img
Fecha: junio, 2017
Son las nuestras
Jaime Rojas 26-06-2017 | 12:20 | 0

canaleja

Hay mujeres que van al amor como van al trabajo, canta Sabina, tantas veces dado por finiquitado y que ha vuelto a sacar disco después de siete años. El resucitado, como un Pedro Sánchez de la canción, viene con carne fresca y voz aún si cabe más cascada para recuperar el fervor de quienes le consideran un jirón de su memoria y el odio de los otros, los que le reprochan que solo hable de prostitutas, de alcohol y de vicios en general. Y supongo que también hay hombres que aman como una obligación, porque toca y es lo correcto.
Hay mujeres y hombres que cumplen pues con lo establecido, algo que se hace palpable en Segovia al llegar las ferias, en las que ya estamos inmersos. Hay segovianos, segovianas, segovianitos y segovianitas que van a la fiesta como van al trabajo, con el ánimo de hacer algo que hay que hacer. Y sin que se lo cante Sabina que, por cierto, no entra en los cálculos de la programación festiva por el maldito parné. Aquí hemos de conformarnos con Bustamante, que es más barato y quizá levanta más pasiones entre la chavalada que el sexagenario avanzado de la voz en un hilo. Menos mal que tenemos a Rosendo, otro veterano, para darnos en el palo de la rebeldía y que no se nos olvide que hubo una vez en la que el rock y asimilados eran indiscutibles frente a la canción ligera, más bien liviana, de los productos televisivos.
Decía que hay segovianos y otras vueltas de género que son propensos a pasar las fiestas con escaso entusiasmo. Es indiscutible que son bastantes y su actitud es comprensible. Si miramos alrededor, las fiestas no son las más divertidas y no permiten comparación con otras en las que la participación se exterioriza más. Solo hemos de girar visita a cualquiera de los 208 municipios de la provincia para constatar que los vecinos en sus ciclos festivos derrochan excitación. Su pueblo y sus fiestas son las mejores y las de Segovia son eso: de ciudad.
Recuerdo que esta situación se daba en Valladolid. La participación era por inercia y sin grandes adhesiones. Entonces inventaron –bueno, copiaron– lo de que los bares sacaran sus barras a la calle y que hubiera peñas, con su pañuelito, sus litronas y sus cachis. Y allí todo hijo de vecino pucelano se sumó a la fiesta y dejó de ir al amor festivo como quien va al curre. Incluso cambiaron de patrón y del desapacible San Mateo del principio otoñal, el 21 de septiembre, se pasó a la Virgen de San Lorenzo, dos semanas antes, para asegurarse una meteorología más agradable. Y mano de santo, o de virgen, para ser más exacto.
Aquí el tiempo acompaña, pero lo de los bares y las peñas es una asignatura pendiente que desconozco si alguna vez se aprobará, aunque es difícil sin presentarse al examen. Lo que sí ha cristalizado es lo del pañuelo, que se ha incorporado este año en una iniciativa municipal. Es un paso, pero con freno, porque no es una pañoleta al uso festivo, sino que incluye un mensaje contra las agresiones machistas. Poco a poco, que no vayamos a dar un salto tan sabiniano y canalla que no nos reconozcamos ni a nosotros mismos ni a la ciudad. Ya saben, son las fiestas de Segovia, que son como son, pero son las nuestras.

