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Consenso contracorriente
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Jaime Rojas | 23-01-2017 | 11:22| 0

Percibo en el aire –frío, claro– un aroma de consenso que me hace concebir esperanzas de que esto mejore. Dirán que dónde respiro ese aire al tiempo que se preguntarán si es cerca de un garito en el que se fuma algo que no se vende en los estancos. Pues no, miren, es aquí en la Segovia de siempre, en la muy pequeña y leal capital de provincia en la que nieva en invierno y calienta el sol en verano, para sorpresa de los telediarios. Al revés resultaría noticia, lo que descolocaría a los intrépidos informadores que igual la pasaban por alto.
Les digo que sí, que huelo un ambiente conciliador, aunque no me crean. Ni se acerca a la sacrosanta Transición, pero es un indicio de que algo va bien y que no todo es ruina. Y mi percepción es cierta a pesar de los malos augurios que desata el advenimiento de Trump o el inesperado ‘brexit’ de los británicos, que traducido es un mutis por el foro o un portazo en la cara. También pese a tipos poco amantes de la democracia, por decirlo sin exabrupto, y escasamente de fiar como Putin, Erdogan o Maduro, por no hablar de los casos clásicos de tiranos. Populistas todos, que dirían en las nunca bien ponderadas tertulias de televisión.
«¡No hay derecho!», decimos en España, aunque no sabemos con exactitud a qué. ¿Al triunfo en las urnas del magnate estadounidense del pelo imposible? ¿A que los rusos crean menos en la democracia aún que los comunistas de salón que hay en España? ¿O, como si fuera novedad, a que los ingleses miren a los demás con desprecio desde su isla? A lo que no hay derecho es a las obsesiones respecto a los demás que nos acompañan a los españolitos desde que perdimos la Armada Invencible, las colonias americanas y hasta el oro de Moscú.
Pero insisto y pese a esos prejuicios históricos que llevamos bien metidos en la cabeza y nuestro natural pesimismo, a mí, contracorriente, me parece que hay esperanza de consenso. Al menos en España y en su política, aunque de una forma muy suya: se llevan mejor entre los partidos que estos de manera interna. Los discursos integradores se dirigen a los adversarios y no a los compañeros de formación, en unas guerras civiles en las que desgraciadamente tenemos experiencia. El espectáculo está servido en los próximos meses en los que se juegan las habichuelas, en unos congresos que prometen sangre.
Pedradas pues a los amigos y cariño a los enemigos. Hasta ocurre en Segovia, lugar del que si recuerdan les contaba que –sorpresas te da la vida–  es noticiable que haga frío siberiano ahora en invierno y calor en verano con el maldito viento sahariano. Lo de los mamporros en los partidos se lo dejo a su imaginación, aunque algunos son notorios y evidentes. Pero existen tanto como los amores con los rivales, estos sin entrega total que una es decente y ha de dejarse algo para el matrimonio que dicen los pocos castizos que todavía quedan.
Porque consenso es lo que buscan Ayuntamiento y Diputación o lo que es lo mismo, PSOE y PP, para cohabitar en el Centro de Recepción de Visitantes que recibe a los turistas junto al Acueducto. Peleados desde hace tiempo, ahora quizá al olor de ese aroma de consenso entre partidos del que les hablaba, quieren viajar juntos en ese mundo del turismo que tantos días de gloria da a esta tierra. Pónganse de acuerdo como lo haríamos todos para ir a coger dinero, a atrapar algo de prosperidad. Si dan ese ejemplo, quizá les secunde tanto Trump que anda suelto y que seguro visita Segovia y al volver cuenta que aquí consensuamos, pero sin pasarnos, claro.

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Plata para todo el año
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Jaime Rojas | 16-01-2017 | 11:28| 0

