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Fecha: octubre, 2012
¡Nos vemos en los cines!
Jorge Praga 28-10-2012 | 8:55 | 0

Joaquín Vidal, el maestro de la crítica taurina al que no dejo de añorar, solía acabar su tanda de críticas sobre la feria de San Isidro asustado ante el gran vacío que se avecinaba: qué voy a hacer en las tardes venideras, dónde llevo mi almohadilla que me protegía de los fríos del cemento. Qué grande fuiste, Joaquín. Ahora nos toca a nosotros el abismo del final dela Seminci. Llega el recuento de premios y espectadores, pero la mirada hacia adelante nos trae la grisura del lunes, del martes, los días de difuntos. Madre de déu.

¿Y por qué no seguir yendo al cine? ¿Por qué no romper el círculo estrecho y artificial de esta semana? Si la analizamos con la a veces inútil razón, la estructura del festival es un puro disparate. Cientos de películas agrupadas en unos días que no permiten su visión más que en un porcentaje ridículo. Proyecciones en versión original que el público siempre rechaza. Directores desconocidos, filmografías de países recónditos, invitados a los que no da tiempo a admirar, horarios endiablados…, y sin embargo, funciona. Muchos espectadores acumulan en esta semana más proyecciones que en todo el resto del año, las conversaciones vuelan de acera a acera sobre la húngara de la noche anterior, las taquillas ya no te devuelven la cara aburrida y solitaria de la taquillera. Mi hija universitaria me cuenta de amigos que jamás pisan un cine pero que estos días han entrado en la moda del festival y abrasan Twiter con juicios y recomendaciones (y no habrá sido ajeno a ello el acierto de llevar a Alberto Iglesias y a Enrique Urbizu al corazón de la Universidad, al entrañable Aula Mergelina, con especial agradecimiento a la Cátedrade Cinematografía encabezada por su director Javier Castán).

Gustavo Martín Garzo publicaba en el número de arranque de Seminci un artículo, ‘Un plato de sopa’, sobre ese triste desierto que rodea el oasis espectral de esta semana. El cine languidece, concluía, a pesar de la potencia infinita de la red digital que nada abona, pues los jóvenes carecen de cualquier conexión con las grandes obras y los directores seminales. ¿Cómo atraer a los jóvenes, que son todo el futuro, a este arte tan necesario como un plato de sopa? ¿Con qué cebo, disparatado o no, se conseguiría la ósmosis dela Seminci hacia las demás semanas?

En fin, demasiadas nubes por delante de este final de días apretados y distintos. Nos vemos en los bares, dijeron los Celtas Cortos. Nos vemos en los cines. Vigilaré desde este blog.

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Picoteo
Jorge Praga 27-10-2012 | 8:48 | 0

Un primero, un segundo y un postre. Es lo que siempre exige para comer un amigo muy clásico con el que estos días revueltos no puedo quedar en las deshoras del festival. No aceptaría esa caña para hacer colchón, un vino, los pinchos, otro bar, la tapa en cazuela caliente, otro vino, y al final no saber lo que has comido, tampoco, ay, lo que has bebido, aunque el alivio de la cartera cante lo que has pagado.

Picoteo. Los hay que se reservan para las películas a concurso y no salen del Calderón, pero el resto andamos de aquí para allá con horarios forzados. El picoteo no es solo de barras y pantallas, también de caras, de encuentros casi rituales. No creo ser muy original si refiero el caso de un viejo conocido con el que solo renuevo la amistad en estos días de cinefilia distinta.

Picoteo. Cómo no voy a probar esas películas de Bollywood. El azar me lleva hasta ‘That Girl in Yellow Boots’, y me atrapa desde el principio el atractivo de la protagonista, Kalki Koechlin. Luego me entero de que es la mujer del director, Anurag Kashyap, un tipo que manda en esa parcela del cine indio de cuyas especias nunca probadas solo me va quedando el nombre.

