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Fecha: noviembre, 2017
Mitos en diferido
Jaime Rojas 27-11-2017 | 2:11 | 0

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Uno posee sus mitos, sus fobias y sus filias y, por qué no, sus obsesiones. Actores, músicos, pintores, escritores, futbolistas o ahora los emergentes cocineros y bodegueros. Nadie escapa a esa condición humana de mitificar algo o a alguien, aunque no se lo merezca. Y yo, como usted, tengo los míos, héroes que me he labrado a mi manera en esta cabeza que no para de perder pelo. No sé si son los mejores, pero son los míos.
Hay mitómanos de manual o extravagantes; sinceros o de oídas y activos o simplemente gregarios de modas. Y hay quienes sienten su mito de verdad como algo suyo, lo que le pasaba a mi padre con la película ‘Casablanca’, que cumple 75 años de su estreno. Mucho tiempo, algo que facilita el aumento de la leyenda de una cinta que iba para obra menor y que se convirtió en la más amada de la historia, en palabras del director Billy Wilder. ¿Quién no ha visto Casablanca o al menos tiene referencias? Es difícil encontrar a alguien de cierta edad y formación que no sepa de su existencia.
La forma de fumar de Bogart, la cara dulce de Ingrid Bergman; el cinismo del capitán francés de policía; los entrañables camareros del café de Rick, la firmeza del líder de la resistencia o las duras facciones del oficial alemán forman parte de la memoria de quienes amamos Casablanca, por cierto una ciudad bastante insípida y sin la belleza de otras de Marruecos. Los salvoconductos, el cántico de ‘La Marsellesa’, las notas de ‘El tiempo pasará’ o la niebla en el aeropuerto no se despegan del recuerdo de quienes hemos visto mil y una vez la película. Y las frases, que repetimos y adaptamos, como el ‘siempre nos quedará París’, ‘esto es el comienzo de una gran amistad’, ‘tú ibas de azul y los alemanes de gris’ o la menos reiterada ‘por extrañas circunstancias los dos amamos a la misma mujer’, que mi padre alargaba porque sabía todos los diálogos por su oficio de empresario de salas de cine.
‘Casablanca’ nació en tiempos asesinos, lo que también ayuda a su mitificación. Como lo hizo hace cuarenta años otro de los iconos que anidan en mi memoria: ‘La chica de ayer’. Mientras hacía la mili en Valencia, Antonio Vega esbozó la canción de una generación, de una época también convulsa y que el paso del tiempo y la triste historia de su autor –a quien pude ver en el Juan Bravo en 2008, en uno de sus últimos conciertos– ha engrandecido. Uno se asoma a la ventana y parece ver a la chica que juega con las flores del jardín, mientras la cabeza te da vueltas en su persecución.
La película y la canción son leyenda, están en los altares de nuestro acervo colectivo, pero con un matiz: llegaron a instalarse en la cumbre años más tarde de su creación. Son mitos en diferido. Porque ni ‘Casablanca’ fue un éxito de taquilla, ni ‘La chica de ayer’ era la canción emblema de la movida, ni sonaba de forma generalizada. Fue después, como pasa con todo, cuando acomodamos el recuerdo y convertimos el sapo en un príncipe, al necesitar héroes. Y como el primer beso que suele ser sinónimo del mejor, quizá no nos gustó tanto. Pero son fantasías que no debemos romper, porque la profesión de ir desmontando mitos es tan triste como las caras de Humphrey y Antonio.

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El loco noviembre
Jaime Rojas 20-11-2017 | 1:02 | 0

 