Comienza a cumplirse ya 25 años de casi todo. Y 50 ó 75 e incluso redondos centenarios. En Segovia y por lo que atañe a esta casa, el aniversario es de plata. Cinco lustros como cinco soles, con mala rima pero con buena prosa, esa que ha llenado cientos de páginas del querido papel de periódico. Hacemos 25 años  de la edición segoviana del decano de la prensa española y vamos a celebrarlo.
Pero en este naciente 2017 el antiguo Norte no estará solo en su fiesta. Como siempre le ha ocurrido. Otros se sumarán y otros también conmemorarán que ha pasado el mismo tiempo y ahí están, enraizados e ilusionados. Es el caso del Santana, el bar que nunca se cansa de proponer, y que es nuestro quinto. 25 castañas también le caen, con los hermanos que dejaron el pueblo para establecerse en esta pequeña ciudad de forma temporal y con la vista puesta en otros lugares de más oportunidades y habitantes. Así lo cuenta Kike, mientras se coloca su inseparable visera, para concluir que acertaron al quedarse en Segovia.
En igual tesitura de aniversario plateado está la agrupación musical Ensemble de Segovia, que dirige el cubano Flores Chaviano. O el Centro de Empleo Apadefim 2000, que se adelantó a su tiempo con el nombre y con la inclusión en el mercado laboral de personas con dispacidad. También se aprestan a cumplir idéntica edad, por ejemplo, la corporación Maestranza de Caballería. En la provincia, si se mira al noroeste en la histórica Coca verán que la marca embutidos Eresma celebra que salió al mercado hace dos decenios y medio.Pero si su vista es hacia el nordeste, la asociación Codinse, que tanto pelea con actividades de todo tipo en esa comarca muy castigada por la despoblación, cumple los mismos años.
Sin embargo, no solo acceden a esa maravillosa edad todos estos compañeros de viaje –seguro que la nómina es bastante más amplia–, sino que por supuesto también existen hitos que están de aniversario. El que estoy convencido que recuerdan y que ha marcado la vida en la ciudad es la prohibición de circular vehículos por debajo de los arcos del Acueducto. Sí, ya son 25 años desde que el Ayuntamiento entonces presidido por el alcalde Ramón Escobar aprobara una norma que preservaba el monumento, pero partía en dos el tráfico de la ciudad. Con el paso del tiempo, creo que hoy prácticamente nadie estaría en contra de la medida, aunque entonces levantó un entonado debate seguido de su polémica. Por una vez dejamos eso tan nuestro de esconder el problema y que parezca que no existe y lo afrontamos para resolverlo.
Fue un 21 de diciembre, y cosas del destino, ese día fue el primer número de este diario segoviano. Porque cuando se cierra una puerta se abre otra o así queremos creerlo cuando la vida nos voltea. Y no parece baladí que el aire fresco llegara por dos conductos: los arcos del monumento romano y las páginas de un periódico, en lo que es una coincidencia que siempre he pensado tiene su gracia y, quien sabe, si un fundamento que se nos escapa.
Habrá que celebrarlo, como les decía. Y lo haremos sin dar a elegir entre plomo y plata, frase que ha resucitado en boca de la recreación televisiva de Pablo Escobar, el narco más famoso de la historia de ese sucio negocio. Nosotros solo daremos plata para todos a lo largo del año con el objetivo de animarles a que sigan con nuestra amistad, pese a nuestras cosas. Disfrutemos de la plata, que cuando llegue el oro dentro de otros 25 años quizá seamos un león herbívoro, que decía el general Perón, y no estemos ya para muchas fiestas.

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El año de la reconciliación
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Jaime Rojas | 19-12-2016 | 18:53| 0

