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Minnesota, caballo y rey
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Jaime Rojas | 14-11-2016 | 10:49| 0

Con demasiada frecuencia los españolitos nos ponemos estupendos, que diría el gran Valle-Inclán. Nos embutimos en esa mezcla de rancio abolengo y vanguardia y nos tiramos al monte a impartir lecciones. Y una de esas veces que nunca falla y en la que nos liamos la manta de la chulería a la cabeza es cuando hablamos de los americanos, los de los Estados Unidos, porque a los otros, los del centro y el sur, les tratamos como si viajaran en un vagón de tercera sin posibilidad de adquirir un billete preferente.
La última paranoia ha sido, como ya habrán imaginado, las elecciones  presidenciales en el corazón del imperio. Las barras de los bares, las tertulias de las televisiones y emisorias de radio y hasta el cuarto de estar de su casa y la mía se han llenado de catedráticos, sabelotodos y maestros y maestras virginales e incorruptos, como el brazo de Santa Teresa que decían que Franco tenía en su mesilla de noche. Han salido de no se sabe muy bien donde una legión de expertos en procesos electorales y, más en concreto, de comicios en Estados Unidos que ríase usted de aquello que dice que de fútbol y medicina, todo el mundo opina. Aquí más, mucho más, hasta el punto que me ha extrañado que las universidades no hayan aprovechado el tirón para promover máster y cursos postgrado del asunto.
De repente hasta el más zoquete del barrio se ha hecho un especialista y habla de Trump, Clinton –de ella me refiero, que de él, aunque sea una paradoja, ya ni rastro–, Obama, la Casa Blanca y el despacho oval como quien pontifica sobre nuestros marianos, pedros o pablos. Ya entendemos de su sistema electoral como un experto de Harvard e incluso damos claves de lo que ha ocurrido y nos aventuramos a pronosticar lo que vendrá. Y todo sin hacer un examen de conciencia y recordar nuestras palabras para admitir que nos colamos, que metimos la pata hasta dentro y que nuestros vaticinios están en el mismo nivel que los de las encuestas:en el suelo. Error tras error hasta el error final que es que Trump será investido presidente en enero y que Dios bendiga América. Sin embargo, aquí nadie reconoce que se ha equivocado y menos los tertulianos. Eso sí, a las empresas de los sondeos, garrotazo y tentetieso por no acertar, pero nosotros ¡por favor! tenemos bula para fallar.
Y a la falta de reconocimiento de nuestra ignorancia sobre de qué modo piensan los estadounidenses –no tenemos ni idea y a los hechos me remito–, se une el desprecio. Nos empeñamos en decir que no saben donde está España y menos todas las Españas y ni por el forro ubican las ciudades; además desconocen cómo vivimos y creen que vamos al supermercado vestidos de toreros y vestidas de bailaoras. Son unos cazurros y no como nosotros que situamos perfectamente Ohio cocina o Minnesota, caballo y rey, por no decir Wyoming, que es grande.
Faltaría más, nos ponen el mapa delante y no fallamos ni uno del medio centenar de estados, por no hablar de sus ciudades, costumbres e historia que tanto hemos visto en pantalla. Así de estupendos somos. Cuñados y tertulianos se equivocan y que dimitan los de las encuestas. Y si este Trump se confunde o no sabe donde está Murcia, como nosotros sí ubicamos Wisconsin, que se prepare, que nos tendrá enfrente como ha dicho alguna neopolítica. Y él preocupado, seguro.

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La triste historia del autónomo
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Jaime Rojas | 07-11-2016 | 13:00| 0

