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Fecha: junio, 2014
Cerrado por vacaciones
César Pérez Gellida 30-06-2014 | 1:24 | 12

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 30 de junio de 2014
No sé si nos las merecemos o no, pero la Cantina del Calvo cierra hoy por vacaciones. Desde febrero hemos puesto muchos asuntos encima de esta barra, tantos como los que se nos han escapado entre los mimbres de nuestra alocada actualidad.
Toca hacer balance de estos cuatro meses. Tome asiento y déjeme que le sirva uno que tengo guardado para la ocasión.
En clave política habría que destacar la irrupción de Podemos que, al margen ideologías e idearios, parece que podría resultar beneficioso para paliar los  achaques bipartidistas de nuestra democracia. Rubalcaba se va y otro vendrá, como las oscuras gaviotas, en tu balcón sus nidos a colgar. También hemos asistido al adiós de un rey, acorralado en el empeño por lavar la cara de una institución a la que le han salido muchas manchas, espinillas de la corrupción. Felipe VI debuta antes de tiempo y apunta maneras, pero el tiempo dictará sentencia, como con su hermana la Infanta si la fiscalía no lo impide.
Deportivamente, el fútbol sembró de sonrisas la capital, repartiendo títulos a madridistas y atléticos; en Barcelona festejaron los amantes del balonmano y el baloncesto. Paralelamente, Valladolid se consolidaba como capital del rugby español y Rafa Nadal como rey de reyes en Roland Garros. El bofetón nos llegó desde Brasil, donde fuimos a por la segunda estrella y volvimos estrellados, por la puerta de atrás y la cara del color de la camiseta.
Fuera de nuestras fronteras nos seguimos matando, ahora en Ucrania, ahora en Sudán, pero siempre siempre en las pacificadas Iraq y Afganistán.
–¿Y los mercados?
–¡Y qué más da! Por aquí sigue habiendo mucho paro y nuestros jóvenes se van. ¡Pero sigamos mirándonos al ombligo, confiando en que salga sol, y luzca, y cuando llegue el invierno…, que otro nos preste su abrigo.
Cerramos, sí, pero volveremos en septiembre, que con un poco de buen vino y mucha mala leche no hay quien se disperse, que como dice un amigo mío pelirrojo:
«¡Hay que joderse!».

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El corsario ultrajado
César Pérez Gellida 23-06-2014 | 8:23 | 8

Artículo de Cesar Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el  23 de junio de 2014.

 

Me lo contaba mi amigo el escritor, algo abochornado por cierto. Resulta que su compañero de oficio, Juan Gómez-Jurado, ha tuiteado recientemente una captura de pantalla de una conocida página de descargas ilegales en la que un corsario se quejaba amargamente de que otro bucanero como él, pero con muy pocos principios, había tenido la desfachatez de robar sus enlaces piratas para que los clientes de su web pudieran hacerse gratuitamente con El emblema del traidor, novela firmada por el mencionado escritor.

El corsario ultrajado no alcanzaba a comprender tamaña injusticia, aderezada alevosamente por haber sido pergeñada por un camarada que surca las mismas agitadas aguas de Internet.

Muy feo el agravio. Terrible ofensa.

La conversación despertó mi curiosidad sobre el mundo de las ventas digitales y quise saber.

–Las descargas legales significan entre un dos y un cinco por ciento de las ventas en papel y se estipula que por cada una de ellas se producen diez ilegalmente. Pero más allá de las cifras –continuó–, el problema radica en que no existe percepción de delito por parte de quien descarga, ni siquiera del que se lucra subiendo estos contenidos robados a sus webs, como la del corsario ultrajado.

Antes de despedirnos nos tomamos un vino por la salud de Juan Gómez-Jurado, otro por la del bucanero sin principios y otro más, como no, por la del corsario ultrajado.

Percepción de delito. Me quedé con esas palabras y las metí en la batidora de la corrupción que alimenta nuestro sistema político y financiero. Salió esa pasta renegrida tras la que se parapetan los que meten la mano en la caja de todos con la firme convicción de que son inmunes. Porque navegan en aguas que conocen muy bien, donde sus camaradas no ultrajan lo que es suyo porque hay para todos. Porque la percepción de delito no existe hasta que un juez demuestre lo contrario. Y tal día hizo un año, que se me termina la legislatura y que venga el siguiente, que lo mío lo tengo en Suiza como oro en paño.

A todo esto, El emblema del traidor se puede comprar legalmente por el abusivo precio de 1,49 €.

 

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Apagón mundial.
César Pérez Gellida 16-06-2014 | 12:35 | 8

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 16 de junio del 2014.

 

Al mismo tiempo que se procedía al encendido de los focos en los estadios brasileños se producía el apagón de las luces que enfocaban otros asuntos. Sucede cada cuatro años y aunque el fenómeno afecta a casi todos los rincones del planeta, en nuestro país la sombra del fútbol lo oscurece todo.

Vaya por delante que este cantinero disfruta como el que más con un evento deportivo de este calado y se emociona solo con pensar en la posibilidad de cosernos la segunda estrella en el escudo que adorna la roja. Fuimos campeones del mundo y eso no nos lo quita ni la Patronal ni el Gobierno. Somos legión los que pretendemos seguir disfrutando del viaje que arrancó hace seis años en Viena con Luis Aragonés y que todavía continuamos con Del Bosque, levantando una copa cada vez que nos apeamos del autobús.