En la prensa menos encorsetada y quizá más inocente de hace ya un tiempo era costumbre que una de las noticias de diciembre hablará de las previsiones de los videntes para el año venidero. Tipos y tipas extravagantes, incluso con bolas de cristal, de cuyos nombres alguno seguro recuerdan, vaticinaban lo que iba a ocurrir sin ruborizarse por los fallos cometidos en su pronóstico doce meses antes. Volvían a repetir que moría el Papa Juan Pablo II o Fidel Castro hasta que acertaron a la enésima vez en el primer caso y este año, en el segundo.
Las profecías de Nostradamus, de los mayas o de una vecina reumática del pueblo que siempre acierta cuando va a llover porque le duelen las rodillas formaban parte de la más entrañable tradición navideña. Con el paso del tiempo y con el abrazo generalizado y abrumador a las tecnologías, aquí ya nadie se acuerda de los videntes y supongo que rumiaran por las calles su mala suerte por el cambio de era y de costumbres. Antes eran dioses paganos y ahora carne de burla, si no lo fueron ya en su momento, que creo que también.
Sin embargo, en esta ocasión, en el 2017 que ya divisamos en el horizonte, hubieran jugado sobre seguro con uno de sus presagios: el triunfo de Cuéllar con Las Edades del Hombre. Apuesta segura, auspicio de todos, sin excepción. Los antecedentes así lo indican y lo contrario, que anidara allí el fracaso, resultaría una sorpresa que nadie sería capaz de prever. El vaticinio fácil, nada temerario, es que en la villa y su comarca caiga el gordo de la lotería de la próxima primavera a otoño, de las flores a la hoja caída, con la exposición de arte sacro que tanta riqueza ha generado en la tierra castellana y leonesa.
Las divinas Edades convierte en paraíso terrenal lo que toca y esta vigésimo segunda edición en Cuéllar tendrá la misma consecuencia, salvo catástrofe bastante improbable. Y como si el éxito no estuviera garantizado de por sí con la naturaleza ganadora del acontecimiento, la organización se ha cuidado de asegurarse aún más los buenos resultados al distribuir la muestra en tres sedes. Un trío de templos extraordinarios, que abarcan buena parte de la superficie de la villa histórica, desde el norte y extramuros –la iglesia de San Andrés–, hasta la zona del emblemático castillo donde se ubica San Martín, Centro de Interpretación del Mudéjar, para terminar en el centro, en San Esteban, Monumento Artístico Nacional desde hace 85 años.
Con esta dispersión calculada, casi todo el pueblo verá pasar por delante de su puerta al cuarto de millón de visitantes que esperan pisar durante meses sus calles. Beneficio económico para sus habitantes y también una gran responsabilidad, en palabras de su alcalde. Porque conseguida la designación, en marcha la exposición, dormirse ahora sería un pecado mortal. Y el regidor lo sabe y por eso, junto a su alegría y a la de la diócesis segoviana por la bendición que son Las Edades, alberga una preocupación: que todos acertemos y la muestra sea un éxito para que terminado el intenso año próximo los visitantes deseen volver a la villa.
Entonces, con el trabajo cumplido, ya podrán relajarse, y aprovechar el viento favorable que insufla Las Edades para que Cuéllar abrace el turismo como uno de sus futuros modos de vida. Ahí sí podrán cumplir los versos de la ‘Nana de la Virgen María’ de Claudio Rodríguez que acompañan la felicitación de Navidad de la muestra ‘Reconciliare’: «¿Por qué tienes los ojos / limpios y abiertos?… / Ya más no puedo darte… / Duerme, lucero». Pero eso será más adelante, porque ahora el reto es que 2017 sea el año de la reconciliación, sentimiento que propone Cuéllar con sus Edades, que ojalá acierte y pueda exportar a otros lugares tan necesitados de la mano tendida del cartel de la exposición.

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Dylan y yo somos así
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Jaime Rojas | 12-12-2016 | 20:06| 0

Desde hace unos años nos han arrebatado el mes de noviembre. La globalización ha hecho trizas una de las fortalezas que teníamos: la capacidad de organizar fiestas, de festejar todo, hasta las derrotas. Conmemoramos que estamos vivos o muertos, que poco importa, porque el asunto es celebrar. Empezó Halloween que ya se ha instalado y no hay niño –ni adulto– que se precie que no conozca eso de truco o trato, que es como el susto o muerte del chiste. Y a ese sustituto anglosajón de la jornada de los difuntos se ha unido en el último lustro el black friday, una suerte de rebajas por un día, de aquí te pillo y aquí que compras.
Nos han robado así noviembre, con un par. Sí, con un par de fiestecillas aburridas y tontas nos han colonizado sin pegar un solo tiro, únicamente con la televisión y ahora internet. Siglos siendo los amos del cotarro de las fiestas para terminar de esta manera: cautivos y desarmados por no se sabe bien quién. Largas tradiciones en entredicho o de capa caída y en franca retirada como le ocurre al español también frente al inglés. Son batallas silenciosas que perdemos una detrás de otra y que lo seguiremos haciendo dada la escasa resistencia que ofrecemos, nosotros y nuestros políticos, a todo aquello que suene con acento extranjero.
Pasado el colonizado noviembre, a las Navidades nos acercamos también con otra pica en nuestro Flandes: Papá Noel o Santa, como algunos chavales ya llaman al orondo tipo de rojo, por influencia del cine. Ahí también acabaremos claudicando para desgracia de los Reyes Magos, que parecen con un limitado futuro profesional. Y vendrán más ocurrencias promovidas por las multinacionales del comercio con el fin de arrebatarnos más meses, como el pobre noviembre y el amenazado diciembre.
Sin embargo, ante la invasión nos queda un arma cargada de esperanza: la decisión propia. Tenemos la posibilidad de decir que no, de pasar de los disfraces de zombi o de mandar al carajo al viernes negro y sus apéndices de sábado, domingo y lunes cibernético, que también existe y es aún más novedoso. Y también podemos volver la cara al intruso Papá Noel que se cuela por las chimeneas de nuestras cabezas. Esto es democracia participativa de la buena, pata negra.
Seamos como Bob Dylan y aleguemos que tenemos otros compromisos aunque nos otorguen el Nobel del comercio con esa oferta imposible de rechazar . Yo lo he hecho y me siento bien. Porque Dylan y yo somos así, unos sobrados que vamos repartiendo estopa a los poderes establecidos; unos versos sueltos y unos espíritus libres y libertarios. Ni Halloween, ni Black Friday, ni Papá Noel, ni la madre que los parió. Nada, resistencia.
Ya lo estoy viendo con estos ojos un poco cegatos: rezamos el día de los difuntos, esperamos a las rebajas de enero y adoramos a Sus Majestades de Oriente. Y todo gracias a mí y a Dylan, que me ha inspirado para que me acuerde de mis muertos, de mi tendero de la esquina y de las jugueterías en enero. Gracias Bob por enseñarme a mirar el horizonte. Porque creo que te pasa como a mí: no entiendes el motivo de darte el Nobel y por eso no vas a recogerlo. Y yo no comprendo que nos cambien las fiestas y por esa razón no acudo. Aunque me conviden con insistencia.