Nos importa una mierda el futuro y no tememos a los lobos de la madrugada». Así, de frente y sin remilgos, habló Sergio C. Fanjul. Iba a recibir el accésit del premio poético Jaime Gil de Biedma y antes en su discurso de agradecimiento leyó una de las composiciones que le han hecho acreedor al galardón, gracias a su libro ‘Pertinaz freelance’. La obra es un compendio que navega entre vivencias callejeras de hoy y reivindicaciones de quien quiere dar el salto a la madurez, quizá hasta integrarse, y se encuentra con que todo son obstáculos.
No eligió de manera ingenua el texto porque el libro, ya lo indica en el título, pretende hablar de ‘freelance’ y trata de que nos acordemos de ellos. Y sus palabras continuaron resonando en las paredes del salón de actos de la Diputación de Segovia:«Venceremos, si vencemos, por cantidad y no por calidad, no sabemos de heroísmo ni de gloria, formaremos marabuntas rizomáticas de autónomos que, descabezados, como zombis, sembrarán el caos en el mercado laboral, sin orden ni concierto».
Imaginen la cara de sorpresa de los asistentes a un acto en el que se espera poesía con otra temática. YSergio siguió, levantando los ojos de vez en cuando para comprobar el estado del respetable: «No tenemos ni patria, ni dios, ni sindicato. Cientos de miles de autónomos por cada acomodaticio culo indefinido. Lo inundaremos todo como una masa informe, viscosa, translúcida que al menos tiene la suerte de marcar sus propios horarios laborales».
Miradas y medias sonrisas entre el público y agradable sensación de que merecía la pena escuchar lo que Sergio tenía que contarnos de los autónomos. «Somos peligrosos porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Da igual que todo arda (…) con nuestros precios bajos construiremos un mundo nuevo, sin contratos fijos pero sin patrones». Cejas levantadas y arqueadas en la sala para despejar la frente ante la traca final:«No nos vendemos: nos alquilamos por unas migajas de prestigio. Este es nuestro precario orgullo».
Sergio apartó la mirada del libro. Parecía que había pronunciado la última frase de su ‘Manifiesto freelance’, que así se llama ese poema. Pero no, aún restaba esto: «(Por cierto, soy rápido, soy limpio y ando disponible)». Y aquí ya vino la carcajada, como liberación de la tensión de haber asistido a un duro alegato en favor de estos parias del sistema que son los trabajadores autónomos y su régimen especial de la sacrosanta Seguridad Social.
Yo notaba en el asiento mi culo indefinido, que dice el galardonado,  y usted al leer esto y si pertenece a la subespecie de empleados por cuenta ajena, seguro que también. Tenemos nuestras cosas, sí; nuestros problemas e inconvenientes, pero no las irrefrenables ganas de cambiarnos de bando, como les sucede a los autónomos. Y no me extraña, porque aunque la teoría suena a independencia y libertad, en la práctica su vida es dependencia y esclavitud las 24 horas los 365 días del año.
Gil de Biedma, precisamente, decía que «de todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España, porque termina mal». Y algo así le ocurre a los autónomos, cuya triste existencia ha encontrado, contra todo pronóstico, un hueco y visibilidad en un premio de poesía. Cualquier lugar es bueno para defender a los machacados.

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Perder es perder
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Jaime Rojas | 02-11-2016 | 11:34| 0

