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Como hace cuarenta años
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Jaime Rojas | 03-07-2017 | 10:43

Estamos igual que hace cuarenta años. Dicho así parece una buena noticia, de las que alegran el desayuno. Seguimos radiantes, sin arrugas en la cara y con el pelo enterito y sin blanquear. Pero esta felicidad no es tal porque hablo del padrón, esa lista que cada cierto tiempo conocemos como mengua en Segovia en una caída libre que no parece tener fin y, lo más preocupante, quien se lo ponga.
Hemos vuelto a los niveles de hace cuatro decenios, de 1977, ese año en el que el país se despertaba precisamente de cuarenta años, pero de dictadura. Fue el tiempo de las primeras elecciones generales de la joven democracia, en una época de televisión en blanco y negro y en la que nos desayunábamos con otro tipo de noticias, inquietantes y amargas unas e ilusionantes, otras, por la sucesión y el vértigo de los cambios. Tomábamos colacao y galletas, donde ahora vemos cereales y extraños kiwis, y nos enfundábamos pantalones de campana, mudados en este tiempo a pitillo. Y el censo, que quiere que les diga, nos importaba más bien poco. Boyante como estaba de jóvenes por el efecto del baby boom de los sesenta y principios de los setenta, a nadie se le ocurría pensar en qué algún día iba a convertirse en uno de los problemas más importantes, sino el que más, en esta tierra.
Entonces éramos 36 millones de españolitos –hoy diez y medio más– y crecíamos a un ritmo importante. Y en Segovia 155.231, ahora solo 29 más. Sí, 29, han leído de forma correcta. Un dato ridículo y que es el mismo número de chinos que nacen al minuto o indios cada 45 segundos. Imagínense que lo que nos ha costado cuarenta años, con sus 480 meses y 14.600 días más una decena de regalo por bisiestos, nuestros amigos orientales lo solventan en menos de lo que usted tarda en leer esto. Para multiplicarse son eficientes y nosotros perezosos, por emplear un término suave.
Con ser unos datos tremendos para el futuro de esta tierra que se desangra, duele aún más la sensación de soledad en este descenso al abismo del censo. Ya no nos acampaña casi nadie en la bajada al infierno de la despoblación, salvo algunas provincias de la región y otras de comunidades que se manejan como aquí, entre el envejecimiento y la migración a lugares con más y mejores oportunidades.
Soluciones simples y mágicas a un problema tan complejo es evidente que no existen. Sin embargo, sí hay respuestas o debería haberlas a cómo vivimos los pocos que vamos quedando por aquí, entre muchas piedras centenarias y escaso empleo que llevarse a los brazos. Porque caminamos para contribuir algún día a ese descenso endemoniado del padrón y por la senda no hallamos el remedio, ni tan siquiera atisbamos alguno que atenúe la tremenda sangría.
Estamos pues igual –unos más iguales que otros, claro– que hace cuatro decenios en el censo y mucho me temo que también en otras cosas. Que tanta tecnología y democracia no ha servido para que continuemos huyendo de aquí como alma que lleva el diablo, para volver ahora en verano sin síntoma alguno de arrepentimiento. Somos así, como hace cuarenta años.DOCU_NORTECASTILLA

Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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