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Minnesota, caballo y rey
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Jaime Rojas | 14-11-2016 | 10:49| 0

Con demasiada frecuencia los españolitos nos ponemos estupendos, que diría el gran Valle-Inclán. Nos embutimos en esa mezcla de rancio abolengo y vanguardia y nos tiramos al monte a impartir lecciones. Y una de esas veces que nunca falla y en la que nos liamos la manta de la chulería a la cabeza es cuando hablamos de los americanos, los de los Estados Unidos, porque a los otros, los del centro y el sur, les tratamos como si viajaran en un vagón de tercera sin posibilidad de adquirir un billete preferente.
La última paranoia ha sido, como ya habrán imaginado, las elecciones  presidenciales en el corazón del imperio. Las barras de los bares, las tertulias de las televisiones y emisorias de radio y hasta el cuarto de estar de su casa y la mía se han llenado de catedráticos, sabelotodos y maestros y maestras virginales e incorruptos, como el brazo de Santa Teresa que decían que Franco tenía en su mesilla de noche. Han salido de no se sabe muy bien donde una legión de expertos en procesos electorales y, más en concreto, de comicios en Estados Unidos que ríase usted de aquello que dice que de fútbol y medicina, todo el mundo opina. Aquí más, mucho más, hasta el punto que me ha extrañado que las universidades no hayan aprovechado el tirón para promover máster y cursos postgrado del asunto.
De repente hasta el más zoquete del barrio se ha hecho un especialista y habla de Trump, Clinton –de ella me refiero, que de él, aunque sea una paradoja, ya ni rastro–, Obama, la Casa Blanca y el despacho oval como quien pontifica sobre nuestros marianos, pedros o pablos. Ya entendemos de su sistema electoral como un experto de Harvard e incluso damos claves de lo que ha ocurrido y nos aventuramos a pronosticar lo que vendrá. Y todo sin hacer un examen de conciencia y recordar nuestras palabras para admitir que nos colamos, que metimos la pata hasta dentro y que nuestros vaticinios están en el mismo nivel que los de las encuestas:en el suelo. Error tras error hasta el error final que es que Trump será investido presidente en enero y que Dios bendiga América. Sin embargo, aquí nadie reconoce que se ha equivocado y menos los tertulianos. Eso sí, a las empresas de los sondeos, garrotazo y tentetieso por no acertar, pero nosotros ¡por favor! tenemos bula para fallar.
Y a la falta de reconocimiento de nuestra ignorancia sobre de qué modo piensan los estadounidenses –no tenemos ni idea y a los hechos me remito–, se une el desprecio. Nos empeñamos en decir que no saben donde está España y menos todas las Españas y ni por el forro ubican las ciudades; además desconocen cómo vivimos y creen que vamos al supermercado vestidos de toreros y vestidas de bailaoras. Son unos cazurros y no como nosotros que situamos perfectamente Ohio cocina o Minnesota, caballo y rey, por no decir Wyoming, que es grande.
Faltaría más, nos ponen el mapa delante y no fallamos ni uno del medio centenar de estados, por no hablar de sus ciudades, costumbres e historia que tanto hemos visto en pantalla. Así de estupendos somos. Cuñados y tertulianos se equivocan y que dimitan los de las encuestas. Y si este Trump se confunde o no sabe donde está Murcia, como nosotros sí ubicamos Wisconsin, que se prepare, que nos tendrá enfrente como ha dicho alguna neopolítica. Y él preocupado, seguro.