No se me puede olvidar, que dice la habanera que habla de Cádiz y que ahora me emociona más que nunca por razones de paternidad. Y no se me olvida, no, entre otras muchas cosas, una que guardo en mi memoria histórica, esa que selecciono yo, sin injerencias. Fue el 23-F, el del ‘tejerazo’, en el que además de los lugares comunes conservo un recuerdo curioso: el de la voz de José María García, el entonces rey del periodismo deportivo, retransmitiendo el suceso desde el exterior del Congreso de los Diputados. Con su voz característica, de natural gritona, narraba, por ejemplo, en tono futbolero cómo avanzaba una columna de la Policía Militar por la Carrera de San Jerónimo.
Aquello me pareció divertido para lo plomazo que consideraba los asuntos políticos y pensé que García podía pasarse a ese tipo de periodismo y así inocular la política en vena a muchos de sus seguidores para convertirla en un espectáculo. Pero no fue de esa manera y simplemente se trató de una situación excepcional como todo esa tarde-noche de hace siete lustros.
Han pasado los años y con el periodista jubilado su acción pionera tiene una continuidad desde hace unos meses, cuando el Parlamento se llenó, por dos veces, de gentes nuevas a quienes les gusta la política de variedades y, sobre todo, el histrionismo. Practican con entusiasmo el número circense, que preparan con mimo para representarlo en cuanto ven una cámara de televisión. El espectáculo está instalado en sede parlamentaria, como se aprestan a decir con una extraordinaria cursilería. Lo hemos visto otra vez en estas jornadas que han desembocado, por fin, en el desbloqueo de la gobernabilidad del país y hoy ya tenemos presidente y Ejecutivo.
Treinta y cinco años les decía que han transcurrido desde ese primigenio intento de animar la política hasta convertirla en algo más vistoso y menos farragoso. Y ha tenido que pasar todo ese tiempo para volver a ver que el guion de la función es posible hacerlo más flexible y atractivo y que el show no puede detenerse, caiga quien caiga.
Ahí de verdad han ganado los nuevos, con especial mención a Podemos y sus numeritos y a varias minorías que representan a ellos mismos y a otros cuatro. Pues bien, ya les digo que han triunfado en esto de vociferar más que nadie, pero solo en eso y no en las urnas, algo que parece se les olvida con soprendente facilidad. Su desmemoria es tan evidente, como el desprecio hacia lo que han dictaminado las papeletas, a lo que hemos decidido usted y yo y ellos, también.
Y la nueva política espectáculo, que seguro continuará en esta legislatura que ahora comienza, nos lega perlas y frases como las que dejaba García, más famoso por sus latiguillos que por los contenidos de sus informaciones. Del Pablo, Pablito, Pablete al saludos cordiales del periodista hemos pasado al no es no, a la cal viva y otras muletillas que nos saturan hasta el aburrimiento. Y estoy convencido que a alguno se le ocurrirá espetarle a quienes se arrogan el favor de la gente, aunque no hayan ganado, un perder es perder. Porque no sé qué parte de esa frase no entienden los derrotados. Que se dejen de tanto espectáculo y convenzan a los españolitos que somos tozudos y no les entendemos. Que lo hagan, pero sobre todo que el show no pare.

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Cuando éramos rubios
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Jaime Rojas | 24-10-2016 | 09:56| 0

Asegura mi amigo Fernando Marcos, el vendedor de cupones más dicharachero de la ciudad, que tanto o más difícil que escribir es encontrar el tema. Me lo suelta con su natural ingenuidad , pero con esa picardía con la que empatiza con todo el mundo y que le convierte en un relaciones públicas extraordinario. Mi contestación es siempre que Segovia da para mucho más de lo que su tamaño y número de habitantes puede indicar, porque es tierra de contrastes y generadora de noticias, algunas de ellas increíbles por inesperadas y soprendentes.
Un ejemplo de mi teoría de que aquí nacen más asuntos noticiables que nícalos en un buen otoño –que no parece que vaya a ser este, aunque todavía albergo esperanzas– ha ocurrido hace unos días con un reportaje de Carlos Álvaro, otro amigo, este compañero del andamio periodístico. ‘El zarpazo de los nazis en Segovia’ era su título para explicar que en 1940 los siniestros tipos del Tercer Reich expoliaron una necrópolis visigoda en un lugar llamado Castiltierra, al nordeste de la provincia.
-¿Nazis en Segovia, Carlos?,  pregunté extrañado como lo hubiera hecho cualquiera.
-Si lo que no pase aquí… contestó seguro sabedor de la teoría que atribuye a Segovia un don especial para los asuntos curiosos.
Pues sí, los nazis interesados por esta tierra. Y no cualquiera de ellos, sino que uno de los más canallas –ganar esa competición tiene mérito entre esa calaña–, Himmler, aquel con gafitas y cara de no haber roto un plato en su vida, pero jefe de la terrible policía, las SS y la Gestapo, y responsable de los campos de exterminio. El individuo también presidía una organización pseudocientífica que, cuenta el reportaje, se dedicaba a excavar, investigar y expoliar en busca de pruebas que confirmaran la superioridad de la raza aria, un pensamiento ridículo que provocaría risa si no fuera por todos los crímenes que en su nombre se cometieron.
El jerarca nazi visitó el Museo Arqueológico de Madrid y ene se viaje tenía intención de venir a vernos, pero «la incertidumbre del tiempo» privó a Segovia de tan infame presencia. Para la visita se habían descubierto decenas de tumbas de la necrópolis y se había contratado a una treintena de obreros que se procuró que fueran altos y rubios para que se viera que aquí éramos arios y muy arios. Pueden imaginarse los problemas que se encontró el de recursos humanos para realizar la selección de personal, porque no creo que en la zona hubiera mucho donde elegir con esas características físicas. Con la media de estatura de la época y el abrumadoramente mayoritario color moreno en el pelo de los españolitos de entonces y más aún en Castilla, a alguno tuvieron que ponerle alzas y peluca para no ofender a los nazis.
Los asuntos curiosos en Segovia surgen en cualquier momento y lugar para que pueda escribir esta sección y para que el diario no pierda el ritmo y el interés. Es lo bueno que tiene una tierra de largo recorrido histórico y escenario de episodios trascendentales o extraños como el que nos ocupa. En cualquier chaflán de la provincia hay un tema dispuesto a corroborar que aquí ha pasado, pasa y seguirá pasando de todo y que en la curva que sea nos damos de bruces con momentos raros como cuando éramos rubios hace setenta y cinco años.

