La guerra estalló hace unos días en el Cáucaso, por si no os habéis enterado en España. El Cáucaso está bastante lejos del báltico, pero aún así las noticias de la guerra se están siguiendo con mucho interés en Estonia. Georgia y Estonia son buenos aliados, y existe una mutua simpatía entre ambas naciones. El presidente georgiano tiene como uno de sus principales asesores a Mart Laar, ex primer ministro estonio y destacado personaje de la transición del comunismo a la democracia. Georgia quiere orientarse hacia Occidente, y para ello quiere seguir (¡y hace bien!) el ejemplo de las repúblicas bálticas. A cualquiera que visita Tallinn le cuesta creer que hace menos de 17 años esto era la URSS. Sobre todo si (como es mi caso) conoce de primera mano Ucrania o la propia Rusia, donde las cosas siguen funcionando a la vieja usanza.
Cuando la URSS de desmembró (allá por agosto de 1991) todas las repúblicas resultantes formaron una ‘comunidad de estados independientes’ liderada por Rusia. ¿Todas? Todas no. Las repúblicas bálticas se desentendieron por completo, en su camino hacia occidente. ¿Quién más decidió, voluntariamente, quedarse fuera? exacto: Georgia. Sin embargo, un sangriento golpe de estado, apoyado por militares pro-rusos, devolvió a los georgianos al redil y colocó al líder soviético Shevardnadze como presidente. Tras una guerra civil de 3 años, todo estaba bajo control, a pedir de boca de Moscú.
En medio de este polvorín, las regiones de Abjazia y Osetia del Sur aprovecharon para ‘independizarse’. Evidentemente, todo lo que fuese debilitar a los vecinos (en este caso Georgia) era bueno para la poderosa Rusia. 250.000 georgianos fueron exterminados en la limpieza étnica de Abjazia. En Osetia del Sur (mucho más pequeña y menos poblada) las cifras fueron más discretas. Una vez que la guerra acabó, Abjazia y Osetia eran independientes ‘de facto’.
Aplicando la técnica del ‘divide y vencerás’, Rusia empezó a conceder pasaportes rusos a los habitantes de estos territorios. La estrategia es perfecta: ahora Rusia puede excusarse diciendo que en esos territorios en realidad viven rusos, y hay que defenderlos. Rusia ha mantenido desde entonces ‘tropas de paz’ en los territorios, que siguen perteneciendo, en teoría, a Georgia, algo que acepta hasta la misma Rusia. ¿Qué hace Rusia ‘pacificando’ con su ejército en otro país soberano? Pues lo mismo que los yanquis en Afganistán o Iraq, por ejemplo. Ya sabéis, ‘llevar la democracia’ y todas esas cosas.
En 2003, el régimen corrupto de Shevardnadze fue derrocado por una revolución pacífica. Poco después, Saakashvili se convirtió en presidente y empezó a apostar de forma decidida por la occidentalización, levantando amarras respecto a Rusia y acercándose a Estados Unidos. Ahora parece que es pecado ser aliado de EE.UU. ¿qué es España, entonces? Podemos comparar qué tal vivían en la Guerra Fría los aliados de EE.UU. (Francia, Alemania occidental, Italia…) con los ‘aliados’ de la URSS (Rumanía, Bulgaria, etc.) No creo que sea delito que los georgianos prefieran ser un aliado de EE.UU. que un satélite de Rusia. Exactamente igual que las repúblicas bálticas. Y no hace falta decir que en las repúblicas bálticas es donde mejor se vive de toda la antigua URSS (y con diferencia).



Sucedió ayer en Tallinn: manifestación de apoyo a Georgia frente a la embajada rusa. ‘Häbi Venemaa’: ‘Rusia culpable’. Sin desperdicio la reacción del ‘joven demócrata’ ruso de la última foto. (Fotos del diario Eesti Päevaleht).
No creo que sea casualidad que Georgia esté encontrando apoyos precisamente entre todos los países que han sufrido los zarpazos del oso ruso: los bálticos, Ucrania, Polonia, etc. Me apena escuchar a mucha gente que no tiene ni pajolera idea de lo que es Rusia ni la antigua URSS despotricando contra Georgia. Ayer mismo hubo una manifestación de apoyo a Georgia frente a la embajada rusa en Tallinn, que fue reventada por alborotadores rusos posteriormente. Mañana hay convocada otra manifestación frente al parlamento estonio, símbolo de la resistencia pacífica frente al ejército soviético en 1991, a la que espero acudir.
