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Fecha: septiembre, 2017
Chupa chups independentistas
Jaime Rojas 25-09-2017 | 11:20 | 0

GRA005. BARCELONA, 21/09/2017.- Aspecto de uno de los coches de la Guardia Civil que realizaban un registro con motivo del 1-O en la sede de la consellería de Economía de la Generalitat. Los tres coches de la Guardia Civil que habían quedado a las puertas de la conselleria han quedado destrozados, con las ruedas pinchadas, cristales rotos, pintadas y abollados, e incluso han sido desvalijados porque les han quitado las armas que había dentro, según fuentes policiales cercanas al instituto armado, que han confirmado posteriormente que gracias a la mediación de un político les han sido devueltas. EFE/Quique García

Difícil es la vida del columnista de provincia. Me asomo a la Canaleja y no oteo algo que llevarme al teclado. Y como aconsejan en los pasos de cebra de la ciudad, paro, miro, aunque no me atrevo a cruzar, no vaya a ser que no interese lo que escriba. Solo unos besos de enamorados a mi lado, en el mirador más segoviano que da nombre a esta ya veterana sección, rompen mi estéril agobio.
La culpa no es de esta tierra, que da para mucho, sino de la situación de las Españas que se rompen. De los catalanes, vaya, para entendernos. Son responsables de que no se hable de otra cosa que de ellos y sus líos. Y me resisto a seguir la línea trazada y por eso busco un asunto. Pero no lo hallo, ni me hallo. No me va a quedar más remedio que entrar al trapo, con perdón por la expresión taurina por si acaso. En el fin de semana más tumultuoso en la vieja ciudad, con el festival literario Hay y la procesión de la patrona conviviendo como manda el civismo y el derecho a decidir entre lo moderno y lo tradicional, estoy bloqueado por los de la barretina, butifarra y tentetieso.
Pues me decido y allá voy. Sí que es pot, que dicen allí, o si se puede, que decimos aquí ya hasta la saciedad. Que el tema catalán está en las barras de los bares, en las tertulias de las mesas camilla de casa y en los grupos de whatsapp, es rigurosamente cierto, como lo es que la opinión abrumadora, casi unánime, aquí es contraria a las pretensiones de los independentistas. Nadie con prudencia osaría defender la otra postura entre los arcos del Acueducto, en el patio del Alcázar o a las puertas de las decenas de templos de la ciudad y provincia. Sería complicado de entender y el que lo hiciera arriesgaría más que un novillero entregado.
Con esto dirán ustedes que cuál es el debate en las conversaciones en las que se asoma de manera recurrente el asunto. Si estamos todos de acuerdo, por qué narices damos tantas vueltas y nos empeñamos en hablar de ello como si esperáramos que algún interlecutor nos rebatiera. Pues llegados a este punto en las tertulias derivamos a los detalles, a qué ocurrirá con el Barcelona de fútbol o si los vehículos de la marca Seat se encarecerán porque pasarán a ser de importación.
Los temas fluyen y en los móviles suenan con insistencia los mensajes en los grupos de cuñados, mamás del colegio o amigos que quedan a comer los últimos jueves de cada mes. Memes van y vienen y memos, también, que los hay, y muchos, en este mundillo virtual. Y entre guasas y vivas a España, hay algo que no tiene un pase: la llamada al boicot a productos que se fabrican en Cataluña. Nos piden que compremos otros de la misma clase pero que se elaboran fuera de allí y que dejemos de lado el chupa chups, invento que siempre nos han dicho que con la fregona y el futbolín han sido las grandes contribuciones patrias al consumismo mundial.
Por ahí yo no paso, que esas campañas me parecen injustas y que no alivian el problema, sino que lo agigantan. Quitarle el chupa chups al niño o el phoskito por independentistas es algo ruin y tan absurdo como que en Cuba no se pueda tomar cocacola por imperialista. Porque arrebatarle el caramelo de la boca a alguien es cosa muy seria.

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Por un Acueducto mejor
Jaime Rojas 18-09-2017 | 10:32 | 0