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Piedras anémicas
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Jaime Rojas | 17-10-2016 | 17:32| 0

Hablar del Acueducto en Segovia es exponerte a caer en obviedades y perogrulladas de redacción de colegio o, lo que es peor, de discurso de político bienintencionado. Hablar de la gran mole romana –única, exclusiva, el adjetivo que quieran poner– es arriesgarse a la cursilería, a matar el desparpajo o contribuir a lo ramplón que tanto nos persigue en este tiempo tan vulgar. Hablar del monumento que guía a la Segovia de nuestras preocupaciones puede dejarnos al borde de decir por decir sin decir nada.
Sin embargo, cuando uno ve que después de decenas de reuniones, charlas o artículos en este y otros medios sobre el ‘Acue’ –como así lo llaman con cariño mis adolescentes y supongo que todos los congéneres de su edad– aún sale algo de sustancia, que quieren que les diga, es un milagro. Y ha ocurrido hace unos días con unas jornadas en las que especialistas de la cosa o simples amantes del asunto han contado algo que desconocía:que las piedras milenarias han adelgazado cinco centímetros en los últimos cincuenta años. Y gracias a la liposucción gratis a la que contribuyen los decibelios de las actividades musicales a sus pies o de los vehículos que, aunque ya no atraviesan sus entrañas, merodean por el lugar.
Cinco centímetros menos, imagínenlo en su cuerpo, el sueño de todo aquel sometido a dieta. Un dato que permite a los expertos intervinientes en esas jornadas asegurar que el Acueducto es un enfermo crónico, cuyos males se hallan en estado avanzado, lo que lleva al diagnóstico de que el paciente está grave y con visos de pasar a un estado crítico. Y añaden los especialistas que la culpa no es del todo de las insensateces cometidas por los herederos de los romanos –ahora mismo, nosotros– sino que el monumento nació débil y con propensión a ser enfermizo ya que el material que usaron para construirlo era de mala calidad. Vamos que las piedras, tantas veces cantadas y alabadas, son más delicadas de lo que aparentan. Así nació enclenque, raquítico, con un granito de poca tenacidad, de gran alteración y escasa dureza, según los especialistas que lo han tratado.
Los detalles de los expertos son tremendos para pensar que cualquier día se viene abajo. Sin embargo, al tiempo que alertan sobre las condiciones del monumento y la necesidad de unos cuidados constantes y rigurosos, también aseguran que usted puede hoy pasar tranquilo por debajo de sus arcos, como lo ha hecho siempre, porque no hay un riesgo evidente de desmoronamiento. Y también mañana puede atravesarlo, que esto no es de un día para otro, sino que la enfermedad más bien parece degenerativa y de avance lento.
Las anémicas piedras requieren atención permanente y que nos tomemos en serio su situación con la exigencia de actuación a las administraciones, pero a todas que en esto no hay buenos y malos segovianos. Las jornadas se llamaron ‘Una ciudad por y para un monumento’ y es bastante recomendable que el lema tan acertado se convierta en una realidad y aquí se viva para mimar a quien tanto ha hecho por nosotros y que ahora necesita nuestra ayuda. Que el ‘Acue’ es una mole que mola y un pilar básico de nuestro presente y del porvenir. Y que el niño enfermizo que fue y el anciano degradado que es no se nos olvide. Porque puede que entre todos lo matemos y el solito se muera.

