Siempre me pareció una injusticia en el mundo de la función pública la nula intervención de las personas que por su nivel y puesto de trabajo no ejercían la totalidad de sus funciones.
Así trabajadores de todas las categorías abusaban del tiempo, del relax y del cumplimiento del horario. En cualquier caso como nadie les llamaba la atención seguían haciendo uso de ese privilegio. Nadie iba a poner el cascabel al gato, ni siquiera el político de turno que al fin y al cabo solo estaría cuatro años.
Al resto de los trabajadores les daba mucho dolor tanta injusticia y por supuesto no se dejaba llevar por el ejemplo, aunque sin duda la idea se pasaba por sus mentes. Cargar el trabajo en los hombros de otro o directamente dejarle encima de la mesa era lo habitual. El “vuelva usted mañana” se llevaba aunque con hechos más que con palabras. La gente cumplidora deseaba que aquellos que tenían la responsabilidad llamasen la atención por agravio comparativo y de forma bastante directa por los ciudadanos o usuarios.
Muy al contrario de llamarles la atención se les solía apartar a veces físicamente y a veces de sus funciones para que no dieran guerra ni bocearan. Con lo cual construían su feudo a consta de los otros compañeros y de la desidia de los dirigente.
Nunca, ningún partido político, ideas diferentes, jefes diferentes cada uno hijo de su madre con caracteres distintos tenía la más mínima intención de arreglar esta anormalidad intolerable

