Una vez pasamos la eliminatoria con Francia oí en la radio que los periódicos italianos (tiene narices que venga desde la cuna del catenaccio…) tachaban a nuestra selección de realizar un fútbol aburrido. He de decir que el partido ante Francia no fue un partido dinámico ni mucho menos, de hecho resultó tan plácido para España que careció incluso de la emoción propia de unos cuartos de final de Eurocopa. Efectivamente ese es el juego que le gusta a Del Bosque para España, control, control y más control. El resto -esas pequeñas minucias como los regates y los goles- ya lo ponen los chavales. ¿Aburrimiento? Yo lo llamaría pasar a siguiente ronda de una fase final sobrados.
Llegamos al partido de ayer. Portugal ya no es el equipo al que le costó sangre, sudor y lágrimas clasificarse para la Eurocopa 2012. Llegan con mucha moral e incluso buen juego y lo que es más peligroso, con Cristiano Ronaldo en buena forma y marcando goles. España vuelve a plantear el partido a lo que ella quiere que es ser el amo y señor del balón y Portugal en este caso plantea una presión en todo el campo que incomoda y mucho a los internacionales españoles. Se pierden más balones de lo normal pero exceptuando alguna contra, España tiene la impresión de dominar. Varias llegadas en la primera parte pero con una sensación de igualdad que en el público intranquiliza. Eso sí, estoy convencido que Del Bosque estaba pensando que sus planes iban bien encaminados, el contrario se estaba matando a correr.
Según transcurría la segunda parte España iba siendo más España, bendito aburrimiento. Todo el control era español y los portugueses corrían detrás de la pelota. Los cambios volvieron a funcionar a Del Bosque y Cesc, Navas y sobre todo Pedrito habían revolucionado el partido añadiéndole una marcha más a la pelota, un puntito más de velocidad que empezaba a volver locos a los vecinos ibéricos. Pero el gol no llegó y las ganas de ganar hicieron que en un corner sacado en el minuto 92 todo el equipo se olvidara del mensaje y se fuera para arriba. Mala ejecución del lanzamiento de esquina y contraataque portugués que pudo acabar en gol de CR7. El susto llegó antes de lo mejorcito de la noche: la prórroga.
Los jugadores españoles no querían llegar a la tanda de penaltis y nos ofrecieron en los 30 minutos de tiempo adicional un festival de fútbol. Ya no había aburrimiento, Iniesta había tomado el mando esta vez por el centro, de media punta y ahí es donde el de Fuentealbilla disfruta de verdad. Alba, incansable en los primeros 90 minutos se puso las pilas al ver que delante tenía a un Pedrito que es una bendición para cualquiera con el que se asocie y fue un puñal en lo que restó de partido. Fuimos un vendaval que por desgracia no se tradujo en goles en la meta portuguesa.
Y llegamos a la tanda de penaltis… ¿Maldita o bendita? En unos minutos se vería. Comenzamos con uno de nuestros seguros de vida fallando su penalty, un inconmensurable Xabi Alonso no estuvo acertado. Lo peor se cernía sobre nuestras cabezas pero en un minuto Iker, siempre Iker nos salvó y empató la tanda. Después hubo una sucesión de aciertos en los lanzamientos hasta que le tocó el turno a Sergio Ramos. El corazón de todos los españoles en un puño y eso que lo había avisado. Personalmente no me di cuenta que había tirado el penalty al estilo Panenka hasta la repetición, tal era el estado de nervios en el que me encontraba -seguro que no era el único- pero lo había metido que era lo importante y la moral española subió muchos enteros. Justo lo contrario que le pasó a la portuguesa. Bruno Alves colocó el balón en el punto de penalty y le pegó igual que había pateado las piernas de los jugadores españoles durante todo el partido: demasiado fuerte. Balón al larguero.
Faltaban Cesc y Cristiano por tirar. Si el español marcaba España estaba en la final. Y al igual que en la ya mítica tanda de penaltis contra Italia, Cesc no falló, no nos falló a todos los que teníamos el corazón en sus manos (mejor dicho en sus pies) y con un poco de suspense pues el balón dio en el poste, pasamos a la gran final. No voy a hacer sangre de Cristiano, para eso ya están los periódicos de su país poniéndole verde por cobarde de no tirar el primero de los lanzamientos desde los 11 metros.
Le guste a quien le guste, España juega a controlar el partido, a dormirle, a tocar mientras el contrario se cansa corriendo detrás de la pelota. Al más puro estilo Muhammad Ali, bailamos alrededor de nuestro contrario para luego asestarle el golpe de gracia, sin que nos toquen, sin que nos creen peligro. ¿Fútbol aburrido? No se equivoquen, fútbol dominante el que hace al que ya podemos considerar el mejor equipo de la historia.
¿Gracias Sara? No, gracias España por lo que nos estáis haciendo disfrutar! Ahora toca culminarlo el domingo.