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La tierra devorada
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Jaime Rojas | 10-10-2016 | 10:56| 0

Contaba el hijo de Adolfo Suárez, en un reportaje en televisión sobre la figura de su padre, que la democracia española nació en Segovia. Y lo decía con solemnidad y seguro que orgulloso de que la salida de la Transición se produjera aquí, en una tierra histórica pero siempre en los confines del abandono. Se refería al 7 de enero de 1969, día en el que se produjo el conocido episodio del papel de la comanda en el Mesón de Cándido, en el que su padre, gobernador civil, anotó en el mismo los pasos a seguir en el advenimiento de un nuevo sistema político y se lo entregó allí mismo al entonces Príncipe Juan Carlos .
La famosa nota nadie sabe de su paradero, pero escribirse se escribió, tal y como han contado varias veces sus protagonistas. El régimen de Franco se encaminaba de dictadura a ‘dictablanda’ y las miradas se volvieron a Segovia, cuna de tantos hechos trascendentales, aunque demasiado alejados en el tiempo. El papel no se convirtió en mojado y en los años sucesivos, con el monarca y Suárez al mando de la bisoña democracia, lo segoviano traspasó por fin las barreras provinciales, llenas de telarañas, para ser protagonista nacional.
La fuerza del clan segoviano que había formado Suárez a principios de los setenta con su amigo Fernando Abril Martorell daba sus frutos años después, hasta el punto que en la legislatura constituyente –van a cumplirse ya 40 años– la presidencia del Congreso recayó en el número uno de la lista de UCDpor Segovia, el cuellarano Modesto Fraile. Fue aquel episodio, también muy conocido, de la carrera de coches para llegar antes a San Jerónimo entre él y el diputado igualmente por esta circunscripción, el socialista Luis Solana. Ganó Fraile y fue presidente y el asunto ha pasado, como bien saben, a la intrahistoria de la democracia.
Segovia siguió por el camino del protagonismo, con diputados que marcaron varias épocas en el Congreso. Desde los ya citados junto al recientemente fallecido Carlos Gila, que coparon los primeros años y buena parte de los ochenta, hasta ex ministras como Loyola de Palacio o Ángeles Amador en los noventa. O ya en este siglo una vicepresidenta del Gobierno, aún con raíces aquí, María Teresa Fernández de la Vega, amén de otras señorías, menos mediáticas, pero también de calado.
Sin embargo, y como le suele ocurrir a esta tierra, termina devorada por quienes no se la merecen. Para eso, mejor que se olviden de ella, que vivimos más conformes y templados en la tibieza que en la trascendencia. Porque del orgullo de parirse aquí la Transición y de ser protagonistas por el triunfo de varios diputados con el sello segoviano, hemos pasado a escondernos y a cambiar de tema. Y es que de política nacional no queremos ni hablar y nos sonrojan los episodios que han llevado a ponernos en el vergonzoso mapa de la corrupción.
Primero Merino y luego De la Serna; diputados que enarbolaron Segovia en este siglo en el que parece que se nos acabó la decencia. Y vuelta otra vez con el primero al comenzar ahora el juicio contra él; luego se sentará en el banquillo el otro, cuando ya parezca que se han olvidado de nosotros. Y así nadie se acordará que aquí nació este invento, ni hablará de la comanda de Cándido o de la carrera y tendremos que aguantar que nos digan eso de «buena la tenéis liada en Segovia ¿eh?».

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Collejas a los tontos
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Jaime Rojas | 03-10-2016 | 12:12| 0

