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Fecha: enero, 2017
La fauna revolucionaria
Jaime Rojas 30-01-2017 | 1:41 | 0

Hasta esta semana nunca había puesto los pies en Madrid Fusión, la reunión de alta gastronomía que da calor a enero desde hace tres lustros. Y después de perder mi virginidad respecto a este magno acontecimiento no sé si es bueno o malo, si he hecho bien o regular en lanzarme a contemplar un mundo del que entiendo entre poco y nada. Sin embargo, mi duda se disipa cuando me pregunto si le he sacado gusto a la experiencia, a lo que me contesto con un sí rotundo. De lo contrario, es evidente que no estaría escribiendo sobre el asunto.
Resuelto el dilema, me siento satisfecho de haber estado en el ajo, aunque la expresión no es muy acertada porque es un producto que no se estila en esta cosa tan fina de la fusión. Aquí se llevan otros productos como plancton o carne de llama por citar ejemplos corrientes. Pero que no se desespere el ajo y sus productores del muy segoviano pueblo de Vallelado porque así deshidratado, desestructurado, liofilizado, hidrogenado o con otros sencillos métodos de cocinar puede que el humilde ajo, al que siempre ha olido este país, alcance el estrellato.
Contento de estar allí y también por mi comportamiento, sin preguntas del tipo ‘y eso qué es’ y respuestas como ‘vaya tomadura de pelo’. No, de eso nada, me porté sin pecar de provinciano y con disimulo no se me notó la torre de la iglesia en la cabeza ante tanta y tan aparente modernidad. Nada me delataba al pasear entre la crema de la intelectualidad culinaria o entre sus proveedores más exclusivos. Nadie pudo deducir que era un intruso desarmado en una selva con una fauna revolucionaria.
Porque eso es lo que son estos tipos y tipas de chaquetillas y mandiles: unos hombres y mujeres en continua revolución, unos Pancho Villa de la cocina, que terminan una rebelión contra la tradición y empiezan otra, en un bucle de nunca acabar. Es la historia interminable de la innovación a la que se han entregado sin que los pobres parezcan ver la luz definitiva al final del túnel. Ser chef mediático es la esclavitud que tiene:que has de ser revolucionario te gusten o no los sombreros mexicanos.
Y después de quince años de continua búsqueda de la revolución perfecta en la cocina se agotan los calificativos y hasta lo de fusión ya resulta anticuado. Pero eso solo lo parece porque de nuevo encuentran la expresión adecuada para que todo esto acabe preso de la displicencia. El espectáculo debe continuar y esta vez hablan de cocina gamberra. Al menos el que está de moda, Dabiz Muñoz, –observen también la revolución en el nombre, que cuando uno es revolucionario lo es hasta en el DNI– define de esta manera lo que hace entre fogones. Un gamberrismo al que contribuye de forma decisiva los ingredientes que utiliza en sus platos, porque estarán de acuerdo conmigo en que no es lo mismo una guarnición con patatas y una salsa tradicional que otra con unas flores y un polvo de gamba deshidratada como el joven revoltoso cocinó durante el evento.
Además de los líderes de esta algarada permanente en el mismo recinto convivieron durante tres días la mayoría silenciosa, en este caso los municipios de Saborea España. Y entre ellos, Segovia, que se sumó a la revolución con una tapa original; eso sí, con cochinillo, que una cosa es participar de los tiempos y otra es echarse en brazos del primero que pasa y apartar lo de siempre a un lado. Gustó la propuesta, porque estaba muy lograda, aunque quizá la fauna variopinta hubiera preferido que al cochinillo lo sometieran a perrerías diversas y desestructurarlo. Pero todo se andará.

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Consenso contracorriente
Jaime Rojas 23-01-2017 | 12:22 | 0