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La triste historia del autónomo
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Jaime Rojas | 07-11-2016 | 13:00| 0

Nos importa una mierda el futuro y no tememos a los lobos de la madrugada». Así, de frente y sin remilgos, habló Sergio C. Fanjul. Iba a recibir el accésit del premio poético Jaime Gil de Biedma y antes en su discurso de agradecimiento leyó una de las composiciones que le han hecho acreedor al galardón, gracias a su libro ‘Pertinaz freelance’. La obra es un compendio que navega entre vivencias callejeras de hoy y reivindicaciones de quien quiere dar el salto a la madurez, quizá hasta integrarse, y se encuentra con que todo son obstáculos.
No eligió de manera ingenua el texto porque el libro, ya lo indica en el título, pretende hablar de ‘freelance’ y trata de que nos acordemos de ellos. Y sus palabras continuaron resonando en las paredes del salón de actos de la Diputación de Segovia:«Venceremos, si vencemos, por cantidad y no por calidad, no sabemos de heroísmo ni de gloria, formaremos marabuntas rizomáticas de autónomos que, descabezados, como zombis, sembrarán el caos en el mercado laboral, sin orden ni concierto».
Imaginen la cara de sorpresa de los asistentes a un acto en el que se espera poesía con otra temática. YSergio siguió, levantando los ojos de vez en cuando para comprobar el estado del respetable: «No tenemos ni patria, ni dios, ni sindicato. Cientos de miles de autónomos por cada acomodaticio culo indefinido. Lo inundaremos todo como una masa informe, viscosa, translúcida que al menos tiene la suerte de marcar sus propios horarios laborales».
Miradas y medias sonrisas entre el público y agradable sensación de que merecía la pena escuchar lo que Sergio tenía que contarnos de los autónomos. «Somos peligrosos porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Da igual que todo arda (…) con nuestros precios bajos construiremos un mundo nuevo, sin contratos fijos pero sin patrones». Cejas levantadas y arqueadas en la sala para despejar la frente ante la traca final:«No nos vendemos: nos alquilamos por unas migajas de prestigio. Este es nuestro precario orgullo».
Sergio apartó la mirada del libro. Parecía que había pronunciado la última frase de su ‘Manifiesto freelance’, que así se llama ese poema. Pero no, aún restaba esto: «(Por cierto, soy rápido, soy limpio y ando disponible)». Y aquí ya vino la carcajada, como liberación de la tensión de haber asistido a un duro alegato en favor de estos parias del sistema que son los trabajadores autónomos y su régimen especial de la sacrosanta Seguridad Social.
Yo notaba en el asiento mi culo indefinido, que dice el galardonado,  y usted al leer esto y si pertenece a la subespecie de empleados por cuenta ajena, seguro que también. Tenemos nuestras cosas, sí; nuestros problemas e inconvenientes, pero no las irrefrenables ganas de cambiarnos de bando, como les sucede a los autónomos. Y no me extraña, porque aunque la teoría suena a independencia y libertad, en la práctica su vida es dependencia y esclavitud las 24 horas los 365 días del año.
Gil de Biedma, precisamente, decía que «de todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España, porque termina mal». Y algo así le ocurre a los autónomos, cuya triste existencia ha encontrado, contra todo pronóstico, un hueco y visibilidad en un premio de poesía. Cualquier lugar es bueno para defender a los machacados.

