Observando la cara de perplejidad que se le ha puesto al señor presidente del Gobierno mientras escucho las memeces que dice para justificar los hachazos que nos está metiendo a todos menos a los defraudadores, pienso que no nos merecemos unos gobernantes como los que nos han tocado en suerte. Escuchando las razones del señor Rajoy para subir el IVA, eliminar pagas extras y reducir prestaciones por desempleo, concluyo que nuestros dirigentes, además de mentirosos y taimados, no tienen agallas para contarnos toda la verdad. Quizá sea mi afición a enredar con asuntos relacionados con la comunicación lo que me hace suponer que lo más agradecido en tiempos duros es que salgan de sus huras y, tras plantear el escenario real que nos espera, pidan sacrificios, que para eso estamos, coño, para dar la vida por ellos y por la patria. Faltaría más. Viendo cómo balbucea y le tiembla el morrillo a nuestro amado dirigente, se me ocurren algunas fórmulas para salir airoso de un trance como éste. La más sencilla de todas es aparecer en la tele a la hora de mayor audiencia y decir: ‘Señores y señores: llegué al gobierno con un programa que no puedo llevar a cabo, prometiendo no subir el IVA ni recortar derechos. Ante la imposibilidad de cumplir lo escrito, voy a cambiarlo todo de arriba abajo haciendo lo siguiente (y aquí se desgranan las medidas), para lograr (y aquí se cuentan los beneficios esperados), que tardarán equis años o siglos en dar sus frutos. Buenas noches y buena suerte’.
Me da rabia que algunas de las medidas que ha ido tomando el Gobierno estaban cantadas de antemano, a pesar de lo cual siguieron negándolas hasta el último momento, en un ejercicio de cinismo que me recuerda mucho, salvando el abismo, la cerrazón del señor Aznar con la autoría de los atentados del 11-M o la de Felipe González con la corrupción rampante o el GAL. Rememorando cómo abandonaron el Gobierno y la Historia los dos últimos citados, me sumo al refrán que dice que nadie escarmienta en cabeza ajena, lo que no le libra, añado yo, de salir por la puerta de los pavos. Lo malo de este asunto no es que pase lo que está pasando, sino que lo sepamos todos antes de que suceda sin que el máximo dirigente haya tenido el valor de contárnoslo.
Pero como no soy rencoroso, además de pagar lo que me exijan, hoy termino regalando al presidente dos frases. Una, de José Luis Sampedro, que en respuesta a la pregunta sobre lo que más le sorprende de esta crisis dijo: “la desvergüenza de nuestra clase política y económica”. La otra es de Josep Ramoneda, que opina que “la verdadera responsabilidad del gobernante en tiempos de crisis es hablar a los ciudadanos como personas […] porque la cobardía no genera credibilidad”.
(Y un ruego a los diputados peperos que estaban el miércoles en el Congreso: no hace falta que lloren tras escuchar los recortes como hizo la ministra italiana Fornero, pero, hombre, no aplaudan).

