cual niño que ve una pelota en el parque y la quiere al instante, el

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Teletotal
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Eduardo Roldán | 12-06-2015 | 14:32 |0

Al público han comenzado a hacérsele los ojos colonia tras la reciente confirmación de que por fin Netflix, el Vito Corleone de las plataformas en línea —nadie es capaz de proveer tal cantidad de contenido con tantas facilidades—, va a comenzar a ofrecer sus servicios en España desde el próximo octubre. Hasta los piratas digitales han decidido tomarse un descanso en sus navegaciones y abrirse una cuenta de preinscripción.

Y es que hay que rendirse a la evidencia: ¿quién puede resistirse a la comodidad de ver al instante lo que quieras, donde quieras y como quieras, incluso si toca aflojar 8 euros al mes? ¿Quién renunciar a una revolución que hará que el mismo concepto que tenemos de televisión se redefina? Se diría que la televisión se inventó para alumbrar a Netflix. Netflix es llevar a Daredevil en el bolsillo trasero del vaquero, dispuesto a voltearse a tu voluntad, con solo pulsar un botón. Es que Cloë Sevigny te susurre mientras esperas el bus. Es la pera limonera.

Salvo que no lo sea. Allá cuando por el pleistoceno arribaron las primeras privadas, al público también se le hicieron los ojos colonia; pronto se vio que la cosa no daba para más que

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Rezando voy
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Eduardo Roldán | 05-03-2015 | 15:45 |0

Lo ha contado en este periódico Teresa de Lapuerta: ya hay más de 100.000 personas en todo el mundo que cada día se descargan la oración que les ofrece la web pucelana rezandovoy.org, de corte jesuita. Como casi todas las ideas digitales, el objetivo es ganar tiempo: uno se enchufa al móvil y en lo que dura el trayecto del autobús o hace la compra se purifica espiritualmente con una ración de las Escrituras amenizada con músicas de flauta travesera y dulzaina. < Y por ahí todo seguido.

He de confesar que no termino de ver claro el invento. ¿En qué medida puede esto considerarse orar? La oración exige silencio, recogimiento, quietud. La oración es un paréntesis, una suerte de meditación en la que no cuenta tanto lo que se pide como el hecho de pedirlo, de arrodillarse o sentarse y cerrar los ojos y tener el valor de hacerlo; el orante ha de poner algo —todo— de su parte, en cualquier caso algo más que calzarse unos auriculares y pulsar play. ¿Se puede alcanzar ese estado de recogimiento y entrega mientras se le tiende el cambio al cajero? Dudoso. El invento recuerda a esas píldoras para adelgazar que le evitan a uno los engorrosos asuntos de tener que sudar

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La Fundéu
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Eduardo Roldán | 26-02-2015 | 15:32 |0

No siempre cumplir años es un lastre. Los diez que acaba de cumplir la Fundación del Español Urgente demuestran que la Fundéu sigue tan flexible y alerta como un gato callejero y nocturno. La permanente adaptación al pulso social, como corresponde a una fundación —las fundaciones deberían ser todas instituciones en gerundio—, no ha supuesto merma alguna de su personalidad ni del vigor de su labor. La eclosión de las comunicaciones instantáneas ha convertido a la Fundéu en un oráculo al que no solo acuden ya los periodistas —destinatarios originarios de las recomendaciones de la fundación— sino los receptores de noticias; este éxito divulgativo se cifra en que la Fundéu no impone sino que recomienda, e incluso cuando prescribe un uso se tiene la sensación de haber recibido un consejo en lugar de una orden. Por ello cala más que la RAE, pese a que la RAE no deje de ser el oráculo del oráculo.

En cualquier caso los periodistas no deberían dejar de acudir. Urgencia —y ciertamente vivimos en tiempos urgentes, cuando no desquiciados— no quiere decir falta de cuidado: quiere decir línea recta, oídos abiertos, inmediatez. La urgencia no disculpa ni la

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La radio
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Eduardo Roldán | 14-02-2014 | 20:04 |0

Fue gracias a la voluntad de Jorge Álvarez, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Radiofónicas de España, que la Unesco concedió un día del calendario a la celebración de la radio. Difícilmente cabe imaginar una mejor justificación para un día mundial. La radio es a la comunicación lo que el aire a los pulmones; la radio es compañía y es alerta, es compañera de viaje y de cama, despertador y copiloto ideal. Se habla mucho de la adicción a internet y a la televisión, pero no hay medio más adictivo que la radio —el adicto a la radio lo es de por vida—, con una diferencia: la adicción a la radio no es compulsiva sino templada, aparte de más saludable. El oyente de radio paladea las palabras, se envuelve en la vibración de la voz y establece una conexión mucho más íntima con el presentador y los posibles invitados, con los contenidos. A diferencia de la televisión, con la que el espectador es mero frontón pasivo, la radio exige que uno ponga de su parte si quiere enterarse de algo, y lo ponemos con gusto, en no poca medida porque los programas de radio están infinitamente más trabajados, a veces hasta el mimo, que los de televisión,

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Urdangarin virtual
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Eduardo Roldán | 31-01-2013 | 19:13 |0

La filantropía del yerno le puede salir muy cara a don Juan Carlos, que, quizá harto pero desde luego no perezoso, puso sin dilación manos a la obra para limpiar preventivamente el daño que el Caso Nóos pudiera tener sobre la Casa Real. En todas las familias hay un tío díscolo y un poco tarambana del que no se puede hablar, o solo en susurros y cuando los niños ya se han acostado. En esto la familia real parece que no es una excepción, y el yerno le ha salido rana al rey, pero sin conversión posible a príncipe; por muchos ducados con que se vista la rana, rana se queda, y la realidad en este caso ha vencido a la magia del cuento. La última medida ha sido la eliminación digital del yerno de la web oficial.

En una institución tan dada a ―y lastrada por― los símbolos, este es un gesto simbólico, pleno de buena voluntad pero de eficacia dudosa. Acaso los asesores de la Casa han pensado, no sin razón, que hoy día quienes no pertenecemos a las redes sociales y demás puntos de encuentro digital no existimos, que el rastro virtual es más real que el rastro fuera de la pantalla. Solo que hasta en internet, epítome de horizontalidad y anonimato, también hay

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Amanda Todd
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Eduardo Roldán | 27-10-2012 | 15:59 |0

Ahora viene el gobierno de la Columbia Británica y anuncia medidas coercitivas, fulminantes, inminentes contra el acoso cibernético, se planta indignado en el primer lugar de la fila de dolientes y promete más vigilancia, más debate, más control, todo porque no vuelva a repetirse el caso, para que no haya una segunda Amanda, hay que atajar y atacar a los acosadores que se embozan en el anonimato de internet con toda la contundencia de la ley penal, hay que hacerlo y vamos hacerlo, sí, ya lo va a ver el mundo entero. Lo que no reconocen es la inutilidad de su empresa si la acción no es justamente global, mundial. Lo que no reconocen es que ya es demasiado tarde. Lo que no reconocen es que si Amanda no se hubiera suicidado, no les habrían entrado las prisas de la indignación: lo que no reconocen es su parte de culpa.

De momento, quizá la detección del acosador sea imposible, por mucha ayuda que Anonymous y otros ciberadalides de la justicia se ofrezcan prestar. Pero no nos engañemos: lo más trágico del caso de Amanda Todd no es la existencia de este cobarde solitario, motor primero de la muerte. La verdadera tragedia radica en la actitud de desprecio, repudio y

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.