¿Por qué los estonios están preocupados?
Porque saben que los siguientes pueden ser ellos. (Algunos diarios finlandeses han empezado ya a especular con esta posibilidad). Francamente, me cuesta imaginar las calles de Tallinn bombardeadas o invadidas por los rusos, pero cabe esperar cualquier cosa de gente como Putin y de un estado como Rusia, que aplasta a las más de 100 minorías nacionales de su territorio (aún está reciente el genocidio de Chechenia) e irónicamente actúa de ‘protector’ de las minorías en países extranjeros, cuando le conviene debilitarlos.
Los rusos han ensayado ya sus estrategias de agitación en Estonia. Sucedió por ejemplo en la crisis del soldado de Bronce el año pasado, donde el gobierno ruso promovió disturbios en la propia Estonia, acusando al gobierno estonio de pro-nazi y de humillar a los rusos. A partir de entonces, en algunas tiendas rusas se podían leer carteles que prohibían la entrada a ‘perros y estonios’ . Por supuesto no creo que a ningún estonio en su sano juicio se le ocurra emigrar de su país, con un paro menor al 5% y la mejor calidad de vida de toda la ex-URSS, a Rusia, así que de momento estos tenderos rusos pueden estar tranquilos, que no creo que haya muchos estonios que quieran entrar en sus tiendas.
En Estonia vive una importante minoría rusa (26%) y el gobierno ruso sabe como utilizarla para desestabilizar a un vecino de gran importancia estratégica, por su cercanía a Occidente. En Estonia existe una zona (el condado de Ida-Viru) de mayoría rusa (más del 80%). No es una zona cualquiera: es una zona estratégica, fronteriza con Rusia y donde se encuentran la mayoría de recursos energéticos e industriales de Estonia. Las autoridades estalinistas sabían muy bien qué zonas rusificaban en cada república. Como buen ejemplo tenemos Transnitria, otra potencial Osetia que se encuentra en Moldavia.
Acabo de recibir un correo de un buen amigo estonio. Dice (entre otras cosas) esto:
Today I had dinner with a friend and we were discussing about the future possibilities of life in Estonia. Quite soon we realised that the chances of living until the end of our lives as free men on free land are incredibly small compared for example to winning a jack pot on a lottery. As a matter of fact there are 4 – 5 jack pots given out here every year, but nobody has ever managed to live a whole life in a free country. The oldest ones attempting this are turning 17 this year, but it seems that their changes are getting lower day by day… I must admit that this is a very freaky feeling to acknowledge such things to yourself. The worst part of it is the feeling of powerlessness towards changing anything about it.
Traduzco: ‘hoy cené con un amigo y estábamos discutiendo las futuras posibilidades de vida en Estonia. Pronto nos dimos cuenta de que las probabilidades de vivir hasta el final de nuestras vidas como hombres libres en un país libre eran increíblemente pequeñas comparadas con, por ejemplo, ganar el bote de la lotería. No en vano, aquí el bote toca 4 ó 5 veces al año, pero nadie ha conseguido nunca vivir su vida completa en un país libre. Los más viejos que pueden presumir de ello cumplirán los 17 este año, pero parece que sus probablidades están disminuyendo cada vez más… tengo que admitir que me asusta admitir este tipo de cosas. Lo peor es el sentimiento de no tener ningún poder para cambiarlo.’
Así están las cosas por aquí… son muchas las cicatrices de los zarpazos del oso ruso, y los sentimientos están a flor de piel. Conocer la situación me obliga moralmente a defender a Georgia, y eso es lo que hago. Todas las opiniones son respetables: esta es la mía.
Postdata: no tengo nada en contra de los rusos, del pueblo ruso (donde hay gente maravillosa e hijos de puta integrales, exactamente igual que en todo el mundo), pero sí en contra del estado ruso, y de su historia imperialista y genocida. Lo peor de todo es que las víctimas finales son los propios rusos, que viven de palo y zanahoria. Mientras su gobierno les señala cada día enemigos para desfogar sus iras, la mayoría de la gente sigue viviendo lejos de la prosperidad y los grandes oligarcas siguen comprando yates y equipos de fútbol.