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Fecha: abril, 2014
Barcelona bien vale una sonrisa
César Pérez Gellida 28-04-2014 | 7:34 | 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 28 de abril de 2014.

 

Tengo un buen cliente que es escritor. Recientemente me contaba que ha estado en Barcelona participando en los actos de celebración del día de Sant Jordi; ya sabe, esa fiesta en la que se acostumbra a regalar un libro y una rosa cuando el 23 protagoniza el mes de abril.

Le vi francamente entusiasmado y, ante tanta euforia –y como corresponde a mi condición de cantinero–, abrí una investigación con el objeto de averiguar los motivos.

Resulta que mi cliente lleva poco aporreando un teclado, como él define, pero que en ese tiempo ya ha constatado que, actualmente en nuestro país, aspirar a vivir de los beneficios que dejan los derechos de autor es poco menos que una utopía. Me aseguró que en España hay decenas de miles de escritores soñando con ello: decenas son los pocos que lo consiguen y muchos miles los que ni siquiera logran publicar sus novelas.

«Es como si tú supieras que el vino es excelente pero no te dejaran embotellarlo» –argumentó.

Luego bajó la voz para confesarme que al autor le queda poco más de un euro limpio por cada ejemplar vendido. Pero aquello no supe valorarlo en su justa medida hasta que me subrayó que lo habitual es que una novela no supere los mil quinientos ejemplares, que a partir de cinco mil se considera un éxito editorial y que los superventas representan un porcentaje ridículo de los títulos que se lanzan al mercado. Le miré exactamente con la misma incredulidad con la que me está mirando usted en estos momentos.

En tal mascarada, me costaba encajar su mueca rebosante de felicidad.

«Barcelona bien vale una sonrisa» –añadió.

Entonces, me explicó lo que supone para un escritor participar en un juego en el las casillas son unas calles y las fichas sus habitantes; el dado siempre les lleva de librería en librería –y compro porque me toca–; el reto es conseguir la rúbrica de los autores; y el premio la sonrisa de la persona a quien regalas el libro.

«Aunque solo sea por un día» –concluyó.

Le invité a un último vino, aunque solo fuera ese día.

 

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Jon Sistiaga
César Pérez Gellida 21-04-2014 | 6:51 | 14

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 21 de abril de 2014

 

Resulta que lo volví a ver hace poco.

El reportaje de Jon Sistiaga No es país para mujeres me dejó francamente tocado la primera vez y todavía no alcanzo a comprender qué extrañas razones me empujaron a verlo de nuevo. Quizá quisiera ofrecer otra oportunidad a aquellas mujeres, aunque solo fuera para contarme de nuevo su miserable vida en un miserable país dirigido por castas de hombres miserables. ¿Quién sabe? Lo cierto fue que me volvió a generar ese sentimiento hacia los humanos, opuesto a la conmiseración, y del que últimamente no consigo despegarme.

Y si no sabe de lo que le estoy hablando solo tiene que buscar en Internet los reportajes que factura este irundarra de pelo cano; un periodista mayúsculo que, si aún conserva el pellejo, es por puro azar.

Le pongo uno con cuerpo, que lo va a necesitar.

Jon Sistiaga es de los que les gusta echar sal en la herida y, como este planeta le sobran llagas y pústulas, no le faltan lugares a los que viajar para alumbrar desde el terreno eso que a nadie le interesa siquiera mencionar.

Porque nos abochorna.

Así, acompañado por su inseparable cámara, el bonaerense Hernán Zin, ha recorrido Afganistán para mostrarnos como se sobrevive rodeado de bombas; en Argentina se jugó la cara –y no es un eufemismo– para denunciar eso que esconde el deporte rey; en Uganda nos invitó a un safari donde la pieza más cotizada es el homosexual; en la América del odio subrayó el racismo aún latente en la tierra de las libertades; en Somalia convivió con los señores de la guerra; y en Méjico se subió a los lomos de la bestia para viajar con los que no tienen más que sueños imposibles por cumplir.

Todo al alcance de sus ojos, si es que se atreve a enfrentarse con su reflejo, porque en los reportajes de Jon Sistiaga, salimos todos retratados.

Pero pruebe el vino, amigo, que ya cerramos.

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Chaleco antitodo
César Pérez Gellida 15-04-2014 | 8:24 | 16

Artículo de César Pérez Gellida publicado el 14 de abril del 2014 en El Norte de Castilla.

 

Cuando me enteré de que la fecha de las elecciones europeas era el 25 de mayo no pude por menos que resoplar con hastío. Quedaban siete semanas completas, con todos sus días, sus horas, sus minutos y segundos siendo bombardeados con propaganda política de destrucción masiva; acribillados en el clásico cruce de falsas acusaciones; ametrallados sin piedad contra el paredón de los medios de comunicación para, inmediatamente después, ser rematados con el clásico tiro de gracia participativo, ese que nos atraviesa el cerebro con proyectil del calibre «vote».

Pero en esta ocasión, con este cantinero, han pinchado en hueso.

Si tiene tiempo le sirvo un poco más de ese joven y se lo cuento.