Y para especias y picantes los del cine mexicano, cuyo sabor afortunadamente no está reservado al festival. Ya había probado a Juan Carlos Rulfo, a González Iñárritu, a Guillermo del Toro, a Arturo Ripstein. No a Carlos Reygadas, cuya ‘Luz silenciosa’ apenas si se estrenó. Paladeo ese cruce extraño de Dreyer con Chihuahua perfumado por Jaime Rosales algo atragantado, pocas frases y en holandés. Con lo que se disfruta oyendo el mexicano, o el méxicoamericano, como cantaba un corrido de ‘El infierno’. Se disfruta incluso cuando no se entiende. ¿Me falla la memoria, o he visto hace unos años ‘La perdición de los hombres’ con subtítulos en español? Pero qué gracia tienen estos hijos de la gran chingada, estos pinches cabrones riéndose de los narcotraficantes, riéndose de la violencia  para no llorar tras ella.

Ay, picoteo de los documentales, de bocados sueltos, del cine español que se escapó… El domingo cierra el bar y cuando se vuelva a abrir no quedará nada de la oferta antigua.

 

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La piel de la crítica
Jorge Praga 26-10-2012 | 2:44 | 0

Me dice un veterano visitante del festival que le ha fallado la tertulia cinéfila y crítica del hotel. Que en años anteriores –ya todo empieza a relucir desde el pasado- no se cabía en la barra del bar, que entre enviados especiales, críticos, cineastas y mediopensionistas las conversaciones y las rondas caían sin que se enterase nadie más que el hígado y la cartera. Que qué tristeza.

Tal vez mi informador eligió sin suerte su jornada semincera, pero los malditos recortes que han llegado a todos los flancos también tenían que reducir ese de invitados encantados de serlo. El problema no es que desaparezca la diversión de unos cuantos, sino que con las mismas tijeras se corte también la estancia de especialistas que además de tomar ginebras en su tiempo libre enviaban crónicas, participaban en mesas oficiales y espontáneas, ensanchaban el eco y el espesor del festival. Sin ellos queda un tropel de días en el que las pantallas resbalan unas sobre otras, a falta de una piel experimentada que las compendie y relacione.

La crítica, los críticos. Si mi afición al cine prosperó mucho más allá del simple placer amical fue por la conmoción que me produjeron ciertos textos, por lo que me sorprendieron, por lo que me enseñaron de la lectura de películas. Siempre aludo a la que Miguel Marías sacó en la lejanísima revista ‘Nuestro Cine’ sobre ‘Siete mujeres’, de John Ford. Ahora la he vuelto a poner delante, siete páginas de belleza renovable. Tras él vinieron otros maestros a los que casi no te atrevías a encarar en el bar de ese hotel, César Santos Fontela, Jesús Fernández-Santos, gente de mucho porte y barra. Y mientras escribo estas líneas llega al festival otro nombre que con sus textos y diccionarios me ha acompañado toda mi vida como un lazarillo fiel, casi sin yo notarlo: Augusto M. Torres, nimbado por esa misteriosa M que hasta podría ser un homenaje a Fritz Lang y su vampiro de Dusseldorf. Ha batallado sin descanso en todos los oficios del cine, anduvo entre películas míticas y fue incluso productor de ‘Arrebato’, y ahora le toca ser juzgado por su documental sobre Juan Marsé. Que encuentre críticos que no queden muy lejos de él, es lo que le deseo.

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Las uvas de la ira
Jorge Praga 25-10-2012 | 6:09 | 0

El público había cambiado. Quedaba algún rastro de semanista ensimismado en la hoja de programación, pero por las escaleras del Roxy subía gente distinta, más vocinglera y campechana, de cuerpos robustos y vestimentas rotundas. Eran, y son, los trabajadores despedidos de SINTEL, protagonistas de la última obra de Adolfo Dufour, ‘Nosotros’.