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Perder es perder
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Jaime Rojas | 02-11-2016 | 11:34| 0

No se me puede olvidar, que dice la habanera que habla de Cádiz y que ahora me emociona más que nunca por razones de paternidad. Y no se me olvida, no, entre otras muchas cosas, una que guardo en mi memoria histórica, esa que selecciono yo, sin injerencias. Fue el 23-F, el del ‘tejerazo’, en el que además de los lugares comunes conservo un recuerdo curioso: el de la voz de José María García, el entonces rey del periodismo deportivo, retransmitiendo el suceso desde el exterior del Congreso de los Diputados. Con su voz característica, de natural gritona, narraba, por ejemplo, en tono futbolero cómo avanzaba una columna de la Policía Militar por la Carrera de San Jerónimo.
Aquello me pareció divertido para lo plomazo que consideraba los asuntos políticos y pensé que García podía pasarse a ese tipo de periodismo y así inocular la política en vena a muchos de sus seguidores para convertirla en un espectáculo. Pero no fue de esa manera y simplemente se trató de una situación excepcional como todo esa tarde-noche de hace siete lustros.
Han pasado los años y con el periodista jubilado su acción pionera tiene una continuidad desde hace unos meses, cuando el Parlamento se llenó, por dos veces, de gentes nuevas a quienes les gusta la política de variedades y, sobre todo, el histrionismo. Practican con entusiasmo el número circense, que preparan con mimo para representarlo en cuanto ven una cámara de televisión. El espectáculo está instalado en sede parlamentaria, como se aprestan a decir con una extraordinaria cursilería. Lo hemos visto otra vez en estas jornadas que han desembocado, por fin, en el desbloqueo de la gobernabilidad del país y hoy ya tenemos presidente y Ejecutivo.
Treinta y cinco años les decía que han transcurrido desde ese primigenio intento de animar la política hasta convertirla en algo más vistoso y menos farragoso. Y ha tenido que pasar todo ese tiempo para volver a ver que el guion de la función es posible hacerlo más flexible y atractivo y que el show no puede detenerse, caiga quien caiga.
Ahí de verdad han ganado los nuevos, con especial mención a Podemos y sus numeritos y a varias minorías que representan a ellos mismos y a otros cuatro. Pues bien, ya les digo que han triunfado en esto de vociferar más que nadie, pero solo en eso y no en las urnas, algo que parece se les olvida con soprendente facilidad. Su desmemoria es tan evidente, como el desprecio hacia lo que han dictaminado las papeletas, a lo que hemos decidido usted y yo y ellos, también.
Y la nueva política espectáculo, que seguro continuará en esta legislatura que ahora comienza, nos lega perlas y frases como las que dejaba García, más famoso por sus latiguillos que por los contenidos de sus informaciones. Del Pablo, Pablito, Pablete al saludos cordiales del periodista hemos pasado al no es no, a la cal viva y otras muletillas que nos saturan hasta el aburrimiento. Y estoy convencido que a alguno se le ocurrirá espetarle a quienes se arrogan el favor de la gente, aunque no hayan ganado, un perder es perder. Porque no sé qué parte de esa frase no entienden los derrotados. Que se dejen de tanto espectáculo y convenzan a los españolitos que somos tozudos y no les entendemos. Que lo hagan, pero sobre todo que el show no pare.

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Cuando éramos rubios
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Jaime Rojas | 24-10-2016 | 09:56| 0