Resulta que he adquirido un chaleco «antitodo». Es infalible, ya nada me afecta. Como lo oye. Ahora, cuando leo un titular relacionado con aquellos que nos metieron o estos que nos van a sacar, paso página como si tal cosa; en el momento en que escucho en la radio una palabra del listado tabú, cambio de emisora y, en cuanto reconozco en la TV un futuro candidato o un presente ya electo, mi dedo pulgar no para hasta encontrar la salida. Lo probé el día que Esperanza Aguirre salió a dar explicaciones ante los medios por su acto cargado de soberbia y velada impunidad. Me lo puse nada más ver esa estudiada cara de anciana a la que se le ha escapado el gatito no sabe cómo, se le ha subido al árbol del vecino.

Ni me enteré de lo que arguyó.

Además, la prenda en cuestión no cuesta nada y, aunque no está fabricado en kevlar ni en grafeno, viene totalmente acolchado de indiferencia. Es ligero, auto ajustable, unisexy talla única.

Así, cuando llegue la fecha señalada pueden ocurrir dos cosas: que salga el sol o que no, pero este cantinero ya ha decidido que no pasa por las urnas. Y que gane el que le toque, que al día siguiente va a seguir siendo lunes y aquí abrimos.

 

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Transhumanismo
César Pérez Gellida 08-04-2014 | 9:13 | 8

Artículo de César Perez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 7 de abril de 2014

 

El término no es nuevo. Recoge una forma de pensar que nació en los años cincuenta y que aboga por exprimir al máximo los avances de la ciencia con el fin de minimizar los defectos inherentes al ser humano. Dicho de otra forma, explorar los caminos que nos lleven a la perfección como especie.

Ahí es nada.

Y lo cierto es que, sin darnos apenas cuenta, ya hemos recorrido buena parte de ese trayecto. La descodificación completa del genoma humano y la reciente clonación de células madre embrionarias han acelerado vertiginosamente los progresos de la ingeniería genética y bioingeniería. Se prevé que en los próximos años se produzca un salto muy importante en el ámbito de la medicina en general y en el de la medicina regenerativa en particular.

A partir de aquí todo suena a ciencia ficción. Le pongo otro vino y se lo cuento.

Ya es posible reparar y remplazar –parcial o totalmente– tejidos humanos. El siguiente paso consistirá en cultivar órganos a demanda gracias a una bioimpresora 3D, cuyos cartuchos están cargados con células de todo tipo y condición. Si necesita un corazón, vaya ahorrando.

Sepa usted que en septiembre del 2013 científicos austríacos han logrado crear tejido cerebral y se estima que en menos treinta años los humanos estaremos en disposición fabricar un cerebro completo.

Algunos necesitarán dos, pero eso ya es otro discurso.

Será cuestión de tiempo que alguna mente preclara de esas que ya están trabajando en ello logre codificar los datos contenidos en la materia gris para su trasvase posterior a un dispositivo de almacenamiento externo o bien…, en otro cerebro cultivado con las células madre embrionarias del mismo sujeto al que se la ha practicado esa transferencia cerebral.

La inmortalidad al alcance la mano del hombre. Perdón, quería decir la inmortalidad al alcance de quien se la pueda pagar. Y quiera.

Le sirvo el penúltimo, que cerramos.

 

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El hombre que casi conoció a Nacho Vegas
César Pérez Gellida 01-04-2014 | 8:15 | 4

Artículo de César Pérez Gellida, publicado en El Norte de Castilla el 31 de marzo de 2014

 

Se aproxima una fecha importante: el 8 de abril Nacho Vegas publica su último trabajo, Resituación.

Soy poco mitómano, o eso creo, pero si tengo que reconocer alguna excepción, estas se concentran en el universo de la música. Me vienen a la cabeza Brian Molko, David Gaham, Bunbury y este asturiano de mirada tan incierta como cargada de pesadumbre. A Nacho Vegas le rodea un halo arcano que funciona como un anticipo de las letras de sus canciones, porque en su música todo es lo que parece y nada es verdad. Quizá por eso me genera tanta admiración, porque me lo creo como persona.

Vale, es posible que hoy me haya tomado un par de crianzas de más, pero como le decía al principio, el acontecimiento lo justifica.

Ahora permítame que aproveche la calentura para hablarle de esos dos impostores –como definía Kipling– que son el éxito y el fracaso. Me ha hecho pensar en ello la reciente pérdida de Leopoldo María Panero, el poeta del que tanto se ha hablado últimamente, ese que, como otros antes que él, ha pasado de loco a genio en el mismo momento en el que su corazón ha dejado de latir. Porque con esos que destacan y nos cuesta entender los motivos preferimos esperar a que estén bien muertos para otorgarles el reconocimiento que merecen. Y porque los mortales tendemos a elevar a la categoría de dioses a los que vivieron más cerca del infierno que del cielo, dejando su legado en un segundo plano. Legado como el que nos dejó Panero, o como el que nos está regalando Nacho Vegas.

Con un vino más empezaré a creer que todo esto se debe a que, en realidad, nos gusta mucho más el olor del azufre que el de las nubes, que no huelen.

Personalmente, y como él dice en su canción sobre Michi Panero, me encantaría poder contar que casi conocí en una ocasión a Nacho Vegas.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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