Ver Post >
El revuelto mar de la tranquilidad
Jaime Rojas 19-06-2017 | 11:57 | 0

Navega Segovia por el mar de la tranquilidad. Y ese es un valor, probablemente el principal, para que usted y yo permanezcamos aquí, aproados en el Alcázar y con el Acueducto en popa. Siempre con viento de sosiego favorable y libre de huracanes, la ciudad se despereza con calma cada mañana entre olor a cocina y tilos. La vida de escaparate se exhibe por la Calle Real, pero se filtra por los barrios que son pequeños pueblos con puertos en los que tirar el ancla y sestear.
Pero a veces la tranquilidad tiene un coste, además del aburrimiento, que es peaje ineludible. Y ha sucedido esta semana, que transcurría por los mareas de siempre, con noticias cíclicas y que sirven de alimento para estas páginas y las del mundo virtual. Con las fiestas de la ciudad en capilla, las presentaciones de asuntos que ya hemos vivido se han sucedido: el concurso de tapas, con propuestas cada año más complejas y con tantos ingredientes algunas que repetirlos sería un buen ejercicio para un opositor. O la puesta de largo de la alcaldesa y sus damas, otro clásico festivo. El día del Alcázar, con el baile de los cadetes en sus jardines, o la entrega de premios de los empresarios forman parte también de esa calma chicha y de esas olas que una y otra vez cumplen con su misión de llegar a la orilla, sin que nada pueda impedirlo.
Como les decía, estos días el apacible mar se ha revuelto con la irrupción de un monstruo en nuestra vida. Existía, como dicen del que quizá habite en el frío Lago Ness, y estaba entre nosotros, agazapado en su guarida para coleccionar víctimas. E igual que hace ya un cuarto de siglo rompía la quietud de Valladolid, el asqueroso depredador ha machacado esa paz que tanto apreciamos en esta tierra.
Entonces recuerdo que la psicosis se apoderó de la capital vallisoletana y todos creíamos ver al asesino en cada esquina, persiguiendo con la mirada a las mujeres y dispuesto a abalanzarse sobre cualquiera de ellas. En Segovia, por fortuna para nosotros, no ha cometido sus nuevos ataques en los casi tres años que ha permanecido suelto por mor de unos derechos penitenciarios de dudoso respaldo social. Sin embargo, estaba aquí, en el joven, incipiente y multicolor barrio de Nueva Segovia, que es una puerta abierta al rejuvenecimiento de la vieja ciudad. Huraño y con la precaución de no poner el nombre en el buzón, vivía en un edificio con un vecindario plagado de miembros de cuerpos policiales, para más sorpresa.
Había elegido Segovia y ese barrio por ser un puerto abrigado de este mar de la tranquilidad. Es el precio, les contaba, que hemos de abonar por ese valor del sosiego que tanto protegemos. Ya lo había hecho un demente al escoger el Real Sitio para unirse a la locura del yihaidismo y que por suerte cayó hace unos meses. Ambos tienen en común haberse creído a salvo en una tierra de hospitalidad y en el que la agitación es solo, si me apuran, turística.
Asombrados al descubrir la presencia de monstruos entre nuestros vecinos, solo cabe esperar que no produzca un efecto llamada, si es que puede darse en el mundo de estos solitarios depredadores, que nunca debieron salir de su jaula, como animales irracionales que son.canalejadetorre2

Ver Post >
El sol de Juarrillos
Jaime Rojas 12-06-2017 | 10:38 | 0

Tecanaleja-de-torrengo en mis manos un suplemento de este diario de las ferias de Segovia de 1985. El culpable es César, el librero de la Potenda y antes de la Casa de Antonio Machado, quien me lo regaló hace unos días como prueba de buena vecindad. César y yo tenemos en común nuestra obsesiva atracción por el papel; él en forma de libros y en mi caso en el formato más modesto del periódico. Papel y papel y que se busque la vida el ordinario internet, que ya no estamos para cambiar de bando, sino que solo para acomodarnos a estos tiempos modernos, pero feos e insustanciales.

Más contento que un chaval con zapatos nuevos, tras doblar por la Casa de los Picos enfilé Calle Real abajo para ir a la redacción, no sin antes saludar a la familia del bar La Tropical, encastillada en esa ventana que tienen abierta al mundo. Ya sentado con mi pequeño tesoro en la mano, me dispongo a hojear sus 24 páginas con los bordes amarillentos por el paso de más de tres decenios. La portada, con un dibujo del gran Pepe Orcajo y las palabras Segovia y luz de Castilla, invita a ponerse en lo mejor.
Y así es. Allí dentro está Segovia entera con todos sus segovianos, en el que contábamos era el primer número especial de las fiestas que publicábamos. El saludo del alcalde –costumbre muy ochentera–, entonces el socialista Miguel Ángel Trapero, da paso a las fotografías de la alcaldesa y sus damas:Carmen, Teresa, Yolanda, Isabel y Raquel, nombres también muy propios de la época. Luego le siguen artículos del cronista de la ciudad, Mariano Grau, o de Fernando Ortiz, voz del Mester y precisamente hasta hace muy pocoorganizador de las ferias. El recordado Pepe Diviú también pone su granito de arena y habla de un gurriato que crece al ritmo festivo, mientras «el sol sale dando vueltas con giros bermellón sobre la ermita de Juarrillos», como manda la tradición en la Noche de San Juan.
Fotos de los grandes Heredero y Antonio, entre otros, ilustran el paseo nostálgico. Como los anuncios del Peugeot 205 –con el lema, contigo al fin del mundo– o del Renault 9 –un clásico de hoy, para siempre, aseguran–. O de Tapicerías Castaño –todo para su hogar, ¿les suena?– o el restaurante José María, que era un recién nacido. Empresas ya desaparecidas, entre las que no podía faltar Caja Segovia, que ocupa la contraportada, y otras con formas de hacer publicidad de entonces como la que crea expectación así: «todavía es un secreto: se aproxima un acontecimiento sin precedentes en Muebles Las Heras. No se lo diga a nadie… y menos a la vecina».
Y melancolía también en la música: Elliot Murphy, Ilegales, Peor Imposible y «para los ya semicarrozas» recomendamos Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute. Casi nada. Morralla, vamos, comparado con carteles recientes.
Es un gusto y disfruto releyéndolo. Pero el tiempo parece detenido al comprobar que los hosteleros hablan de un Pabellón de Congresos y Convenciones que nunca llega y que el Teatro Juan Bravo está en obras que «continúan a buen ritmo». Nada nuevo bajo el sol de Juarrillos, por mucho que gire.