Como ocurre en los últimos años, igual que migran las cigüeñas –o migraban–, por estas fechas salen tontos de debajo de las piedras. La cercanía del 12 de octubre, fiesta nacional para más señas, reaviva la llama de los imbéciles que se lanzan sin paracaidas a buscar su minuto de gloria en los siempre complacientes medios de comunicación. Allí están ellos, con sus soplagaitadas, ocupando minutos en las pantallas y en las emisoras. Y hasta el honorable y viejo papel prensa le dedica algún espacio, como yo ahora, claro.
Pero estarán conformes con que les argumente que no hay humano que pueda resistirse a la tentación de tirar un penalty sin portero, a la irrestible atracción que ejerce el cogote de un tonto para sacudirle una colleja. Somos de carne y hueso y todos caemos en el pecado de ser poco correctos y reirnos de los idiotas cuando nos lo ponen tan fácil como las carambolas a Fernando VII. Pues sí, lo han vuelto a hacer y nosotros, malvados y poco piadosos, también.
Un año más al acercarse la fiesta que conmemora el descubrimiento de América han hablado para proponer tonterías, reiterativas unas y renovadas, otras. Entre las últimas está suprimir la estatua de Colón en Barcelona, símbolo de una ciudad que por cierto es la más cosmopolita de todas las Españas gracias a que siempre han procurado evitar a paletos y descerebrados, salvo casos de fuerza mayor. Pero ahora estos se han encaramado a lo más alto del palo mayor para proponer majaderías de ese estilo. Cosas que pasan y que afortunadamente –lo contrario sería de locos– se ha quedado en eso, en bobada del mes.
Son los anticapitalistas y anarquistas –en sus manos están los catalanes–, unos fulanos que encabeza una mengana con antecedentes familiares y personales en estos asuntos de hacer el ridículo. Y aunque del nombre no tengan ni idea, Anna Gabriel, seguro que le ponen cara porque es inconfundible: lleva el pelo como un muñeco click de Famobil. Imagínense un flequillo frailuno, un corte a tazón, y se darán cuenta de quien hablo. Les decía que ya en sus antepasados estaba muy interiorizado lo de desvariar: su bisabuelo en 1934, en plena revuelta de la izquierda contra la República que ahora tanto idolatra, no se le ocurrió otra idiotez que quemar en público en la plaza de su pueblo catalán  todo su dinero, convencido el tipo de que el sistema capitalista se encaminaba a una pronta desaparición.
Es evidente que falló en su previsión y que sus descendientes sufrieron luego calamidades ante ese suicido social y económico. Pero el sistema, que tanto detesta y al que combate también su bisnieta, funciona para que entre todos solventemos las majaderías de quienes pierden la cabeza o nunca la han tenido. Ella ha heredado el entusiasmo libertario y lo ha derivado a una sucesión de propuestas estúpidas que van camino de superar todos los parámetros de la ridiculez.
Además de ella, ya les digo que de aquí a unos días cosas veredes que nos den vergüenza ajena.Es una pesadilla y no sé ustedes, pero yo me estoy cansando, y mucho, de tanto tonto que nos quiere salvar y redimir. Procuraré no hacer caso a las siguientes imbecilidades, pero ya les digo que ¿quién se resiste a darle una colleja al tonto que se cree listo? Pues eso, no se corten y a reirse de ellos, que lo ponen fácil.

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Rebelión en las pequeñas cosas
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Jaime Rojas | 26-09-2016 | 10:08| 0

Sostiene mi hija Carolina, que en un abrir y cerrar de ojos se ha hecho mayor, que en Madrid no nos respetan. Y para defender su teoría, con el ímpetu que tiene la niña, cuenta ofensas y desatinos de los que habitan en el foro. A la ya sabida por todo segoviano de denominar sierra de Madrid a la de Guadarrama, sobre todo en los espacios meteorológicos de las televisiones, se une, según ella, que quieren arrebatarnos la mujer muerta, ese trozo serrano que bien se divisa desde el mirador de la Canaleja, al que me asomo desde aquí todos los domingos hace ya más de un lustro.
Dice la chavala que en su estreno universitario el curso pasado se encontró con el encargo de una profesora de hacer una redacción en inglés sobre un mito o leyenda de Madrid. La niña estudia Enfermería y no me pregunten por la relación del asunto con la carrera, pero en este maremágnum de grados, en los que se mezcla dulce y salado sin compasión, cabe todo. Supongo que será para que los alumnos sepan lo que significa poner una inyección legendaria o hacer un enema de leyenda.
La asignatura era Inglés, lo que justifica el tema libre, defiende mi hija. Aceptado el argumento, lo que ya es demasiada libertad es la que se tomó una de sus compañeras al ubicar la Leyenda de la Mujer Muerta en la muy insigne sierra de Madrid. Hasta ahí podíamos llegar, pensó la niña y las otras dos segovianas del curso, después de asistir estupefactas al descaro de la colega de pupitre. Así se lo hicieron ver con la clase terminada y con la profesora ya lejos, para evitarla el sonrojo, lo que dice mucho de la nobleza de la tierra o de estas tres niñas. La mía creo que me contó que habló del fantasma del Palacio de Linares, algo menos impactante pero que cumplía el requisito de ser madrileño.
Ya ven que del Madrid que te quedas sin gente pasamos al Madrid nos roba hasta los mitos intangibles, como si fuéramos unos periféricos adocenados. Y pueden observar también que aquel de Madrid al cielo tiene parada antes de subir a las alturas en la sierra, de Madrid, claro, y en nuestra entrañable figura de la mujer muerta. Un disparate y eso que no nos jactamos que todo eso era más segoviano que el Acueducto, hace ya muchos siglos.
Son pequeñas cosas que provocan rebeliones. Detalles que nos levantan no para hacer una cruenta revolución, pero sí para poner a cada uno en su sitio. Como le ocurrió este verano a un vecino del municipio segoviano de Trescasas que, indignado con el saluda de su alcalde en el programa de fiestas, colgó carteles en las farolas del pueblo con un texto que no tiene desperdicio. Estaba enfadado con el regidor y su texto porque comenzaba con ‘Estimados vecin@s’. «La deleznable ‘@’», le dice, ha de utilizarse también en el adjetivo porque si fuera mujer «me consideraría vecina, sí, pero no estimada».
El pasquín anónimo se ceba en más errores del alcalde con el uso del género al dirigirse a «los trescasianos y trescasianas», aunque se compadece de él porque es «una auténtica lata esto de tener en cuenta la @ para todo en vez de usar el plural genérico ¿verdad?» y le recomienda a él y a los de su partido que o editan «un manual de estilo para esta neo-lingua o se dejan de tonterías y vuelven a hablar y escribir como todo el mundo ¡coño!». Son esas pequeñas cosas que nos revuelven, sobre todo por cansinas.

