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Sesenta kilos
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César Pérez Gellida | 26-05-2014 | 17:07

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 26 de mayo de 2014

El otro día se pasó por esta cantina el escritor del que ya le he hablado anteriormente. Portaba una novela que me llamó poderosamente la atención por tener la cubierta tintada de un amarillo un tanto premonitorio. No resistí la curiosidad y le pregunté.

Casi me arrepiento.

Se trataba de Sesenta kilos, escrita por Ramón Palomar, un periodista francófilo pero de costumbres muy peninsulares. La definió como «novela negra cañí» pero no había connotaciones negativas en el epíteto, más bien lo contrario:

«Una novela negra, negrísima –empezó diciéndome– en cuyas páginas no aparecen policías ni detectives, ni investigadores de ninguna clase; ni falta que le hace. Un argumento que no se parece a nada, al margen de todo, porque marginados son los que la protagonizan: Charli, un perdedor de poca monta de esos que más pronto que tarde la terminan montando; el Nene, un inadaptado con esquela maquetada en espera de publicación; Frigorías, el pez gordo que siempre gana, menos cuando pierde; el Tiburón –su preferido–, un matón mordedor, muerto en vida por amor; y finalmente, un aderezo casi inédito en nuestra cocina literaria, ese que aporta el clan gitano compuesto con el Marqués, Yeyo y Arturito».

Ninguno de ellos sería bienvenido en esta cantina, puede usted estar tranquilo.

«Con ese cartel –continuó enfervorizado–, Palomar teje una trama convulsa, perfectamente hilvanada con los hilos de la traición al más puro estilo patrio, donde predominan el rojo sangre y el amarillo vergonzante».

En ese punto me comprometí a comprar la novela según pusiera los pies en la calle, pero no debí de ser muy convincente porque mi cliente, el escritor, añadió:

«Algún día me gustaría manejar el léxico con la soltura que lo hace Palomar, disparando palabras hasta apiolar al lector, asfixiándolo en cada página, masacrándolo en memorables capítulos en los que el mejor chaleco antibalas no es sino cartón pluma. Y es calvo, como el que regenta este establecimiento –remató».

Lo empecé ayer y ayer lo terminé.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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