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A media asta
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César Pérez Gellida | 09-06-2014 | 15:16

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 9 de junio de 2014.

 

La noticia de la abdicación ha traído mucha polémica a esta cantina, pero de todos los debates abiertos en esta barra, el que más me ha llamado la atención es el que rodea al asunto de la bandera. Es curioso, porque existe bastante desconocimiento sobre orígenes de estos dos trapos de colores –desde el respeto, entiéndase–, en cuya diferencia cromática parecen cobijarse valores mayúsculos que nos distinguen a unos y otros, cuando lo que esconde en realidad no es más que nuestra tamaña estupidez.

La conocida como bandera republicana fue aprobada en 1931 por el gobierno de la Segunda República presidido por Manuel Azaña. El motivo del cambio de color en la última franja se explicaba así: “por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad…”. El extracto del Real Decreto refrendaba el papel de Castilla en la unidad nacional y, en la misma tirada, pretendía compensar la predominancia del amarillo y el rojo, originarios de la corona de Aragón. De esta forma, si el encargado de decidir el pantone con el que tintar la nueva bandera republicana no hubiera sufrido un ataque daltónico, habría sido casi idéntica a la que tanto repudiaban dado que el color de Castilla es el carmesí, no el púrpura cardenalicio que terminó exhibiendo la tricolor.

Dicho esto, es de dominio público que el conflicto que subyace tras los paños tiene que ver con las connotaciones tejidas por unos pocos durante la Guerra Civil, cuando cada bando se apropió de su estandarte para distinguirse del enemigo. Sin embargo, se nos olvida que la mayoría de los que estuvieron en las trincheras no pudieron elegir el color por el que les tocó apretar el gatillo.

De aquellas lluvias estos lodos.

Y miré usted que han pasado años pero todavía seguimos quitándonos el barro de la cara al tiempo que enarbolamos enseñas para diferenciarnos del vecino de enfrente; como si así se fueran a solucionar nuestras miserias, que son las de todos, incluida nuestra bandera.

Porque sea cual sea, mientras no vire el viento, ondeará a media asta.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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