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Barcelona bien vale una sonrisa
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César Pérez Gellida | 15-05-2014 | 11:09

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 28 de abril de 2014.

 

Tengo un buen cliente que es escritor. Recientemente me contaba que ha estado en Barcelona participando en los actos de celebración del día de Sant Jordi; ya sabe, esa fiesta en la que se acostumbra a regalar un libro y una rosa cuando el 23 protagoniza el mes de abril.

Le vi francamente entusiasmado y, ante tanta euforia –y como corresponde a mi condición de cantinero–, abrí una investigación con el objeto de averiguar los motivos.

Resulta que mi cliente lleva poco aporreando un teclado, como él define, pero que en ese tiempo ya ha constatado que, actualmente en nuestro país, aspirar a vivir de los beneficios que dejan los derechos de autor es poco menos que una utopía. Me aseguró que en España hay decenas de miles de escritores soñando con ello: decenas son los pocos que lo consiguen y muchos miles los que ni siquiera logran publicar sus novelas.

«Es como si tú supieras que el vino es excelente pero no te dejaran embotellarlo» –argumentó.

Luego bajó la voz para confesarme que al autor le queda poco más de un euro limpio por cada ejemplar vendido. Pero aquello no supe valorarlo en su justa medida hasta que me subrayó que lo habitual es que una novela no supere los mil quinientos ejemplares, que a partir de cinco mil se considera un éxito editorial y que los superventas representan un porcentaje ridículo de los títulos que se lanzan al mercado. Le miré exactamente con la misma incredulidad con la que me está mirando usted en estos momentos.

En tal mascarada, me costaba encajar su mueca rebosante de felicidad.

«Barcelona bien vale una sonrisa» –añadió.

Entonces, me explicó lo que supone para un escritor participar en un juego en el las casillas son unas calles y las fichas sus habitantes; el dado siempre les lleva de librería en librería –y compro porque me toca–; el reto es conseguir la rúbrica de los autores; y el premio la sonrisa de la persona a quien regalas el libro.

«Aunque solo sea por un día» –concluyó.

Le invité a un último vino, aunque solo fuera ese día.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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