Qué tipo Dufour, hurgando siempre a contracorriente en los sótanos de la sociedad. En ‘¡Vivala Escuela Moderna!’ volvía sobre la pedagogía libertaria de Francisco Ferrer i Guardia; hace tres años nos sobrecogió en ‘Septiembre del75’ con la investigación sobre uno de los fusilados del final del franquismo, Xosé Humberto Baena. Y ahora se abre a la larga lucha de los trabajadores de SINTEL, que pasaron de héroes con su acampada de varios meses enla Castellana a villanos condenados por los sindicatos, y finalmente restituidos en su honor, que no en su economía ni en sus heridas, por varias sentencias judiciales.

Es esta una historia necesaria: porque es emotiva, y verdadera, y humana, profundamente humana. Y actual, de hoy y de mañana. La empresa se desmanteló en el último mandato de Felipe González, cuando Telefónica estaba dirigida por su amigo Cándido Velázquez, y la remató José María Aznar con su amigo José Luis Villalonga. Planes de expansión, la empresa que se debe modernizar, prestidigitación financiera, ceguera política y judicial… y miles de trabajadores a la calle. Desconcierto, depresión, deudas, familias rotas, oscuridad, suicidios, ¿a quién le importa? Solo cuentan los números del capitalismo financiero. Dufour nos devuelve la voz de los olvidados, sus vidas, sus ojos hondos y tristes. Cómo hablan los ojos. Hay al final un encadenado de rostros que me recordó los de los soldados de ‘Senderos de gloria’, abatidos pero dignos. Y aunque es una historia de mucho dolor, se extrae de ella también un brote de energía para estos tiempos oscuros que hay que alumbrar con la solidaridad que ellos mantuvieron y mantienen.

“Están sucediendo cosas, y hay gente que está haciendo cosas”, remata la voz del narrador con palabras de John Steinbeck en ‘Las uvas de la ira’.

Nosotros

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Perfecto escaparate
Jorge Praga 24-10-2012 | 7:44 | 0

No debemos olvidarlo: una de las razones de más peso para la existencia de cualquier festival radica en la difusión del nombre de la ciudad. “¿Y qué tal la Seminci?”, te pregunta el compañero de estudios en cuanto se entera de que sigues en Valladolid, o el viajero del asiento contiguo (cuando en los trenes se hablaba, malditas pantallas). Una ciudad y una marca asociada que trae cine, cultura, hondura, sí, pero también, y sobre todo, publicidad y negocio. Fuerte inversión de dinero público en busca de otros dineros.

Este comienzo de aritmética mercantil elemental viene a cuento de la película ‘The Labèque way’, estrenada el pasado domingo ante un público un poco escaso. Yo creí que las excelsas artistas habían dejado más seguidores tras dos años de residencia en el Miguel Delibes, en que hicieron conciertos como el de aquella memorable versión del ‘Bolero’ de Ravel, con las dos pianistas y el conjunto de percusión vasco empleándose con tal pasión que mi admirada Katia Labèque pegó un brinco enorme cuando exhaló la última nota.

Pero volvamos a la aritmética financiera. Como recordó en la presentación el director Félix Cabez, el rodaje supuso un desplazamiento continuo por Europa, la Europade los grandes teatros musicales. Y tras cada salida, la vuelta al epicentro musical de las pianistas, la camioneta subiendo al Miguel Delibes (aunque para ello hubiese que trampear con la dirección única del Puente Colgante) que quedaba unido y ensalzado con su vía directa a Roma, a Alessandro Baricco, al Royal Albert Hall o a la admirada escucha de Simon Rattle. Tanto pensar en ferias de pinchos y en cúpulas milenarias, y ahí tenemos unas imágenes que allí donde se proyecten encumbran nuestra ciudad y colocan al Miguel Delibes al lado de otros templos de la música, con lo que también empezaríamos a rentabilizar un edificio tan caro y en parte desafortunado (pregunten a los profesores del Conservatorio). Espero que hayan tomado nota de ello nuestros preclaros departamentos de turismo y promoción, y ya estén pensando en estrategias de difusión de esta radiante embajada vallisoletana que es ‘The Labèque way’.

 

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