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El cascabel del CAT
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Jaime Rojas | 24-04-2017 | 18:40

Hay una plaza en Cuéllar a la que llaman ‘del coño’. Los vecinos de la villa, que desde mañana será la capital turística de la comunidad gracias a Las Edades del Hombre, respondían con un qué coño es eso cada vez que hablaban de ella. Y al final se quedó con el nombre, que el pueblo soberano es sabio y suele tener mucha retranca. Me colocas una obra de dudoso gusto, pues mi respuesta es esa, decidieron los aguerridos cuellaranos.
Pero no están solos en las Españas nuestras que fueron no hace mucho tiempo de euros a mansalva para el ladrillazo, la piqueta y la horterada. Ejemplos, los que quieran, y nombres como el de la indescriptible plaza de Cuéllar, pues también. Existen plazas y edificios del coño y de la madre que los parió por toda la geografía patria. Y este cariñoso apodo no deriva solo de la impactante, por fea, terminación, sino que en muchos casos procede del destino incierto de esas construcciones que nadie se explica para qué sirven.
Un caso en Segovia –a la que casi todo llega con retraso, tanto lo bueno como lo menos bueno– es el edificio del CAT, que tampoco se libra del qué coño es eso. Su periplo comenzó al final de la década pasada cuando ya la burbuja había frenado el impulso de este tipo de ideas faraónicas y descabelladas. Pero aquí nos empeñamos en alargar la agonía de las modas y esa cosa continúa en ejecución y sin que se sepa para qué narices se va a utilizar.
El problema del edificio, además de los propios de su trayectoria que eludo enumerar, es que está muy a la vista. Todo viajero que llega a la ciudad en tren de alta velocidad se baja en la estación, observa con sorpresa las vacas del terreno colindante y cuando se encamina por carretera a la zona urbana se encuentra con la mole inacabada. A mí me han preguntado qué es mientras pasábamos por delante. Y a ustedes, seguro que también, porque es imposible no verlo y soltar un coño y recibir la explicación más o menos acertada de lo que es y a continuación lanzar otro coño al aire.
Y si el interlocutor sigue interesado en el asunto ponte en lo peor, porque ahí ya no tienes ni idea qué responder. ¿A qué se va a dedicar?, te dicen y tú sueltas un bueno, pues…  y balbuceas. Y a ver quién es el valiente que se atreve a dar una contestación;y así un no lo sé o no me consta, si quieres ser más fino, es lo mejor que se te ocurre.
Como uno se cansa de no poder satisfacer la curiosidad de quienes vienen de visita, un amigo, gran aficionado a los vinos y el champagne para más señas, me dio hace unos días la solución. Descartada la guasa de un buen negocio inconfesable, me dijo que allí iría bien una escuela de cocina, del perfil de la Basque Culinary Center, que es una facultad de gastronomía que está en San Sebastián.
Es una idea muy acorde con la imagen de la ciudad, tan ligada a las cosas del comer. Cambiaríamos el CAT por liebre, si me permiten el chiste malo no, nocivo, y ya tendríamos respuesta que dar a los que se topan con el edificio ese en medio de la nada. Gracias por tu desvelo, amigo, pero si lo propongo corro el peligro de que me contesten con otro chiste aún peor: ¿y quién coño pone el cascabel al CAT?

Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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