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Miren que hay cosas segovianas, expresiones o costumbres, pero ninguna es tan propia como lo de quedar en el Acueducto. Se puede oir un alto y claro ‘buenomajo’ o la explicación de ‘a la que voy’ o incluso llevar una rebequita bajo el brazo en los días de canícula «por si refresca», aunque probablemente nada tan típico como lo de citarnos a los pies del monumento romano ya sea para ir a pie o para que nos recojan en un vehículo.
Pues la costumbre de esperar a la sombra de los sillares o refugiados de la lluvia bajo los arcos para montarnos en un coche tiene los días contados. El Ayuntamiento avanza en su ánimo de apartar el tráfico lo máximo posible y dentro de los parámetros económicos que la caja común le permita. Y realiza pruebas para darle un cariñito más a la mole de piedra de la que vive esta ciudad. El horizonte parece antes de final de año aunque con las cosas de palacio siempre es complicado aventurar un plazo.
La idea, por si lo desconocen, consiste en ganar espacio peatonal en la plaza Oriental y suprimir la isleta pequeña en la que hay una farola, para facilitar el tráfico. Unos metros valiosos para poder observar el Acueducto con más perspectiva y menos peligro que ahora porque es fácil ver turistas orientales adentrándose en la calzada para tomar la enésima fotografía. Y no estamos para perder visitantes, claro.
Creo, que como hace un cuarto de siglo, con el histórico corte del tráfico que discurría entre los arcos del monumento, existe una unanimidad técnica –siempre habrá alguien que discrepe– entre la ciudadanía, que es flexible con casi todo menos con la conservación del Acueducto. Sensibles como somos a todo lo que le ocurra, su protección es un asunto capital al que nadie escapa. Es nuestro vecino más ilustre, con permiso del Alcázar y de la Dama de las Catedrales, y bien merece que seamos amable con él.
El proyecto es modesto y es ahí en lo que muchos no estamos de acuerdo. La falta de recursos para la obra indigna al más tranquilo y si es Patrimonio de la Humanidad deberían contribuir todos y no solo quienes habitamos la ciudad. Que para retratarse entre sus piedras hay queretratarse en los bolsillos. Queremos comer jamón ibérico al precio de mortadela y, en este caso, gratis.
Que fluyera el dinero por el canal del Acueducto sería lo correcto, eso que tanto le gusta hacer a todo el mundo pero de palabra. Hay que mojarse y no sé si con una tasa al turista o una proclamación de independencia segoviana, que igual de esa manera nos hacen caso. Con un euro de cada españolito en edad de merecer nos apañábamos, aunque me temo que como a la Lola la propuesta no servirá. Esta es una tierra olvidada, con el estigma de no tener un idioma que no sea el pobre castellano y de haber sido unos notorios imperialistas.
Pero soñar es gratis, como les decía que lo es ver el Acueducto. Y yo lo hago con una gran plaza ajardinada a los pies del monumento, donde los niños paseen con sus tablet, se sienten en un banco y de vez en cuando levanten la cabeza del artilugio y contemplen esa cosa de los locos romanos. Sueño con un Acueducto mejor, aunque me temo que en este país de cafres hay otras prioridades.

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Adictos a la indignación
Jaime Rojas 11-09-2017 | 11:52 | 0

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No me cabe duda alguna que este es un país de cursis, con gente con la piel más fina que una modelo de productos de belleza. Y lo curioso de esta tendencia que ya es realidad, es que la mayoría de ellos son los adictos a la indignación, aquellos que por la naturaleza de sus ideas revolucionarias se les supone algo más aguerridos y no tan blanditos como el día de la madre.
Y entre estos del mírame y no me toques hemos descubierto en estas tierras segovianas, hoscas y profundas, de las que algunos piensan que aún no se pone el sol, a un tal Mulet, senador para más señas de Compromís, partido o lo que sea que manda en todas las Valencias. Tan honorable irrupción en nuestras vidas anacrónicas y crueles con personas y animales se debe a que se ha interesado por uno de los pueblos, Fuenterrebollo, y, sobre todo, por el nombre de sus calles, por las que se ve que ha paseado él o alguno de sus camaradas con enorme escándalo al comprobar que algunos de sus nombres no se ajustan a la legalidad. Bien hecho, que aquí somos muy de cumplir las leyes, aunque parezcamos raros por ello.
Para que se sitúen, Mulet preguntó por carta al Ayuntamiento de Fuenterrebollo por la permanencia de nombres franquistas en algunas calles. Ante la respuesta detallada del cambio en algunas y la tramitación en otras, al ilustre senador le dio igual la respuesta. Famosillo por un día por insultar y romper una fotografía de Susana Díaz en la tribuna del Senado, ya tenía la contestación pensada, dijeran lo que le dijeran. Ya iba con su indignación por delante, como la bandera que tanto rédito le ha dado a él y a los suyos, maestros del ‘no hay derecho’. Las explicaciones, bastante correctas y creíbles, le traían al pairo y solo argumenta que el alcalde segoviano es un personaje desagradable y que destila odio. Habló bellas artes, que diría un castizo.
La indignación aún le comió más por dentro cuando el regidor en una ironía explicaba que la avenida José Antonio pasará a llamarse calle Real, aunque «preferiría probablemente otra denominación como avenida de los Paisos Catalans, que con tanto entusiasmo defiende su formación». Esto terminó por encender a su señoría que contestó que «de buenas formas y modales no esperamos nada de quien con su falta de respeto institucional se dirige así a un representante público». Y califica la carta de insolente e impertinente (sic). Vaya con su ilustrísima, qué sensibilidad. Ni una broma con la autoridad, eh, que lo empapelo. Que soy un senador del Reino de España –con perdón y por imperativo legal, claro– y usted es alcalde de un pueblucho.
Pero seguro que lo que terminó de hacerle entrar en ebullición fue la invitación «a que venga a mi pueblo para repasarlas una y a una (las calles) y sobre todo para que compruebe el pequeño espacio de convivencia que tratamos de crear». Confundido al principio ante la propuesta, se dio cuenta del ‘convite trampa’ cuando el alcalde le recuerda más adelante que «por cierto, sin cobrar ni yo ni ninguno de los concejales remuneración alguna».
Con eso de trabajar gratis por el pueblo la indignación ya se tornó insufrible. Cómo es posible, se preguntará Mulet, dedicado desde su tierna infancia a la política. Y se fue a por las pastillas para combatir su adicción.