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El muy segoviano jamón
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Jaime Rojas | 19-09-2016 | 16:46| 0

Cuando expira este verano mayoritariamente de sol y moscas, interrumpido de forma abrupta en sus días finales, uno vuelve la mirada a lo disfrutado y, con evidente pereza, se dirige hacia otro melancólico otoño y su posterior largo invierno. Termina el letargo estival para despertarnos en el hiperactivo septiembre, al que parece siempre dejamos una carga de trabajo inusitada, en la que mezclamos ocio y labor a partes iguales para que el cambio no sea tan traumático.
En Segovia así suena septiembre, pleno de actividad, hasta el extremo de que en su primera quincena hay tantas o más fiestas patronales en la provincia que en la Virgen de agosto. Si a esto añadimos el furor capitalino por la devoción a la Fuencisla o a la literatura del Hay no queda ni un ápice de recuerdo de asueto del verano, por muy ocioso que haya sido; parece una forma de que la temida vuelta al cole de los adultos sea suave y apacible para que las llagas escuezan lo menos posible y lloriqueemos lo justo.
Y por si nadáramos pocos en este agua, a la centenaria coronada patrona de la ciudad y al consolidado festival de la palabra –ya con una decena de años– se unió al principio de esta década una feria del jamón, a la que si apuran aún pueden llegar hoy domingo, último día. Éramos pocos y parió la marrana, vaya, pero además con una prole significativa. Una carpa de la regional Tierra de Sabor, la marca local de Alimentos de Segovia y la asociación de industriales del ramo han liado el asunto, con los camareros segovianos y su infatigable Pali al mando como organizadores. Una mezcla que sale y sabe bien.
Al jamón, evidente estrella del certamen, se unen otros productos, embutidos y queso, con vino y cerveza de la tierra para que aquello no se convierta en un calvario en el gaznate. Pero nada puede con el jamón, porque coincidirán conmigo en que a todo el mundo le gusta. Si conocen a alguien que le haga ascos, díganmelo, que es más noticia que un chaval que no esté a la caza de pokemons. El jamón es un dios nacional con visos de alcanzar la divinidad más allá de las Españas, esas en las que ni el más furibundo de los separatistas de cualquier esquina osa ponerle trabas.
Contaban en la feria segoviana que a escala internacional solo el caviar y el foie puede hacerle sombra en esa pelea  por el glamour gastronómico. Es probable, pero el jamón posee una ventaja competitiva sobre sus rivales: es más económico. Hay más cerdos que esturiones y patos o gansos y son unos animales bastante más productivos. Vamos que así es complicado quitarle el favor de la gente al muy español –y segoviano– jamón. Lo remarcaban en la feria al asegurar que es más barato que una lata de sardinas. Y tiene más empaque, claro.
Menos hamburguesas y más jamón aseguraban igualmente en el certamen que ha llenado de sabor el final del verano segoviano. A los niños es difícil convencerlos, pero a usted y a mí creo que nos faltaría tiempo para hacernos vasallos incondicionales. Y como seguro que si han pasado por la feria les ha resultado escaso, porque esto siempre ocurre, vamos a pedir que clausurado el asunto no solo se pongan a pensar en la siguiente edición, sino que inventen otros certámenes en los que la boca se haga agua y nos ayuden a olvidar a tanto y tanto tragón que anda suelto.

