El Norte de Castilla
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Etiqueta: vida
Otro día
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Eduardo Roldán | 04-01-2018 | 10:58 |0

Todo lo que nos puede ocurrir nos ha ocurrido ya. Y lo contrario también es cierto, solo que en un sentido literal, siempre menos rico. En estas fechas en que los días parece se doblen como planos agudos, en que se distingan como puntos y aparte, tendemos tanto a elaborar una lista de propósitos, siquiera mental, como a hacer recuento de los doce meses precedentes. Descreo de los propósitos como descreo de las fechas <<señaladas>>: la manera más eficaz de no lograr algo es proponérselo con demasiado empeño; no hay que olvidar nunca que un contrato de muchos millones es a fin de cuentas solo un contrato, que un proyecto de investigación en Boston solo un proyecto de investigación, que una sinfonía solo una sinfonía. De igual modo, las fechas señaladas suelen suponer hitos del vacío, compases de tránsito hasta el retorno de las cotidianas, que es cuando ocurren las cosas y puede saltar la sorpresa y la recompensa.

Como el propósito, también en las señaladas asoma el recuento; el recuento es el residuo del propósito anterior y a la vez el germen del presente. Pero hacer recuento suele suponer convocar al desencanto. ¿Cuántas de las promesas que hace un año

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Salvador Pániker
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Eduardo Roldán | 02-02-2017 | 14:57 |0

Cuenta Salvador Pániker en uno de sus diarios, creo que a propósito de Francisco Ayala, que cuando nos enteramos de que alguien cumple cien años nos gana una especie de sacudida, como si dijésemos, ¡qué tenacidad! Ahora él cumple noventa menos un mes, y los cumple como quien cumple veinticinco, o noventa y un día. Es que la tenacidad hay que dejarla estar, hay que ser tenaz sin intentarlo. Esta es una de las cosas que Pániker, contradictorio él mismo, no ha dejado de predicar: que hay que conciliar los extremos, Oriente y Occidente, lo retro y lo progre, la tradición y la tecnología, el flirt y la gravedad, la piel y lo trascendente, Johann Sebastian Bach y la trompeta de Chet Baker. Lo cual quiere decir que solo son contrarios en la superficie, y que cada cual ha de configurarse su propio menú, su dietario vital que le ayude a seguir tirando, acaso hasta los noventa. Si quiere, porque tampoco la vida es un valor absoluto, y el derecho a dimitir de ella es consustancial al derecho a ejercerla, pues tal posibilidad, tal elección dignifica —humaniza— al individuo: es el núcleo irreductible de su autonomía.

Aparte de unos  volúmenes de entrevistas impagables

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Woody Allen
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Eduardo Roldán | 03-12-2015 | 14:58 |0

Cumple ochenta y ahí sigue, con la tenacidad descreída de quien sabe que no tiene otro sitio a donde ir. Además de la película en curso, prepara una serie para internet y no deja que la sordera le prive de soplar cada día el clarinete, ni los achaques ocasionales de hacer ejercicio, ni de disfrutar del baloncesto en la TV. No menos revelador que la mil veces referida capacidad de trabajo de Allen es el rigor con que respeta sus aficiones: y es que trabajo y aficiones se alimentan y sostienen mutuamente, al punto de que la frontera entre ambos, si se saben concertar, se termina diluyendo. Ese es el estadio que hay que alcanzar.

No hay por tanto en Allen una compulsión creadora agónica, angustiosa, sino que la creación es el ejercicio de vivir: Allen vive creando, y si no fuera filmando películas sería escribiendo cuentos o chistes en revistas —donde por otro lado sigue—. El arte, el trabajo, el ocio digno de ese nombre tienen la cualidad de que nos olvidemos de la muerte mientras estamos inmersos en ellos —no solo como agentes/creadores sino como receptores, pues la recepción exige también una actividad, un poner algo—, y así escribir y rodar es el medio

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Viejos
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Eduardo Roldán | 14-12-2012 | 17:12 |0

La suerte ha querido que la muerte les llegase la misma semana a la mujer más vieja del mundo ―o acreditadamente más vieja―, Besse Cooper, a los 116 años; al arquitecto Óscar Niemeyer (a los 104), y al pianista Dave Brubeck (un día antes de cumplir los 92). Sabemos ―más o menos― lo que hicieron Brubeck y Niemeyer, pero no lo que la venerable miss Cooper, y seguro que alguna cosa hizo, pues nadie puede llegar a esas edades astronómicas lastrado de hastío. Cerrado el ciclo de los hijos y de la profesión, ¿cómo paso sus últimos días ―sus últimos 50 años? Si apenas ha trascendido es porque no interesa, como si el mero hecho de llegar a los 116 fuera un logro que se justificase a sí mismo. < ha sido la reacción casi unánime al comentar la noticia. Se atiende a la cantidad por la cantidad, al año por el año sin consideraciones de sustancia. Quizá miss Cooper no alcanzó las alturas creativas de Niemeyer o Brubeck, pero seguro que no perdió nunca la curiosidad. Una excelente dotación genética y mucha fuerza de voluntad no bastan para llegar a centenario. Como al espíritu no lo incentives, el cuerpo se agota. Ante la obsesión actual por prolongar la

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Stop suicidios
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Eduardo Roldán | 06-12-2012 | 11:25 |0

Solíamos pensar que el suicidio era un asunto de nórdicos ociosos porque la falta de sol los condenaba a quedarse encerrados entre las cuatro paredes y el techo de sus casas. Ahora nos damos cuenta de que por lo menos los nórdicos tienen o tenían casas en las que suicidarse, y que el no tenerla, el verse privado de pronto de ella, es causa más acuciante y expeditiva que la ociosidad. ¿Nos damos cuenta? El aterrador crecimiento exponencial de los suicios derivados de deshaucios ha sido hasta el momento tratado casi siempre ―abrumado quizá por las mil y una historias de dolor y sufrimiento diarias de los que todavía siguen vivos― más como un daño colateral, casi anecdótico, de la crisis, que como lo que realmente es: el síntoma de una enfermedad social que, debido a su presencia continua, amenaza con asumirse de manera rutinaria, como otro dato negro de los muchos datos negros con que nos topamos cada día. La rutina supone la ruina siempre, y entonces no habría vuelta atrás.

