EL CAMINO PARA LAS BUENAS NACIONES artículo escrito por Javier Dóncel (seudónimo)
EL CAMINO PARA LAS BUENAS NACIONES
Wen-Tzu Los misterios del Tao, obra de Lao-Tse
Queridos amigos, yo sé, que muchos de vosotros os creéis en posesión de la verdad ideológica, de la verdad social, en la militancia activa por una sociedad mejor, más justa, más libre y tal y tal y tal… Pero la verdad es que la Verdad sois vosotros y la Verdad soy yo. Dicho así parece que estoy cometiendo una herejía… ¡Nada más lejos de la Verdad!
Todos tenemos sueños y conseguir esos sueños nos hacen ser ACTIVOS. Cada uno de nosotros inicia un CAMINO, TAO, pero puede ser que estemos en el CAMINO equivovcado. Quizá mi camino es más espinoso: yo porto el báculo que sujeta el Sol y la Serpiente de Zaratustra, la Cruz griega que obliga a la evolución personal, la Hoz y el Martillo que sirvieron para golpear a los Zares, la rosa socialista que luchó por la democracia, las cinco rosas engalanadas en utópica primavera, los dientes arrancados al dragón, los rayos de la luna que ayuda al amante y la niebla que protege al enamorado… Todos los símbolos anteriores son los icomos de creencias e ideologías que los hombres y mujeres adoran o repudían… ¿Dónde y en Qué nos estamos equivocando?
Decía el maestro LAO-TSE:
El Camino para las buenas Naciones consiste en que los gobernantes no den órdenes crueles, los funcionarios no tengan una burocracia complicada, las personas educadas no actúen con engaño, los artesanos no practiquen artesanías decadentes; los deberes se deleguen sin confusión, los instrumentos se completen pero no se adornen.
Las sociedades caóticas son de otra manera:
Quienes están interesados en el activismo se elevan entre sí a altos cargos, quienes se interesan en la etiqueta se honran entre sí con artificios. Los vehículos son extremamente decorativos, los instrumentos son extravagantemente embellecidos. Los materialistas luchan por lo que es difícil de obtener, considerándolo precioso. Los escritores persiguen la complejidad y la prolijidad, considerando esto importante. A causa de los sofismas, a los asuntos se les da una larga consideración sin que se tomen decisiones, sin que esto ayude así al orden, fomentando por el contrario la confusión. Los artesanos hacen curiosidades, empleando años para completar cosas que no son nunca inútiles.
Por ello, la ley del Genio de la Agricultura, decía que si los hombres que habían llegado a la edad de cultivar no cultivaban los campos, el mundo sufriría hambre, y si las mujeres que habían llegado a la edad de tejer no tejían, el mundo padecería de frío. Así pues, él araba el suelo por sí mismo y su esposa tejía por sí misma el vestido para sentar un ejemplo para el mundo. Su manera de dirigir al pueblo fue no valorar los bienes difíciles de obtener y no estimar las cosas inútiles.
De esta manera, si los que aran la tierra no lo hacen ellos mismos, no hay nada de que vivir, y si quienes tejen los vestidos no trabajan, no hay nada para vestir el cuerpo. El que haya abundancia o insuficiencia depende del individuo. Si hay mucha comida y ropa, no surge la falta de honradez; feliz y libre de preocupaciones, el mundo está en paz, de manera que la inteligencia no tiene nada que hacer con sus estrategias y los militaristas no tienen nada que hacer con su poder.
“Extracto del Wentzu: dicho de Laozi”
Quizá esta reflexión no sirva más que para entorpecer tu tiempo… puede ser; es verdad que los militaristas (militantes activos de sindicatos y partidos políticos) se encumbran a sí mismos como los defensores de mis derechos, las nuevas deidades, jefecillos y caudillitos, denominando a su ideología: el axioma perfecto. Pero ahora sobran ideologías, caudillos, revueltas, revoluciones y sobran las lamentaciones por los errores que han sido comunes a todos los estamentos de España. La realidad es que necesitamos labrar la tierra, tejer vestidos, construir, educar, guardar y reducir políticos y funcionarios por su complicada burocracia, escribir sin artificios y fomentar como buenos artesanos la razón de los utensilios y abaratar sus costes en el mercado… Valer para servir.