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	<title>PASEN Y LEANCARIDAD Y JUSTICIA | PASEN Y LEAN - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>CARIDAD Y JUSTICIA</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Mar 2012 09:07:17 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Este invierno publiqué un comentario criticando mi insensibilidad con un mendigo al que me encontraba siempre en la misma esquina, diciendo buenos días y con la mano extendida a la espera de unas monedas. Tuvo que llegar el crudo enero para que decidiera soltar algo de guita y confesar públicamente que lo haría siempre que me cruzara con él. Dado que algún lector me preguntó si era cierto que pensaba hacer tal cosa, aprovecho la columna del domingo, que es más larga, para insistir en mis razonamientos y revelar que hago lo posible para que la gente que pide por donde paso pueda tomarse un café antes de volver a su perra esquina. Como no me considero en absoluto un tacañón de esos que no se dan la vuelta en la cama para no gastar las sábanas, mi reticencia viene de mi formación social, de la que no reniego pero que creo que hay que ir modificando según avanzan los tiempos.</p>
<p>Sin que al recordar mi infancia pueda decir que fui un pobre de solemnidad, confieso que estuve mucho más cerca del mendigo que ha removido mi conciencia que del burgués que soy ahora. Durante aquellos años, pasé frío, tuve sabañones, vestí con ropa heredada y remendada, me dieron legumbre en Cáritas y acudí a comer media docena de veces a Auxilio Social. O sea, sin llegar a pobre tipo rata, las pasé bastante putas, y cuando en mi casa superamos aquella situación me volví un gilipollas que huía de la mugre ajena y confiaba al Estado la salvación de los pobres. Vamos, que cambié la caridad (que nunca llegué a ejercer) por la Justicia Social, lo cual tampoco es despreciable. Así, durante el último medio siglo, rara vez he dado limosna a quien pedía en la calle, por muy patética que me pareciera su situación. Daba lo mismo que al lado del pedigüeño hubiera dos o tres críos llenos de mocos helados, o que le faltara una pierna, las dos o el bazo. Rara vez me rasqué el bolso, convencido de que pagamos suficientes impuestos para que las instituciones ofrezcan albergue temporal y comida caliente, ni mejor ni peor que la que va tantas veces a la basura de millones de hogares.</p>
<p>Pero viendo ahora lo poco protector que está resultando el Estado, he cambiado el chip y, aunque sigo exigiendo Justicia, empiezo a comprender que los que piden en la calle son los menos culpables de su situación. Y que nadie me venga con cuentos chinos sobre la ‘mafia’ que hay detrás de los menesterosos, porque la mafia que yo conozco, por la literatura y por las informaciones que se publican en las páginas de Economía de los periódicos, no riñe por una esquina, no pide arrodillada ni espera reunir tres euros para comprarse de comer. O de beber, qué más da. Como sigo creyendo en la Justicia, a esos que se hacen multimillonarios firmando hipotecas o hablando por teléfono con el parqué de la Bolsa, les ponía yo a pedir en una esquina en invierno. Y ligeritos de ropa, que las reservas de grasa acumulada aguantan bien la heladura.</p>
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