img
Categoría: Uruguay
#14 Uruguay. El país mas caro.

Calle de los suspiros

Llegué a Colonia con empacho de alfajores, mareado por los botes del catamaran y con sueño. La ciudad, patrimonio de la humanidad, me recibía con el cielo gris. Caminé hacia el hostal entre casas de ladrillos y calles llenas de árboles donde apenas pasaban coches, de hecho, se apreciaban los cánticos de los pájaros. Me sentí reconfortado ante aquella situación tan bucólica. Aquella paz se prolongó durante los dos días que estuve en esa tranquila ciudad.

Todo ese paisaje y ambiente de desasosiego, donde la gente paseaba en vez de correr a buscar el metro, se desmoronó al comprobar que los precios eran desorbitados. ¿Pero qué pasa aquí, Uruguay es la Suiza de Latinoamérica? Pues no, la inflación de nuevo se cruzaba en mi camino. “Tienes que darle la vuelta”, me dijo Cristian. “Uruguay es complicado”, una expresión que repitió varias veces para resumir la situación de su país. Muchas vueltas tenía que dar yo en el supermercado para encontrar algo que llenara el estómago con mi presupuesto.

Colonia de Sacramento, como su nombre indica, fue colonia española y portuguesa, así que supongo que debajo del cartel de ciudad patrimonio de la humanidad se habrán dado candela años atrás españoles, portugueses e ingleses, que también aparecen por ahí. El paseo es corto, hay unos restos de un palacio, un faro y la calle de los suspiros (hasta el nombre es bucólico) Tras cruzar este pequeño barrio, llegué a la costa donde los lugareños van a  pescar. Enfrente, estaban varias islas bajo un manto de nubes grises que esperaron a descargar hasta el día siguiente, aunque tuve suerte porque fue por la tarde. La mañana la aproveché para recorrer la costa hasta el otro lado de la ciudad. Cuatro kilómetros de paseo por una extraña playa llena de diques que la  separaban en varias partes. La larga carretera que iba paralela al camino era poco transitada, solo de vez en cuando pasaban turistas conduciendo vehículos que se usan en los campos de golf (algo que han puesto de moda los hoteles más caros de allí). Al otro lado de la ciudad está una plaza de toros de principios del siglo XX, cerrada y apuntalada para conservar las gradas. Junto a este edificio encontré el Museo del ferrocarril, también cerrado, así que poco más podía hacer en una zona urbanizada. Me perdí un poco entre las casas, me ladraron algunos perros y volví paseando como un dominguero por la costa. ¡Qué tranquilidad! Si hasta se paraban los coches para que yo cruzara la carretera.

Qué pena de inflación. Uruguay tiene sanidad y educación pública, incluso la Universidad, pero con un sueldo medio de quinientos euros no les llega para un alquiler medio de ese mismo precio, así que solo les queda la imaginación como las viviendas de cooperativa donde viven mis amigos.

Estación de tren, Montevideo, Uruguay.

A Gustavo y Mariela los conocí mi primer día en Montevideo. Me invitaron a comer cuando mi amiga Nuria nos puso en contacto antes de cruzar el río de la Plata. “Os caeréis bien”, nos dijo por Facebook, y así fue. Cómo no me iban a caer bien si me recibieron como si nos conociéramos de toda la vida. Su apartamento, que es un museo gracias a que mi tocayo es artista, está en el centro y forma parte de una cooperativa. El gobierno les cedió las viviendas deshabitadas y ellos las reformaron. Ahora pagan una cuota más fácil de abonar. “Ese edificio fue un hotel de principios de siglo XX”, me dijo Mariela indicándome enfrente “Perteneció a un catalán. Lleva años cayéndose a cachos”. Una pena, pero no es el único. El centro de la capital uruguaya tiene más edificios como ese, quizás no tan antiguos, pero en las mismas condiciones. “Desde que pusieron cámaras, ha mejorado la seguridad. Antes era intransitable por la noche”. Después de comer, paseamos entre esos y otros edificios deshabitados. “Allí venden droga”, me indicó Gustavo. No fue el único sitio que vi, ya que en la parte vieja de la ciudad, hay varios lugares donde, casi siempre chavales, compraban droga. Esa parte vieja que fue donde nació Montevideo, apenas mantiene en pie la histórica puerta de la ciudadela. Me despedí de esta entrañable pareja, tras un café (a 3€ cada uno) en la cafetería Brasilero, un conocido lugar por Mario Benedetti y Eduardo Galeano.

Al otro lado de la ciudad, me acogió Cristian y su familia. Bebiendo mate pasamos las tardes intercambiando aspectos de la vida en su país. Cristian tiene un negocio que le funciona bien y vive holgadamente, pero tiene que trabajar duro. “Necesitas más de un trabajo para llegar a fin de mes. Un uruguayo sabe varios oficios… construcción, fontanería, etc… Tienes que darle la vuelta para vivir aquí”. Al día siguiente la tormenta que me venía persiguiendo se convirtió en un vendaval que calificaron de alerta máxima. Cuando sucede, el río de la Plata, que más que plata es marrón, se alborota chocando e inundando la carretera de la costa y los bomberos trabajan sin cesar porque el viento parte los árboles en dos. La mujer de Cristian estudia en la Universidad, pero ante estas situaciones les permiten quedarse en casa. Como yo no tenía mucho tiempo, salí a ver el caos, que por suerte tampoco fue para tanto. Comprobé que no solo en el barrio viejo tenían edificios abandonados, cerca del puerto hay una enorme estación de tren del siglo XIX. Una estación, me explicó Cristian, que llegó desde tierras inglesas y la dejaron allí. Pobre destino el de esta hermosa edificación. No hay dinero. Hay mucha inflación. “Un coche de segunda mano cuesta ocho mil dólares” me decía Cristian mientras íbamos hacia la parada de autobús. Bajo el sobaco llevaba el termo y en la mano derecha el mate. Nos despedimos con un fuerte abrazo. “Quizás nos veamos en España”, me dijo.

Montevideo, Uruguay.

Montevideo tiene a la mayoría de la población del país, por lo que me quedé con ganas de haber conocido el interior deshabitado, quizás con más tiempo, sin embargo mi ruta me llevaba de nuevo a Buenos Aires para seguir por el norte hasta Rosario donde me esperaba otro Cristian, un viejo amigo italiano con el que conviví en Manchester, que estaba a punto de ser papá.

____________

Música para éste artículo: La vela puerca – El huracán.

Os recuerdo que podéis ver más fotos en mi cuenta de Instagram o en mi canal de Facebook.

Ver Post >
Sobre el autor Gustavo Prieto
Me apasiona escribir y viajar. No sé si en ese orden, pero es un buen cóctel que me motiva hoy en día. Estuve en Madrid un tiempo queriendo ser guionista de cine y lo que realmente me enganchó fueron los viajes. Escribí mucho y también hice mis pinitos en el mundo cinematográfico, pero como las ideas surgen de lo que uno vive, me fui a Manchester. Fue una gran experiencia que me curtió para emprender el viaje de mi vida. Ocho meses de mochilero de Europa a Asia. Solo hay una cosa que me motive, un nuevo reto y la próxima aventura es Sudamérica y la ruta Panamericana.

Últimos Comentarios

29-07-2016 | 06:47 en:
#01 Ruta Panamericana