Asegura mi amigo Fernando Marcos, el vendedor de cupones más dicharachero de la ciudad, que tanto o más difícil que escribir es encontrar el tema. Me lo suelta con su natural ingenuidad , pero con esa picardía con la que empatiza con todo el mundo y que le convierte en un relaciones públicas extraordinario. Mi contestación es siempre que Segovia da para mucho más de lo que su tamaño y número de habitantes puede indicar, porque es tierra de contrastes y generadora de noticias, algunas de ellas increíbles por inesperadas y soprendentes.
Un ejemplo de mi teoría de que aquí nacen más asuntos noticiables que nícalos en un buen otoño –que no parece que vaya a ser este, aunque todavía albergo esperanzas– ha ocurrido hace unos días con un reportaje de Carlos Álvaro, otro amigo, este compañero del andamio periodístico. ‘El zarpazo de los nazis en Segovia’ era su título para explicar que en 1940 los siniestros tipos del Tercer Reich expoliaron una necrópolis visigoda en un lugar llamado Castiltierra, al nordeste de la provincia.
-¿Nazis en Segovia, Carlos?,  pregunté extrañado como lo hubiera hecho cualquiera.
-Si lo que no pase aquí… contestó seguro sabedor de la teoría que atribuye a Segovia un don especial para los asuntos curiosos.
Pues sí, los nazis interesados por esta tierra. Y no cualquiera de ellos, sino que uno de los más canallas –ganar esa competición tiene mérito entre esa calaña–, Himmler, aquel con gafitas y cara de no haber roto un plato en su vida, pero jefe de la terrible policía, las SS y la Gestapo, y responsable de los campos de exterminio. El individuo también presidía una organización pseudocientífica que, cuenta el reportaje, se dedicaba a excavar, investigar y expoliar en busca de pruebas que confirmaran la superioridad de la raza aria, un pensamiento ridículo que provocaría risa si no fuera por todos los crímenes que en su nombre se cometieron.
El jerarca nazi visitó el Museo Arqueológico de Madrid y ene se viaje tenía intención de venir a vernos, pero «la incertidumbre del tiempo» privó a Segovia de tan infame presencia. Para la visita se habían descubierto decenas de tumbas de la necrópolis y se había contratado a una treintena de obreros que se procuró que fueran altos y rubios para que se viera que aquí éramos arios y muy arios. Pueden imaginarse los problemas que se encontró el de recursos humanos para realizar la selección de personal, porque no creo que en la zona hubiera mucho donde elegir con esas características físicas. Con la media de estatura de la época y el abrumadoramente mayoritario color moreno en el pelo de los españolitos de entonces y más aún en Castilla, a alguno tuvieron que ponerle alzas y peluca para no ofender a los nazis.
Los asuntos curiosos en Segovia surgen en cualquier momento y lugar para que pueda escribir esta sección y para que el diario no pierda el ritmo y el interés. Es lo bueno que tiene una tierra de largo recorrido histórico y escenario de episodios trascendentales o extraños como el que nos ocupa. En cualquier chaflán de la provincia hay un tema dispuesto a corroborar que aquí ha pasado, pasa y seguirá pasando de todo y que en la curva que sea nos damos de bruces con momentos raros como cuando éramos rubios hace setenta y cinco años.

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Piedras anémicas
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Jaime Rojas | 17-10-2016 | 17:32| 0

Hablar del Acueducto en Segovia es exponerte a caer en obviedades y perogrulladas de redacción de colegio o, lo que es peor, de discurso de político bienintencionado. Hablar de la gran mole romana –única, exclusiva, el adjetivo que quieran poner– es arriesgarse a la cursilería, a matar el desparpajo o contribuir a lo ramplón que tanto nos persigue en este tiempo tan vulgar. Hablar del monumento que guía a la Segovia de nuestras preocupaciones puede dejarnos al borde de decir por decir sin decir nada.
Sin embargo, cuando uno ve que después de decenas de reuniones, charlas o artículos en este y otros medios sobre el ‘Acue’ –como así lo llaman con cariño mis adolescentes y supongo que todos los congéneres de su edad– aún sale algo de sustancia, que quieren que les diga, es un milagro. Y ha ocurrido hace unos días con unas jornadas en las que especialistas de la cosa o simples amantes del asunto han contado algo que desconocía:que las piedras milenarias han adelgazado cinco centímetros en los últimos cincuenta años. Y gracias a la liposucción gratis a la que contribuyen los decibelios de las actividades musicales a sus pies o de los vehículos que, aunque ya no atraviesan sus entrañas, merodean por el lugar.
Cinco centímetros menos, imagínenlo en su cuerpo, el sueño de todo aquel sometido a dieta. Un dato que permite a los expertos intervinientes en esas jornadas asegurar que el Acueducto es un enfermo crónico, cuyos males se hallan en estado avanzado, lo que lleva al diagnóstico de que el paciente está grave y con visos de pasar a un estado crítico. Y añaden los especialistas que la culpa no es del todo de las insensateces cometidas por los herederos de los romanos –ahora mismo, nosotros– sino que el monumento nació débil y con propensión a ser enfermizo ya que el material que usaron para construirlo era de mala calidad. Vamos que las piedras, tantas veces cantadas y alabadas, son más delicadas de lo que aparentan. Así nació enclenque, raquítico, con un granito de poca tenacidad, de gran alteración y escasa dureza, según los especialistas que lo han tratado.
Los detalles de los expertos son tremendos para pensar que cualquier día se viene abajo. Sin embargo, al tiempo que alertan sobre las condiciones del monumento y la necesidad de unos cuidados constantes y rigurosos, también aseguran que usted puede hoy pasar tranquilo por debajo de sus arcos, como lo ha hecho siempre, porque no hay un riesgo evidente de desmoronamiento. Y también mañana puede atravesarlo, que esto no es de un día para otro, sino que la enfermedad más bien parece degenerativa y de avance lento.
Las anémicas piedras requieren atención permanente y que nos tomemos en serio su situación con la exigencia de actuación a las administraciones, pero a todas que en esto no hay buenos y malos segovianos. Las jornadas se llamaron ‘Una ciudad por y para un monumento’ y es bastante recomendable que el lema tan acertado se convierta en una realidad y aquí se viva para mimar a quien tanto ha hecho por nosotros y que ahora necesita nuestra ayuda. Que el ‘Acue’ es una mole que mola y un pilar básico de nuestro presente y del porvenir. Y que el niño enfermizo que fue y el anciano degradado que es no se nos olvide. Porque puede que entre todos lo matemos y el solito se muera.

