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Amigo mercenario
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César Pérez Gellida | 29-09-2014 | 09:26

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 29 de septiembre de 2014.

 

Hay dos tipos de amigos, los que lo son y los que no. Solemne estupidez, sí, pero que levante la mano quién no se haya llevado una buena puñalada asestada por ese al que considerábamos un buen amigo o amiga.

Ruiz-Gallardón sabe bien lo que digo.

Algunas cuchilladas duelen más que otras, pero las que te dejan mal parado son esas que no se ven venir; esas que sientes cuando el machete ya está muy dentro, desgarrándote, produciéndote una hemorragia que parece imposible de contener; pero solo lo parece, porque de esas heridas lo único que muere es la amistad.

Y dado que, a este cantinero todavía le sangra la suya, voy a compartir con usted mi experiencia por si pudiera detectar y reconocer a ese amigo mercenario. Suele tener cara de colega de toda la vida, desconfíe, no es si no su camuflaje. Su chaleco antibalas es una buena fachada gracias a la cual protege su vulnerabilidad interna y su arma principal es la palabrería; balas de punta hueca, vacías. Se parapeta tras de ti cuando lo necesita pero si te ves bajo fuego cruzado no le busques porque ha desaparecido, escondido cobardemente en tu trinchera. Como buen soldado de fortuna su lealtad depende del precio, al alcance de cualquiera, del mejor postor. Habitualmente tiene costumbres solitarias, lobunas, y como fiera sin dientes que es, hace alarde de su independencia cuando, en realidad, añora y desea que alguien le acaricie el lomo. Y mataría por ello si no fuera porque nunca utiliza su munición, gasta de la tuya. Está curtido en cientos de batallas, siempre derrotado, pero es un superviviente nato que sabe reinventarse para acudir a otro frente donde poder saquear.

Tu amigo mercenario es ese que los que te quieren no tragan, ese que todos detectan porque reconocen sus escamas; todos menos tú.

Si te sirven estos consejos pásate por aquí a celebrarlo, la casa invita. Y si, desgraciadamente, vienes malherido, no llores, también tenemos del licor que todo lo cura.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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