img
#28 Nicaragua me reconcilió con el viaje
img
Gustavo Prieto | 24-03-2017 | 01:31

Isla de Ometepe, Nicaragua

En las fronteras de Centroamérica se lo montan bien. No te piden dinero directamente ni te insinúan nada porque eres “gringo” y, por lo tanto, te sale dinero por las orejas. No. Tan sólo te exigen “oficialmente” el dinero. Les pagas e incluso te dan un ticket. Todo está dentro de lo establecido… hasta que miras el ticket. Entonces te das cuenta de que, si has pagado ocho, está escrito siete o, peor aún, te pasa como en Nicaragua, donde hay que pagar once y en el papel pone uno. No hay mordida, no hay tragedia, no hay escándalos… ¿para qué? Hagámoslo oficial y sin dramas. Te robo un poco que para eso eres un turista con euros. Como me dijo un taxista: “un aporte turístico…”

“A Rivas por cinco dólares”, me dijo otro en la frontera nicaragüense. “Prefiero el bus”, contesté. “No hay”, me mintió. Más adelante lo encontré. Era un ‘school bus’, los vehículos que usan los escolares en Estados Unidos y que luego venden de segunda mano a Centroamérica. Me senté junto a una mujer y le pregunté por el precio del bus. “Veinte” (60 céntimos de euro). Al poco rato subieron tres alemanes y el revisor vino a pedirnos dos dólares por el boleto. Yo me negué, a pesar de que me insistió, y se fue. Llegamos a Rivas y, de nuevo, los taxis me pedían más del doble. Por suerte, un tipo que había venido conmigo en el mismo autobús me dijo que le acompañara y buscó un taxi para los dos. Llegué al puerto de San Jorge para montar en un barco hacia la isla de Ometepe. Mientras esperaba, me encontré con Shila y Luca, los dos italianos con los que crucé las islas de San Blas en Panamá. Llegaron junto a una pareja de gallegos con los que pasamos los siguientes días.

La isla está situada en el lago Nicaragua, el más grande del país. Es turística, entre otras cosas, por los dos volcanes: el Maderas y el Concepción, pero no está masificado. También hay playas y pequeñas villas donde encuentras proyectos ecológicos. Vamos, que lo tiene todo. Como me dijo Nacho, un madrileño afincado allí, “es un buen sitio para descansar”. Y tanto que lo fue. Está situado en mitad de Centroamérica y es ideal para los que estamos en un largo viaje por el continente americano. El bote que nos llevó a la isla estaba en las últimas, navegaba torcido y en cada oleaje la montaña de maletas que estaban en la superficie se balanceaban de un lado a otro. Una vez instalados, el primer paseo fue para ver el atardecer en la punta Jesús María. Una pequeña playa que se ha hecho conocida y, por eso, cobran un dólar por pasar, pero he de reconocer que ver caer el sol a un lado y el inmenso volcán Concepción al otro impresiona. Al día siguiente, nos fuimos al otro lado de la isla, que tiene forma de ocho, y nos alojamos en un hostal “eco-dólar”. Sí, de estos modernos que plantan sus lechugas y reciclan, pero cobran como si estuvieran en el centro de Berlín. Sí, esos que tienen a un montón de voluntarios que ni siquiera necesitan hablar el idioma del país. Unos durmieron en habitación privada, otros en hamacas y yo monté mi tienda en una parcela bastante alejada del resto de amigos. Fuera de este eco-bio-hostal conocimos a Nacho, que tiene un restaurante donde comimos un pedazo de bocadillo de tortilla española que nos llenó de satisfacción. Nos trató tan bien que fue nuestro punto de encuentro y donde pasábamos largas sobremesas charlando. Sobre todo, tras subir el volcán Maderas, que terminamos todos con agujetas. Casi ocho horas de recorrido en una ruta donde había abundantes piedras y barro. El día fue entretenido y el cráter, ya convertido en laguna, es espectacular. La cima es una extensa manta de bosque verde. Casi una semana en la isla de Ometepe que pareció un mes.