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Yo, señora, soy de Segovia
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Jaime Rojas | 12-09-2016 | 12:16| 0

Es error extendido entre la segovianía el utilizar mal la primera frase del Buscón. «Yo, señor, soy de Segovia», se afirma que dice con la rotundidad de quien ha leído una y mil veces la obra más universal de Quevedo. Sin embargo, en esa línea incial lo que se puede leer es «Yo, señora, soy de Segovia». Señora y no señor, como si desean comprueben en su estantería, si poseen el libro, o en el mundo de internet, al que seguro el pícaro protagonista le hubiera sacado provecho.
La equivocación es lógica y explicable en un sociedad donde primaba lo masculino y todavía prima en algunos ámbitos. El error es inintencionado, desde luego, pero el asunto no es menor, aún más en un tiempo en el que esto del género suscita suspicacias, porque en el tema todos somos escamones como el padre de la chica segoviana de la jota, que ya saben que de hojalata le hizo un disfraz y ella, mucho más lista por joven y fémina, un abrelatas se fue a comprar.
Señora y no señor, tomen nota y háganlo también los políticos y políticas que tanto pían por la igualdad, a la que nunca podrán servir si se empeñan en hablar de oídas y no leer para descubrir que pone en los libros. En esto, ni en la primera frase, oigan, aciertan. Y a mí no me extraña, aunque sí me parece raro en el caso de las aguerridas feministas que la mayoría de las veces tratan de cambiar el género a la fuerza, sin encomendarse a ciencia alguna de la lengua. ¡Mira que no darse cuenta de que en esto no les hacía falta darlo la vuelta! Quizá Quevedo escribió señora para fastidiarlas y porque era un machista que intentaba confundir a todos y todas.
El error, creánme, se extiende a cualquier ámbito y hasta el anterior alcalde, Pedro Arahuetes, ejemplo y espejo de segovianistas, lo cometió varias veces, entre ellas en el momento solemne de dejar el cargo hace ya algo más de dos años. Entonces, compungido, con evidentes pucheros, comenzó su discurso en el salón de plenos del Ayuntamiento con un «yo, señor, soy de Segovia». Y la amplia representación de ciudadanas sin corregirle. Pero ahí no se queda, que los políticos en esto no están solos. También nosotros, los sagrados plumillas fallamos en el asunto más que una escopeta de feria. Mentamos al señor y olvidamos a la señora, como todos.
Podría hablarles del mismo fallo en otros oficios o profesiones que «quien no hurta en el mundo, no vive» le aseguraba al Buscón su padre en una lección de vida, igualmente en el primer capítulo. Y aplicado a lo que nos ocupa, quien no se equivoca en el mundo, por supuesto, que tampoco vive, porque dicen que tenemos derecho a errar, algo que a veces resulta legítimo, pero poco razonable. Ya les digo que no solo políticos y periodistas meten la pata en el asunto, sino que forma parte del acervo segoviano que la frase se utiliza con un señor y no con una señora.
Después de reparar en este detalle, es probable que las mujeres de la tierra aún tomen más fuerza, entre ellas las ya peleonas de mis tres hijas. Pero que no se vengan arriba, que veo que querrán cambiar más cosas y renombrar a los partidos como Unidas Podemos o Ciudadanas. Vamos a ver: que levanta la cabeza Quevedo y con su pluma y su sarcasmo cambia de nombre la novela para llamarla ‘Historia de la vida de la Buscona’. Y estarán conmigo en que suena bastante peor.

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Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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