Tampoco ayuda el tratamiento informativo oscurantista que se le concede aún al suicidio. Si la muerte se muestra hoy sin pudor alguno ―en alta definición y a la hora del postre―, el

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Telerrealidad
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Eduardo Roldán | 27-09-2012 | 15:11 |0

Novias que explican los motivos por los que eligieron sus vestidos blancos. Esposas que relatan los insomnios a los que el estentóreo volumen de los ronquidos de sus respectivos las abocan. Jóvenes que se sientan en un sofá a mascar la nada hora tras hora tras hora tras hora. Adolescentes reprochando a sus madres las intolerables afrentas que les infligen, como tener que recoger su cuarto una vez por semana o no dejar que el novio se quede a dormir los findes. Obsesos y sus obsesiones: la forma de las heces perrunas en el parque, el color naranja, la actriz Tilda Swinton, el porno en Internet; cómo las persiguen, cómo no pueden evitar perserguirlas: si no lo hicieran, morirían. Una rueda que no para de girar porque no hay quien deje de mirarla, la vida y sus miserias en 625 líneas, sus miserias pero nunca su misterio, nunca eso que la hace apreciable, preciosa. Ahora Perú ha marcado un nuevo hito: una mujer que no había cumplido los veinte ha sido asesinada después de confesar en un plató en vivo que se ganaba el sueldo como stripper; su familia no lo sabía, su pareja tampoco y, al parecer, no pudo soportarlo. El programa rompe sábado sí y sábado también el

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Poema de la semana
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Eduardo Roldán | 29-04-2012 | 12:19 |0

 

Domingo

 

No más que este pequeño esfuerzo por vivir,

por respirar igual como respiran

esas otras parejas más allá, dejadas

bajo los suaves pinos en pendiente,

 

y que parecen empañar el aire

tan quietas como el humo de la ciudad, al fondo,

entre tanto que pasan exhalándose

carretera hacia abajo los raudos autobuses.

 

Jaime Gil de Biedma

Las personas del verbo

Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores

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La tragedia de la soledad
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Eduardo Roldán | 31-03-2012 | 17:25 |0

<, escribió Scott Fitzgerald, setencia cuya verdad se revela más nítida cuanto más grande es la vida examinada, y que resume el conflicto dramático esencial que se narra en El Padrino, no otro que la tragedia personal de Michael Corleone: la tragedia de la soledad. Actualización shakespeareana, metáfora de América y su sueño, las múltiples lecturas que pueden hacerse de El Padrino —y que hay que hacerlas porque están ahí— quedan a la postre relegadas por la percepción de la historia en cuanto que drama familiar, tupida telaraña de relaciones fraternas y filiales que tiene en el personaje encarnado por Al Pacino su Estrella Polar indiscutible, aun antes de ocupar el trono del clan.

Tragedia de soledad que no carece de ironía, pues al comienzo de su arco vital —arco dramático del personaje—, Michael Corleone se halla solo en gran medida, satélite a punto de abandonar el universo cerrado y autónomo que constituye la familia; así, todo el sufrimiento, todo ese proceso de demolición que es su vida solo le vale para alcanzar un estado que ya poseía al comienzo. En efecto: Michael, el menor de los cuatro hermanos Corleone, es un brillante estudiante y un

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Fallas
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Eduardo Roldán | 22-03-2012 | 10:30 |0

Uno no se cansa nunca de mirar el fuego, como no se cansa nunca de mirar el mar. Fuego y mar no son —o no son solo— metáforas del tiempo sino encarnaciones de él, y porque el hombre está hecho de tiempo también, no se cansa de mirarlos; aun  más: no puede resistirse a mirarlos cuando por cualquier motivo entran en su campo de visión. Encarnaciones del tiempo, es decir presente continuo, vivo, presente siendo, tiempo siendo. Pero el fuego posee una suerte de motor interno sostenido, independiente, que unido a la fascinación del peligro latente que supone y que percibimos también de continuo, seamos o no conscientes de ello —el fuego, sabemos, tarde o temprano podría acabar con cualquier cosa—, lo hace incluso más atractivo que el mar, que es menos inmediato y más difícil de abarcar.

En Valencia, tierra de mar, rinden cada año tributo al fuego como elemento, como acto y como símbolo doble del tiempo y la justicia. Una mirada superficial o impaciente sin duda estimaría la celebración como un ejercicio absurdo, gratuito cuando no un poco masoquista. El trabajo de un año arruinado por un capricho estético, por un cuadro neroniano y fugitivo que se

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Sobre el autor Eduardo Roldán
Columnas, reseñas, apuntes a vuelamáquina... El autor cree en el derecho al silencio y al sueño profundo.