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El héroe del autógrafo
Jaime Rojas 04-09-2017 | 6:44 | 0

 

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Conservo un autógrafo de Manolete, el mito del toreo de quien dicen que llevaba la muerte escrita en la cara. Llegó a mis manos hace ya muchos años a través de mi abuela, que lo tenía gracias a mi tío abuelo Fermín, médico de la plaza de toros de Córdoba en la época del diestro, la cruel posguerra. Se trata de una invitación de papel cartón para un homenaje al matador en su ciudad natal y que se celebró el 4 de diciembre de 1944. Junto a la fecha, una foto del torero y, en el centro, su firma, a la que acompañan las de Machaquito y Juan Mari Pérez Tabernero.
Una joya para los taurinos y un bonito recuerdo familiar para mí. Es el único autógrafo o autógrafos, en este caso, que poseo, porque nunca se me ha ocurrido pedir algo así, supongo que por apuro. Solo una vez estuve cerca y muy tentado de hacerlo en una rueda de prensa de Johan Cruyff, en mi tiempo deportivo en esta casa, pero pensé que obviamente era inoportuno. Tampoco me he hecho selfie alguno con un famoso, quizá también por mi torpeza al manejar el aparato de teléfono. El autógrafo decora una de las paredes de casa y comparte marco con fotografías familiares, entre ellas una de mi hija Carolina, ya veinteañera desde hace dos semanas, que come un helado con satisfacción, calculo que con apenas tres años.
Estos días he vuelto mi mirada al pequeño tesoro al cumplirse siete decenios de la muerte del rey de los toreros, del califa o monstruo como lo apodaban. Y he silbado la canción de Sabina, su purísima y oro, para imaginarme cómo debió ser la vida, tan corta, del héroe de una época en la que los españolitos necesitaban más que nunca –y mira que es difícil tener esta plusmarca– distraerse y olvidar una realidad terrible, como bien saben ustedes.
A Manolete lo mató un toro, sí, pero también la exigencia social de que fuera una suerte de libertador de los males que asolaban un país muerto de hambre y de miedo. Manolete, ese tipo serio y enjuto, tenía por contrato social arriesgar más y más hasta perder la vida. Era exigencia del guion de una época de la que casi nadie habla, como si el silencio ayudara a sanar las heridas.
Y me he imaginado también cómo trataríamos ahora a un personaje así. Desde luego diríamos que está loco, como hacemos con José Tomás, quizá el equivalente de ahora. Incluso los prohibicionistas de todo menos de lo suyo añadirían que no se le permitiera torear por exceso de riesgo. Mientras, sus admiradores le silbarían si diera un paso atrás para enseñar el pico de la muleta. Y él desolado, millonario pero triste, como le ocurre a Cristiano Ronaldo, otro similar pero de oficio distinto.
Vuelvo a mirar la foto del autógrafo en la que está brindando un toro, supongo que en la plaza de su Córdoba, y veo al héroe, pero no por dominar la tauromaquia, que es una habilidad como la de ser futbolista, sino por aliviar a tanta gente y regalar alegría. Y aquí no veo alguien equivalente. Por más que miro a mi alrededor, nada de nada. Solo veo bagatelas y fruslerías, insignificancias al lado de quien llegó hasta el final en su compromiso por hacer a los demás la vida más soportable.
Dicen que el héroe de mi autógrafo pretendía que esa fuese su última temporada, que iba a dimitir de tanta responsabilidad. Qué cosas, respecto a esto tampoco encuentro ahora un equivalente.

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Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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