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Es noviembre mes de los muertos, de castañas, setas, árboles desnudos y aburrimiento. El párrafo podía haberlo firmado cualquiera de nosotros en una de esas redacciones de colegio, de las que pedían en otoño con tema libre, pero sin pasarse. Con ánimo de no meternos en problemas todos recurríamos a los lugares comunes de la estación no fuera a ocurrirnos que el esfuerzo por entender las matemáticas o hincar los codos en historia no sirviera ante una metedura de pata en lo que escribíamos. Eran otros tiempos, aunque no tan diferentes a estos como pretendemos creernos. Quien hacía la pagaba y la libertad estaba vigilada, como un bien escaso. No tan lejano a ahora.
Noviembre sigue con sus muertos –Halloween incluido como novedad–. Y con las castañeras, que cada vez llegan más tarde supongo que por el cambio climático. De las setas casi no hay rastro e incluso cobran una tasa por ir a recogerlas y los árboles se quitan las hojas con pereza y en momento tardío, imagino que también por la inadecuada meteorología.
Pero lo que ya es un mito es el aburrimiento, la falta de actividad en un mes que evoca transición hacia las hiperactivas Navidades. Al menos en Segovia, donde se suceden ya de manera abigarrada iniciativas que engullen el calendario. Y terminado el festín de los muertos de los primeros días, los restaurantes se lanzan a las jornadas gastronómicas para paliar el eventual descenso de clientela. Caza, arroz, las setas desaparecidas o con productos de otras tierras para dar un toque cosmopolita y probar lo que se hace en otro sitio.
No contentos con quitarnos la modorra a base de fogones, otros nos lo sirven en copa. Vino y champagne para ser exactos. El Otoño Enológico, que comenzó con un sorbo, camina hacia el trago largo y duradero, con el personal dispuesto a aflojar el bolsillo y a pelearse por un hueco en las catas, maridadas claro, que cuando se bebe hay que comer, por las consecuencias. A estos ya veteranos de los últimos noviembres segovianos se unen otros locos, los del ‘champagne weekend’ –nombre entre francés e inglés para que lo disfrutemos los españolitos– y que organiza una empresa segoviana que también empezó hace tres años a sorbitos, pero espumosos. Además, como éramos pocos, el sector porcino también ha reunido en una entrega de premios a más de ochocientos tipos del sector, con ministra y todo, para llenar los hoteles.
Y si comidos, maridados y bebidos no conseguimos despegarnos del aburrimiento ancestral de noviembre hay más temerarios en escena: los de la Muces. La Muestra de Cine Europeo ya lleva una docena de veces entre nosotros y también comenzó tímida y con presupuesto aún más apocado. Hoy se ha soltado y aunque en lo de los dineros sigue siendo Cenicienta en comparación con sus hermanastras, no pierde la esperanza de encontrar al príncipe de los patrocinios.
Ese aburrido noviembre ya ven que no es tal, que su desgana se la sacude con una inflación de actividades que envidian otros meses. Y el resultado es una tierra multiactiva, entre gastronomía, caldos, cerdos y películas. Lo que es la Segovia plurinacional de este noviembre loco.

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Cuéllar descubierta
Jaime Rojas 14-11-2017 | 1:32 | 0

 

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Hoy es el día que la mayoría de los cuellaranos y vecinos de los pueblos de la comarca no querían que llegara. Pero ya esta aquí. Es la fecha de clausura de Las Edades del Hombre, esa exposición que por donde va triunfa y voltea la zona donde muestra el arte sacro del que presumimos sin rubor, por cantidad y calidad. A nadie se le escapa que esas obras son tan nuestras como la tierra que pisamos, que pertenecen a nuestro corazón. Y que la exposición la sentimos propia.
Cuéllar ingresa ya en esa nómina de ciudades, villas y pueblos ligadas para siempre a un ciclo de éxito. Cuéllar se incorpora a los lugares por los que ha pasado el ciclón Edades, con sus vientos huracanados de riqueza. La villa, cargada de historia, añade un hito más a su pasado de gloria y de importancia en la vieja Castilla. Tierra de descubridores –entre ellos mis antepasados Rojas– ahora ha sido descubierta por miles de personas que han podido comprobar que posee un extenso patrimonio que va más allá de sus afamados encierros taurinos, los más antiguos de España.
Lo contaba un amigo de la villa, al que unos turistas con quienes entabló conversación le definieron Cuéllar como «la gran desconocida», al tiempo que se sorprendían de lo cuidado que estaba el casco urbano. El acondicinamiento de las infraestructuras es quizá la racha más fuerte del ciclón Edades, por encima de la atracción de visitantes durante el periodo expositivo. Es fijar turismo, algo que reclamaba el alcalde del municipio cuando se iniciaba la tormenta perfecta que es la muestra. Lo pedía y ahora tiene la esperanza de que se cumpla su deseo y Cuéllar sea un destino marcado en rojo en los mapas de los cada vez más numerosos adeptos del turismo de interior.
Por ponerle un pero, las cifras han sido más modestas que en municipios similares, como Toro, precedente último de hace un año. En todo esto quizá algo ha influido una denuncia por supuesta financiación irregular y la información de que los datos de visitas estaban hinchados. Pero ni aún así. El público es fiel, una feligresía leal y que no parece cansarse de un producto turístico ya muchas veces repetido.
Y el cuellarano está contento en general, aunque hubiera firmado una prórroga hasta el puente de diciembre, como ha ocurrido en otras oportunidades. Dentro de la satisfacción mayoritaria por lo que ha generado y lo que supondrá en un futuro muy próximo, quienes se han peinado a favor del fuerte y enriquecedor viento de Las Edades han sido los hosteleros y, en menor escala, los comerciantes. Los restaurantes han triunfado y los comercios, gracias a la estructura de la exposición en tres sedes , han ido con el aire a favor porque el visitante se veía obligado a desplazarse a pie y pasar delante de los establecimientos.
Pero todo llega a su fin. Y Cuéllar ahora necesita convencer al viajero que es un destino atractivo. Belleza e historia le sobra y ahora se han sumado infraestructuras y una cuidada gastronomía. Y el turista está ahí y hay que atraparlo. Ojalá Cuéllar sepa aprovechar ese descubrimiento de muchos de una tierra que fue a descubrir hace cinco siglos y ahora se ha convertido en la descubridora descubierta.