Ver Post >
Cochinillo a lo loco
Jaime Rojas 05-06-2017 | 1:52 | 0

Con cochinillos y a lo loco podía ser un buen título para la próxima película de los inventores de la saga de los ocho apellidos. Triunfaría, al menos en las escasas y valientes salas segovianas. Porque argumento hay para mucho metraje con tantas y tan variadas propuestas turísticas y gastronómicas que jalonan la vida de la ciudad y de la provincia. Aquí todo lo relacionado con el asunto posee patente de corso para convertirse en un referente, calificativo que repiten hasta la saciedad organizadores, representantes institucionales y todo hijo de vecino que participe.
Cochinillos y algo más, claro, podría figurar en la sinopsis de la película, en la que se me ocurre pudiera figurar en los créditos algo así como interpretación coral, porque buscar un protagonista y su partenaire, como se decía en el tiempo en el que el cine era glamour en la pantalla y pipas en el patio de butacas, se antoja complicado. Vamos, que a ver quién es el guapo que le dice a un hostelero que a su colega del establecimiento de enfrente le han dado el papel principal y a él de secundario e, incluso, de triste extra al que pagan unos euros y un bocadillo. Me imagino el lío, con egos rotos y platos volando, para que después de trinchar el lechón se reinventen en arma arrojadiza.
Pues esa película ha logrado producirla, con más o menos incidencias, la voluntariosa asociación de camareros con su semana de turismo y gastronomía, a la que han apellidado con las palabras territorio y paisaje, que confiere un aire lírico entre tanta pitanza. Cosas de estos tiempos de innovación, en los que a veces también cabe la poesía. El largometraje ha sido un éxito de público y un dechado de bendito y ya conocido caos.
Les decía que el reparto era sin nombres, de muchos y variopintos personajes, pero perfectamente se podía incluir a dos, para que el espectador ponga cara a la producción. Y ambos se llaman Pablo –Martín y Gómez, o Bigotes y Pali para más señas– que bien pudieran estar en la línea de parejas históricas de la gran pantalla, en una mezlca entre el dúo Terence Hill y Bud Spencer y, si me apuran y por hacerlo más patrio, el que formaban Pajares y Esteso. Aventura y humor en una coctelera protagonizada por dos personas a las que adoro, como creo que le ocurre a la inmensa mayoría de los segovianos.
Con su cochinillo a lo loco, los Pablos darían un paso más en la promoción de esta tierra, en una carrera en la que llevan tantos años que ya no se concibe sin su presencia. Sin embargo, la película, un año más con final feliz, tiene en esta oportunidad un punto de amargura al saber que Pablo Martín, presidente de ese gremio tan nuestro que son los camareros, quiere poner el ‘the end’ a su trayectoria después de más de dos decenios. Él y su numeroso público ya hemos empezado a caer en un estado de melancolía al no concebir que no vaya a participar en más películas producidas en la meca del cochinillo. Su deseo es apagar las luces de la pantalla, aunque uno confía en que su inseparable compañero pueda convencerle. No están locos, sino que lo son, y por eso una nueva entrega es posible, porque el cine y los camareros son magia.canaleja-01-tanarro

Ver Post >
Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

Últimos Comentarios

ptorre10_2097 04-05-2017 | 08:40 en:
Una terrible injusticia
olaole2012_9913 17-04-2017 | 14:23 en:
La fiesta estudiantil
jaimerojas 14-12-2015 | 13:22 en:
Cari 24-11-2015 | 10:32 en:
El pañuelo de las mamás