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La tierra devorada
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Jaime Rojas | 10-10-2016 | 10:56| 0

Contaba el hijo de Adolfo Suárez, en un reportaje en televisión sobre la figura de su padre, que la democracia española nació en Segovia. Y lo decía con solemnidad y seguro que orgulloso de que la salida de la Transición se produjera aquí, en una tierra histórica pero siempre en los confines del abandono. Se refería al 7 de enero de 1969, día en el que se produjo el conocido episodio del papel de la comanda en el Mesón de Cándido, en el que su padre, gobernador civil, anotó en el mismo los pasos a seguir en el advenimiento de un nuevo sistema político y se lo entregó allí mismo al entonces Príncipe Juan Carlos .
La famosa nota nadie sabe de su paradero, pero escribirse se escribió, tal y como han contado varias veces sus protagonistas. El régimen de Franco se encaminaba de dictadura a ‘dictablanda’ y las miradas se volvieron a Segovia, cuna de tantos hechos trascendentales, aunque demasiado alejados en el tiempo. El papel no se convirtió en mojado y en los años sucesivos, con el monarca y Suárez al mando de la bisoña democracia, lo segoviano traspasó por fin las barreras provinciales, llenas de telarañas, para ser protagonista nacional.
La fuerza del clan segoviano que había formado Suárez a principios de los setenta con su amigo Fernando Abril Martorell daba sus frutos años después, hasta el punto que en la legislatura constituyente –van a cumplirse ya 40 años– la presidencia del Congreso recayó en el número uno de la lista de UCDpor Segovia, el cuellarano Modesto Fraile. Fue aquel episodio, también muy conocido, de la carrera de coches para llegar antes a San Jerónimo entre él y el diputado igualmente por esta circunscripción, el socialista Luis Solana. Ganó Fraile y fue presidente y el asunto ha pasado, como bien saben, a la intrahistoria de la democracia.
Segovia siguió por el camino del protagonismo, con diputados que marcaron varias épocas en el Congreso. Desde los ya citados junto al recientemente fallecido Carlos Gila, que coparon los primeros años y buena parte de los ochenta, hasta ex ministras como Loyola de Palacio o Ángeles Amador en los noventa. O ya en este siglo una vicepresidenta del Gobierno, aún con raíces aquí, María Teresa Fernández de la Vega, amén de otras señorías, menos mediáticas, pero también de calado.
Sin embargo, y como le suele ocurrir a esta tierra, termina devorada por quienes no se la merecen. Para eso, mejor que se olviden de ella, que vivimos más conformes y templados en la tibieza que en la trascendencia. Porque del orgullo de parirse aquí la Transición y de ser protagonistas por el triunfo de varios diputados con el sello segoviano, hemos pasado a escondernos y a cambiar de tema. Y es que de política nacional no queremos ni hablar y nos sonrojan los episodios que han llevado a ponernos en el vergonzoso mapa de la corrupción.
Primero Merino y luego De la Serna; diputados que enarbolaron Segovia en este siglo en el que parece que se nos acabó la decencia. Y vuelta otra vez con el primero al comenzar ahora el juicio contra él; luego se sentará en el banquillo el otro, cuando ya parezca que se han olvidado de nosotros. Y así nadie se acordará que aquí nació este invento, ni hablará de la comanda de Cándido o de la carrera y tendremos que aguantar que nos digan eso de «buena la tenéis liada en Segovia ¿eh?».

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Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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