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Las encuestas ciudadanas
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Jaime Rojas | 17-07-2017 | 10:07

13-06-14 Segovia. Ambiente durante el partido España - Holanda del Mundial Brasil 2014.

Es un recurso periodístico más viejo que la orilla del río. Las televisiones lo utilizan de forma machacona para resaltar que salen a la calle y que no todo son ruedas de prensa y labor de rata de redacción. Son las encuestas ciudadanas, esas en las que colocan un micrófono en la boca de un paisano o paisana y le preguntan por un asunto trivial pero del que todos hablamos. Las cuestiones meteorológicas son las más socorridas y en las que lucen respuestas como «¿hace calor?, pues es lo que toca ahora en verano» o «para este frío lo mejor es abrigarse o huy, huy, huy, no salir de casa».
Grandes documentos periodísticos que nos acompañan en los informativos casi todos los días. Sin embargo entre tanta obviedad, a veces encuentras cosas algo extraordinarias, contestaciones que redimen a los esforzados reporteros que abordan alcachofa en mano a los viandantes. Ocurrió hace unos días a propósito de una noticia en la que contaban que el poderoso whatsapp iba a cortar la aplicación a usuarios con un aparato de telefóno anticuado, tipo blackberry o no sé qué modelo de Sony. El argumento ofrecido era difuso, claro, pero el real, evidente: que no sean tan cutres se rasquen el bolsillo y se compren otro móvil de última o de penúltima generación.
El sondeo en la calle arrojó respuestas de libro, políticamente correctas, no vaya a ser que se enfade el gigante tecnológico o que el entrevistador ponga cara de grifo. Pero hubo uno, veinteañero, con gafitas y cara regordeta, el que dio una explicación coherente: «tendré que cambiar de móvil, porque sin whatsapp a ver cómo quedo con los amigos en el bar». Podía habérsele ocurrido otra cosa, del tipo de no puedo estar desconectado por si me llaman del trabajo, mi novia o mi primo que trabaja en un restaurante en Londres y, oiga, necesita oir hablar castellano entre plato y plato que friega. Pues no, con un par.
Eso es un español de orden, decente, término que utilizaba mi abuela y del que ahora se ha apropiado la ‘cursizquierda’ que soportamos. Eso es un parroquiano de los que acodan barra, a pesar de su edad, y que ha seguido el ejemplo de sus mayores. Merecería ir a cualquier bar de Segovia, que cada uno tiene el suyo y donde hay mucho entre lo que escoger. Como en Cándido, muy cerca de esta casa, en la que tarde sí y tarde también encuentras a Fernando, Don Pedro o Polo, todos guiados como anfitrión por Nacho.
A todos ellos se han unido últimamente Panchita y Currito, dos gurriatos así bautizados y que franquean la puerta y picotean lo que pueden del suelo. Se integran tanto que ya son de la familia de parroquianos que toman el viejo mesón a eso de media tarde. Todo sin whastapp, que el día que lo tengan–que igual lo establecen en sus derechos como pobres criaturas que son– invaden el lugar y hasta piden pincho con la bebida. Y yo estaré reconfortado al oir que la aplicación que controla nuestras vidas, también servirá para que los gorriones vengan a vernos al bar y todos disfrutemos en un mundo feliz. Solo una pega: en Cándido no hay televisión y no podremos gozar con las maravillosas encuestas ciudadanas. No se puede tener todo en la vida.

Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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