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Nuestra fractura
Jaime Rojas 06-11-2017 | 12:34 | 0

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Cataluña lo monopoliza todo. En eso estamos de acuerdo. Tanta es la intensidad que del resto de los asuntos solo vemos la silueta y, además, en la lejanía. También convendrán conmigo en que respecto al monotema la preocupación principal de cualquier españolito sensato ya no es la locura actual, sino sus consecuencias. Que hubiera una consulta de la Señorita Pepis el 1 de octubre, una declaración de independencia de quita y pon o la situación judicial de los destituidos miembros del Gobierno autonómico, con la tocata y fuga de sainete de su presidente incluido, es baladí al lado de lo que ya está aquí y mucho me temo que va a crecer: la fractura social.
Los independentistas le darán a la cacerola con más fuerza y el resto de catalanes –la otra mitad, barretina arriba, barretina abajo– con el miedo perdido, pero con la precaución de que el vecino de estelada en el balcón no note sus ideas. Y la fractura que aumenta, que se extiende como una roncha sin que remedio alguno pueda sanarla. Enmendar el daño causado es tarea de titanes y no veo que contemos entre los ideólogos de la cosa pública con valientes quijotes que se enfrenten a esos molinos.
La fractura parece inevitable, como ocurre con otros asuntos en todos los territorios de las Españas. No tan avanzada como la catalana, pero sí con una creciente implantación, con ciudadanos de primera y de segunda, con viajeros en business y en turista, por el solo hecho de vivir en una parte o en otra. Sucede entre comunidades y entre provincias; y dentro de estas últimas, entre quienes viven pegados a las capitales o alejados de la urbe, en pueblos perdidos de la mano de Dios.
Es la fractura por los dineros, que también es social. Y así pongamos que hablo de Segovia y si nombro Trescasas, La Lastrilla, Torrecaballeros, San Cristóbal, Espirdo o La Granja deducen que son localidades del alfoz. Allí viven los segovianos con más poder adquisitivo. Lo dice Hacienda al desvelar los datos de renta media que aportamos, seguramente encantados, los contribuyentes que vivimos en municipios de más de un millar de habitantes.
Si hablo de Sepúlveda, Coca, Turégano, Santa María, Ayllón, Navas de Oro y Navalmanzano es mencionar a los pobres, a los últimos de una lista en la que influye de forma poderosa el trecho con la capital. En cuanto te alejas, el parné va disminuyendo y se abre una brecha que se agranda con la digital, sanitaria y otros servicios. Todo por el largo camino a la ciudad y como en el bolero, la distancia es el olvido. Y aunque en el pueblo se vive bien, en el mar de la tranquilidad, sobre todo en verano, nos empeñamos en acercarnos a la capital en busca de una oportunidad que la mayor parte de las veces es peor que la que dejamos atrás.
La fractura está ahí, es la nuestra, y aunque más limpia que la catalana no deja de ser dolorosa. Porque el dinero tiene solución, pero la imbecilidad de algunos es complicada de curar. Y mientras quede un solo descerebrado, siempre habrá peligro de enfrentamiento y de ruptura. Ojalá caiga un gran aguacero que limpie las cabezas y que llene de riqueza los campos de los pueblos. Igual así nos volvemos para el pueblo, que la ciudad y el alfoz no son para mí. Aunque se gane más.

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Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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