Ahora bien, a muy pocos se nos escapa que durante esas cuatro semanas, en nuestras conversaciones sobre el asfalto nada de lo que suceda en España le va a robar el protagonismo a lo que ocurra sobre el césped. Ya pueden surgir una docena más de candidatos a la Secretaría General del PSOE que si nos preguntan por sus nombres recitaremos el último once titular de Vicente del Bosque. Pero esto no es nuevo, los romanos ya descubrieron los beneficios de entretener a las masas y lo resumieron con gran acierto en la expresión: panem et circenses. Un lástima que hasta nuestros días solo haya llegado lo segundo.

Dicho esto, permítame que haga a una reflexión personal muy de cantina: bienvenido sea el apagón. Porque la capacidad para masticar y digerir todo lo que nos están haciendo tragar es limitada –aunque Montoro piense lo contrario–; porque necesitamos una válvula de escape temporal y que cada uno lo celebre con la bandera que le parezca.

Necesitamos volver a sentirnos campeones del mundo, aunque sea de fútbol.

Y posibilidades tenemos.

¡Que nos sobra la casta, y podemos!

 

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A media asta
César Pérez Gellida 09-06-2014 | 5:16 | 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 9 de junio de 2014.

 

La noticia de la abdicación ha traído mucha polémica a esta cantina, pero de todos los debates abiertos en esta barra, el que más me ha llamado la atención es el que rodea al asunto de la bandera. Es curioso, porque existe bastante desconocimiento sobre orígenes de estos dos trapos de colores –desde el respeto, entiéndase–, en cuya diferencia cromática parecen cobijarse valores mayúsculos que nos distinguen a unos y otros, cuando lo que esconde en realidad no es más que nuestra tamaña estupidez.

La conocida como bandera republicana fue aprobada en 1931 por el gobierno de la Segunda República presidido por Manuel Azaña. El motivo del cambio de color en la última franja se explicaba así: “por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad…”. El extracto del Real Decreto refrendaba el papel de Castilla en la unidad nacional y, en la misma tirada, pretendía compensar la predominancia del amarillo y el rojo, originarios de la corona de Aragón. De esta forma, si el encargado de decidir el pantone con el que tintar la nueva bandera republicana no hubiera sufrido un ataque daltónico, habría sido casi idéntica a la que tanto repudiaban dado que el color de Castilla es el carmesí, no el púrpura cardenalicio que terminó exhibiendo la tricolor.

Dicho esto, es de dominio público que el conflicto que subyace tras los paños tiene que ver con las connotaciones tejidas por unos pocos durante la Guerra Civil, cuando cada bando se apropió de su estandarte para distinguirse del enemigo. Sin embargo, se nos olvida que la mayoría de los que estuvieron en las trincheras no pudieron elegir el color por el que les tocó apretar el gatillo.

De aquellas lluvias estos lodos.

Y miré usted que han pasado años pero todavía seguimos quitándonos el barro de la cara al tiempo que enarbolamos enseñas para diferenciarnos del vecino de enfrente; como si así se fueran a solucionar nuestras miserias, que son las de todos, incluida nuestra bandera.

Porque sea cual sea, mientras no vire el viento, ondeará a media asta.

 

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Tres funerales y una boda
César Pérez Gellida 03-06-2014 | 6:42 | 6

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 2 de junio de 2014

Para el deporte vallisoletano, las aguas del Pisuerga han bajado más que turbias, salvajes. Y en esa poderosa corriente se han visto arrastrados los tres clubes de la ciudad con mayor masa social hasta perder la categoría en la desembodura del descalabro. El Real Valladolid luchó hasta la última jornada, si bien es cierto que no fue capaz de ganarse la permanencia en Zorrilla y la aventura en primera terminó anegada en lágrimas. Por el pabellón Pisuerga no hubo drama porque por no haber no hubo nada. Y el que no nada se ahoga, hudiéndose con el lastre de ser el peor equipo en toda la historia de la ACB. Mucho se ha sufrido también en Huerta del Rey, donde la pésima gestión económica de unas ya esquilmadas arcas ha provocado que el equipo más laureado de la capital castellana descienda después de treinta y seis temporadas en la máxima categoría nacional.

Hasta donde alcanza la memoria de este cantinero, no recuerdo que se haya producido una debacle igual –a nivel deportivo, entiéndase– en ninguna otra ciudad del país. Tres velatorios simultáneos exentos de exequias; tres augurados réquiems con una despiadada partitura que nadie pretendía interpretar.

Tres funerales.

El Alcalde de Valladolid alega que el Ayuntamiento no puede ser el flotador de todos los clubes de la ciudad, y mal que nos pese, tiene razón. El dinero público tiene otros propósitos más elevados.

Pero esto ya lo entendieron hace unos años –¿décadas?– los que ahora están de boda.

Me refiero a dos de nuestros equipos de rugby de Valladolid. En el momento en el que esté leyendo estas líneas, uno se habrá proclamado campeón de la liga de División de Honor y el otro habrá sido más que un digno finalista. Sí amigo, el VRAC y el CR El Salvador son los dos mejores clubes de rugby del país, sin motores institucionales, con lo puesto: mucho esfuerzo, más ilusión y el apoyo total de sus aficiones.

Así que brindemos por ello, por ellos, porque se lo merecen, porque nos lo merecemos.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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