Percibo en el aire –frío, claro– un aroma de consenso que me hace concebir esperanzas de que esto mejore. Dirán que dónde respiro ese aire al tiempo que se preguntarán si es cerca de un garito en el que se fuma algo que no se vende en los estancos. Pues no, miren, es aquí en la Segovia de siempre, en la muy pequeña y leal capital de provincia en la que nieva en invierno y calienta el sol en verano, para sorpresa de los telediarios. Al revés resultaría noticia, lo que descolocaría a los intrépidos informadores que igual la pasaban por alto.
Les digo que sí, que huelo un ambiente conciliador, aunque no me crean. Ni se acerca a la sacrosanta Transición, pero es un indicio de que algo va bien y que no todo es ruina. Y mi percepción es cierta a pesar de los malos augurios que desata el advenimiento de Trump o el inesperado ‘brexit’ de los británicos, que traducido es un mutis por el foro o un portazo en la cara. También pese a tipos poco amantes de la democracia, por decirlo sin exabrupto, y escasamente de fiar como Putin, Erdogan o Maduro, por no hablar de los casos clásicos de tiranos. Populistas todos, que dirían en las nunca bien ponderadas tertulias de televisión.
«¡No hay derecho!», decimos en España, aunque no sabemos con exactitud a qué. ¿Al triunfo en las urnas del magnate estadounidense del pelo imposible? ¿A que los rusos crean menos en la democracia aún que los comunistas de salón que hay en España? ¿O, como si fuera novedad, a que los ingleses miren a los demás con desprecio desde su isla? A lo que no hay derecho es a las obsesiones respecto a los demás que nos acompañan a los españolitos desde que perdimos la Armada Invencible, las colonias americanas y hasta el oro de Moscú.
Pero insisto y pese a esos prejuicios históricos que llevamos bien metidos en la cabeza y nuestro natural pesimismo, a mí, contracorriente, me parece que hay esperanza de consenso. Al menos en España y en su política, aunque de una forma muy suya: se llevan mejor entre los partidos que estos de manera interna. Los discursos integradores se dirigen a los adversarios y no a los compañeros de formación, en unas guerras civiles en las que desgraciadamente tenemos experiencia. El espectáculo está servido en los próximos meses en los que se juegan las habichuelas, en unos congresos que prometen sangre.
Pedradas pues a los amigos y cariño a los enemigos. Hasta ocurre en Segovia, lugar del que si recuerdan les contaba que –sorpresas te da la vida–  es noticiable que haga frío siberiano ahora en invierno y calor en verano con el maldito viento sahariano. Lo de los mamporros en los partidos se lo dejo a su imaginación, aunque algunos son notorios y evidentes. Pero existen tanto como los amores con los rivales, estos sin entrega total que una es decente y ha de dejarse algo para el matrimonio que dicen los pocos castizos que todavía quedan.
Porque consenso es lo que buscan Ayuntamiento y Diputación o lo que es lo mismo, PSOE y PP, para cohabitar en el Centro de Recepción de Visitantes que recibe a los turistas junto al Acueducto. Peleados desde hace tiempo, ahora quizá al olor de ese aroma de consenso entre partidos del que les hablaba, quieren viajar juntos en ese mundo del turismo que tantos días de gloria da a esta tierra. Pónganse de acuerdo como lo haríamos todos para ir a coger dinero, a atrapar algo de prosperidad. Si dan ese ejemplo, quizá les secunde tanto Trump que anda suelto y que seguro visita Segovia y al volver cuenta que aquí consensuamos, pero sin pasarnos, claro.

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Plata para todo el año
Jaime Rojas 16-01-2017 | 12:28 | 0

Comienza a cumplirse ya 25 años de casi todo. Y 50 ó 75 e incluso redondos centenarios. En Segovia y por lo que atañe a esta casa, el aniversario es de plata. Cinco lustros como cinco soles, con mala rima pero con buena prosa, esa que ha llenado cientos de páginas del querido papel de periódico. Hacemos 25 años  de la edición segoviana del decano de la prensa española y vamos a celebrarlo.
Pero en este naciente 2017 el antiguo Norte no estará solo en su fiesta. Como siempre le ha ocurrido. Otros se sumarán y otros también conmemorarán que ha pasado el mismo tiempo y ahí están, enraizados e ilusionados. Es el caso del Santana, el bar que nunca se cansa de proponer, y que es nuestro quinto. 25 castañas también le caen, con los hermanos que dejaron el pueblo para establecerse en esta pequeña ciudad de forma temporal y con la vista puesta en otros lugares de más oportunidades y habitantes. Así lo cuenta Kike, mientras se coloca su inseparable visera, para concluir que acertaron al quedarse en Segovia.
En igual tesitura de aniversario plateado está la agrupación musical Ensemble de Segovia, que dirige el cubano Flores Chaviano. O el Centro de Empleo Apadefim 2000, que se adelantó a su tiempo con el nombre y con la inclusión en el mercado laboral de personas con dispacidad. También se aprestan a cumplir idéntica edad, por ejemplo, la corporación Maestranza de Caballería. En la provincia, si se mira al noroeste en la histórica Coca verán que la marca embutidos Eresma celebra que salió al mercado hace dos decenios y medio.Pero si su vista es hacia el nordeste, la asociación Codinse, que tanto pelea con actividades de todo tipo en esa comarca muy castigada por la despoblación, cumple los mismos años.
Sin embargo, no solo acceden a esa maravillosa edad todos estos compañeros de viaje –seguro que la nómina es bastante más amplia–, sino que por supuesto también existen hitos que están de aniversario. El que estoy convencido que recuerdan y que ha marcado la vida en la ciudad es la prohibición de circular vehículos por debajo de los arcos del Acueducto. Sí, ya son 25 años desde que el Ayuntamiento entonces presidido por el alcalde Ramón Escobar aprobara una norma que preservaba el monumento, pero partía en dos el tráfico de la ciudad. Con el paso del tiempo, creo que hoy prácticamente nadie estaría en contra de la medida, aunque entonces levantó un entonado debate seguido de su polémica. Por una vez dejamos eso tan nuestro de esconder el problema y que parezca que no existe y lo afrontamos para resolverlo.
Fue un 21 de diciembre, y cosas del destino, ese día fue el primer número de este diario segoviano. Porque cuando se cierra una puerta se abre otra o así queremos creerlo cuando la vida nos voltea. Y no parece baladí que el aire fresco llegara por dos conductos: los arcos del monumento romano y las páginas de un periódico, en lo que es una coincidencia que siempre he pensado tiene su gracia y, quien sabe, si un fundamento que se nos escapa.
Habrá que celebrarlo, como les decía. Y lo haremos sin dar a elegir entre plomo y plata, frase que ha resucitado en boca de la recreación televisiva de Pablo Escobar, el narco más famoso de la historia de ese sucio negocio. Nosotros solo daremos plata para todos a lo largo del año con el objetivo de animarles a que sigan con nuestra amistad, pese a nuestras cosas. Disfrutemos de la plata, que cuando llegue el oro dentro de otros 25 años quizá seamos un león herbívoro, que decía el general Perón, y no estemos ya para muchas fiestas.

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Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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