 

Granada, Nicaragua

A pesar de que no nos queríamos ir, llegó el día de despedirnos de los gallegos, y yo seguí con Lucas y Shila a Granada, una ciudad colonial bañada por el mismo lago de la isla de Ometepe, aunque cuando llegas y das una vuelta por sus calles nadie diría que es una ciudad, porque solo hay casas bajas. Ni un edificio alto. Esto es habitual en el resto del país, como más tarde pude comprobar. La ciudad es muy pequeña, pero lo más interesante está fuera. Entre Masaia y Granada están el volcán Masaia y la laguna de Apoyo. El volcán atrae a los turistas porque se puede visitar por la noche para ver el reflejo de la lava, pero como nosotros éramos pobres nos fuimos de día a ver el enorme humo que expulsa. Nada bueno para la salud porque es azufre y de hecho te recomiendan que estés solo quince minutos. Entre el volcán, el lago y el mercado artesanal de Masai tuvimos un curso intensivo de buses escolares y discusiones con los cobradores. Así, para entretenernos.

Como va siendo tónica en mi viaje, las capitales de Centroamérica no me interesan y si puedo las evito; y así nos paramos en Managua solo para cambiar de furgoneta e ir a León, otra ciudad colonial al otro lado de Nicaragua, pero más pequeña que Granada y más barata. Hay más volcanes alrededor (por un módico precio en tour) y cerca había un pueblo con playa (cero interés), así que pasé el día internacional de la mujer paseando por el centro y descubrí con satisfacción cómo enfrente de la histórica catedral un grupo de mujeres, incluidas muchas extranjeras (lo sé porque todas eran rubias) reclamaban no sólo el derecho de igualdad, si no que denunciaban la impunidad del gobierno. Algunas de ellas relataron algunos sucesos que ponían los pelos de punta.

 

León, Nicaragua

Nos desplazamos al norte, dejando atrás la carretera Panamericana para llegar a una aldea cercana a Somoto, donde teníamos interés en visitar el cañón que atraviesa el río Coco. El tour lo hicimos con Marco Antonio, un lugareño de avanzada edad al que le gustaba más la cerveza que los dólares, porque sin insistir mucho nos rebajó el precio. No esperaba mucho, pero reconozco que me lo pasé como un niño, ya que el recorrido en su mayoría es nadando por el río, y disfruté de las vistas del cañón desde dentro. No hay otra manera de verlo si no es mojándose. En algunas zonas, los más valientes pudieron saltar desde alturas que daban vértigo. Efectivamente, con esto corroboro que yo no lo hice e igualmente disfruté muchísimo. Después del tour descubrimos el ‘saque’ de Marco Antonio bebiendo cebada… Quizás porque no hay mucho más que hacer en aquella aldea.

 

Cañón de Somoto, Nicaragua

Sin lugar a dudas Nicaragua fue una grata sorpresa y me reavivó las ganas de viajar tras pasar por los anteriores países de Centroamérica. Nicaragua es barato, la gente es muy simpática y tienen buen café. ¿Qué más se puede pedir? Quizás  unos autobuses cómodos para personas adultas y no para niños, por favor…

 

_________________________________

 

Os recuerdo que podéis ver más fotos en mi cuenta de Instagram o en mi canal de Facebook.

Sobre el autor Gustavo Prieto
Me apasiona escribir y viajar. No sé si en ese orden, pero es un buen cóctel que me motiva hoy en día. Estuve en Madrid un tiempo queriendo ser guionista de cine y lo que realmente me enganchó fueron los viajes. Escribí mucho y también hice mis pinitos en el mundo cinematográfico, pero como las ideas surgen de lo que uno vive, me fui a Manchester. Fue una gran experiencia que me curtió para emprender el viaje de mi vida. Ocho meses de mochilero de Europa a Asia. Solo hay una cosa que me motive, un nuevo reto y la próxima aventura es Sudamérica y la ruta Panamericana.

Últimos Comentarios

29-07-2016 | 06:47 en:
#01 Ruta Panamericana