A mí, la jubilación no me da miedo, y cuando llegue pienso tomármela como una oportunidad para no volver a ver a algunos idiotas y dedicar el tiempo sobrante a fisgar en las obras públicas, a visitar exposiciones y a ir a esas conferencias que no se las come ni Magú, salvo que Magú también esté jubilado. Es más, ni siquiera me da palo que el día que me jubile me regalen una placa (aunque ahora, que no tengo empresa, no sé quién lo hará), o me den algún premio, aunque lo tengo crudo porque soy periodista de cuchara, de esos que a falta de formación son clasificados en el apartado de autodidactas. En todo caso, ruego encarecidamente que si me dan un premio que sea en metálico y se dejen de reconocimientos genéricos, que no está el horno para bollos.
Es más, ni siquiera me aterra que por culpa de la edad me tenga que levantar tres veces a mear cada noche. Lo que me da miedo, tirando a pánico, es que los años me conviertan en un palizas de tres de pares de huevos que va contando a todo Dios lo que fue y ya no es, lo que pudo haber sido y no fue. Y lo cuento en un momento muy especial: son las 18 horas del viernes y vengo de comer con un señor que me ha citado para contarme que es cuñado de Fraga, vecino de Suárez, compañero de carrera de García Lorca, que compartió colegio mayor con Licinio de la Fuente
No quiero contar historias sino retirarme con dignidad; odio tener que decir que en mis tiempos las cosas eran así o asá, o contar aquella vez que comí en casa de un obispo que se puso morado a langosta. Como yo. Prefiero levantarme tres veces a mear que convertirme en un lastre para amigos y vecinos. Señor, líbrales a ellos de este sufrimiento y córtame la lengua antes de que consiga aburrir a las putas ovejas, que no tienen culpa de que yo haya sido un señor que una vez salvé la democracia a tiros, aquél día en el que Adolfo y yo íbamos juntos, metralleta en mano, y llegó Alfonso (Guerra) y me ordenó defender el flanco sur, mientras Gutiérrez Mellado se liaba a tiros con los del Este y mi cuñado montaba una trinchera ayudado por Pablo Iglesias, y etcétera, etcétera, etcétera. Si alguna vez caigo en eso, sugiéranme un buen médico, una cuerda para ahorcarme o indíquenme dónde hay obras en las que pueda fisgar…

