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El cabroncete Nicolás
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César Pérez Gellida | 27-10-2014 | 07:24

Artículo de César Pérez Gellida publicado en El Norte de Castilla el 27 de octubre de 2014

 

Algunos pensarán que este adolescente con cara de estudiante de primera bancada y atuendo oficial de empresario de éxito es el joven más listo que ha dado nuestro país desde que muriera Antonio Pérez, Secretario del Consejo de Estado con Felipe II. La diferencia radica en que este último además era inteligente, a la par que gran manipulador, asesino inductor y brillante estafador.

Los hechos apuntan a que Francisco Nicolás, inmerso en un procaz delirio megalómano, ha estafado unos cuantos miles de euros a empresarios de los de verdad. Resulta muy difícil de entender que alguien que sea capaz de anudarse una corbata haya creído que este pubescente fuera agente del CNI, o pudiera estar desempeñando un cargo de asesor del Gobierno, que conociera personalmente a Vladimir y Barack, o mejor aún: que fuera testaferro del jefe del Estado español, Felipe VI.

El chaval merece un Goya.

Es para descojonarse vivo o morirse de la risa, lo sé, aunque en esta cantina tememos que los empresarios que presuntamente han sido engañados por este mocete de mirada triste y peinado aznaroso no estarán de acuerdo. El juez que instruye el caso no daba crédito tal y como reconoce en el auto, pero todo parece indicar que, este veinteañero que tiene por modelo declarado a Alejandro Agag –hágase cargo, su señoría, porque podría ser considerado como agravante–, se la ha metido doblada a más de dos.

De los padres biológicos lo único que se sabe es que apoyan incondicionalmente la teoría que sostiene que una mano negra se la ha jugado a su tierno bisoño. Resta por saber qué dice el resto de su «familia», esa que, con su conducta ejemplar, amamantó los idilios de grandeza del pequeño Nicolás para convertirlo en un pequeño cabroncete; esos que aseguraban que España iba bien y omitían el resto de la frase: «…pero solo para mis amigos»; esos que posaban tan alegremente en los collage de Nicolás.

Porque de otra forma, esta y otras historias no se entienden, ni se entenderían, porque son como los unicornios: de fantasía.

 

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Sobre el autor César Pérez Gellida
Observaciones muy de cantina bajo los efectos de los taninos.

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