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El paseo de las pulgas
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Jaime Rojas | 15-05-2017 | 11:55

Mimi, Zaza y Lulú decidieron el otro día abandonar su circo en miniatura en la casa de Abraham Seneor para adentrarse en las calles adoquinadas de Segovia. Desde el barrio judío emprendieron un paseo para conocer el lugar al que vienen desde hace más de dos decenios y formar parte del mundo titiritero que cada año aterriza en mayo en la vieja ciudad. Y se sorprendieron al ver algunas cosas que el tiempo no cura, inamovibles, y otras, por fortuna, que progresan adecuadamente como los estudiantes que se ponen las pilas al llegar estos meses de exámenes.
Mimi es fuerte; Zaza ejecuta saltos mortales y la coqueta Lulú se proyecta al cielo desde un cañón. Son tres artistas ingeniosas y burlonas que, a pesar de cumplir años, se ilusionan cada vez que recalan en Segovia, donde repiten su espectáculo una y otra vez cada primavera de títeres. Este año quisieron añadir a sus habilidades la de exploradoras y con el circo por montera se lanzaron a escudriñar qué pasa en esta tierra, donde siempre algo se mueve aunque nunca de forma rotunda y rompedora.
El trío, con su ropa de trabajo, se aventuró en su secreta escapada para conocer a quienes luego pueden ser su público. Con el agua como compañera, dejaron la Judería para alcanzar la plaza del Corpus y acceder a la Calle Real. Allí les sorprendió un buen tropel de turistas del que tuvieron que refugiarse por su avance compacto en pos de uno que portaba una bandera y al que todos seguían. Hasta la robusta Mimi se asustó y pensó que de alguna manera habría que regular a estas tropas invasoras que, aunque sus dineros sirven de sustento a los nativos, con su número desorbitado y sus despistes incomodan.
Pasado el susto, caminaron calle abajo y comprobaron que bastantes vendedores siguen, como la pequeña Lulú, al pie del cañón. Gafas de oro; luces de ayer, hoy y siempre; zapatos y hasta joyas para presumir. Cochinillos que se ríen y libros en los que algún día grabarán los nombres de las tres juglares. Y muchas –una para cada artista– tiendas donde encontrar remedios para aliviar los golpes de las que arriesgan, como ellas. Todo en su sitio, aunque con modernos añadidos, de los que oyeron decir que llaman franquicias, un nombre que les suena a alguien del que hablaban sus abuelos con cautela. Largo paseo y al fondo unas piedras gigantes, superpuestas, a través de las cuales se divisan muchos de esos artilugios que denominan coches.
De nuevo asustadas, esta vez por esos armatostes, media vuelta y a desandar. Ahora es cuesta arriba y las tres amigas, sabedoras del esfuerzo y con el cielo amenazante, deciden subirse a un perro, de los que han escuchado que hay muchos estos días. Será que encuentran comida, piensan, y a lomos de uno de ellos llegan al lugar de partida. Sigilosas, se descalzan, y aprovechan que todos duermen para acomodarse en su circo: Mimi se tumba en su alfombra roja, Zaza en su lona y Lulú junto a su cañón. Y descansan plácidas al comprobar que su Segovia sigue igual por muchos títeres que pasen. Ellas gustan de lo tradicional y ¡ah! por si no se habían dado cuenta, que no creo, son pulgas.

Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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