Poco premio para tanto fútbol

Madrid 4 Valladolid 3


Pocas veces se verá un equipo visitante tan descarado en uno de los campos más difíciles del mundo. Amén que el Madrid estaba todavía con el ‘shock’ anímico de la eliminación en Liga de Campeones, pero también eso obligaba a doblegar al Valladolid para no tener descontenta a la parroquia local.


En una primera parte muy vistosa, los de Djukic salieron a por todas, dominando el balón y marcando el tempo del partido. Álvaro Rubio y Víctor Pérez desplegaron todo su fútbol y el centro del campo blanco se veía desarbolado, sin opciones de tener el balón y sin llegadas al área rival. Por su parte Omar y Óscar se encontraban muy cómodos entre líneas, tocando y asociándose con asiduidad. El primer gol llegó en una mala salida de balón local que Óscar logró interceptar antes de que la pelota llegara a Carvalho. Lo demás, lo de mucho días, mano a mano con el arquero y gol, ya van 12 en su cuenta particular. Fueron minutos de dominio claro blanquivioleta donde el Madrid se encontraba muy incómodo.

Al rescate de los blancos apareció Di María que, con su verticalidad, fue un calvario para Balenziaga en una fase de la primera parte, aunque luego el vasco lo supo contener mejor. Una acción del argentino, mezclada con una gran dosis de fortuna, hizo la igualada en el marcador. Su disparo tocó en Valiente y despistó por completo a Jaime que fue a donde inicialmente iba el balón. Ahí el Valladolid empezó a sentirse agobiado por el Madrid ya que Modric y Cristiano empezaron a entrar en juego espoleados por el empate del argentino. Otra vez Di María apareció a la media hora de juego para meter un buen envío al área, Cristiano ganó por arriba la partida y de cabeza puso en ventaja al Madrid. El Valladolid sufría en exceso en el juego aéreo y cada balón, cuando cogía altura, comenzaba a ser un suplicio para los jugadores vallisoletanos y una agonía para los más de mil pucelanos que estaban en las gradas del Bernabéu.


El Madrid había puesto el partido de su lado pero el Pucela lejos de bajar los brazos recuperó la igualada en el marcador. Fue en una buena acción de Ómar que le dió la pausa necesaria a una jugada para leer el desmarque de Javi Guerra y colocar el pase perfecto a la espalda de los centrales y de cara a la carrera del delantero. El nueve no tuvo más que meter la pierna y dejar la pelota en la red.


En la segunda mitad el Madrid salió más dañino, intentando finiquitar el partido y que el rival no se le volviera a subir a las barbas. Kaká pronto puso por delante otra vez a los locales en un buen servicio de Benzema. Fueron los instantes de mayor asedio a la portería de Jaime y el partido parecía que se podía romper para el lado merengue. Cristiano, de nuevo de cabeza, a la salida de un córner, destapaba otra vez la mayor debilidad de los de Djukic para hacer el 4-2, que aunque era distancia importante, nunca dio sensación de dejar cerrado el encuentro.


Entonces el Valladolid no le quedaba más que tirar de coraje, de garra y de Óscar. El salmantino pudo reducir distancias en dos ocasiones pero Diego López desbarató ambas rechazando el balón al costado. Sastre redujo diferencias en una gran volea desde más allá del borde del área. Pero apenas quedaban tres minutos para el final y el Pucela no pudo sumar lo que hubiera sido, cuanto menos, un punto muy merecido y meritorio.

Tablas en Zorrilla

​Sumar es sumar, y más cuando el margen de maniobra es amplio y las jornadas se van reduciendo. Para mayor convencimiento en dicha teoría, el Pucela hoy no fue mejor que su rival. El Sevilla tuvo más opciones de gol que un Valladolid que fió demasiado sus esperanzas de victoria en 4 hombres. Tres de ellos para atacar y uno para defender. Jaime respondió siempre que la meta estuvo en apuros y los de ataque, Ebert, Óscar y Guerra, lo hicieron a cuenta gotas y casi fue suficiente para que los puntos se quedaran en casa.

​Mientras Negredo iba sumando de igual manera ocasiones y errores, al Valladolid le bastó con una buena asistencia de Ebert y una gran definición de Javi Guerra para cobrar ventaja en el marcador a pocos minutos para el final del primer acto. Sin excesivo mérito, los blanquivioletas encarrilaban un partido que al final terminó en tablas debido a un inexistente penalti que el colegiado señalizo en contra de los de Djukic y que Negredo convirtió en gol. ​Faltaban 25 minutos para el final una vez reestructurada la igualdad en el marcador y el juego de unos y otros parecía acercarse al juego de la ruleta rusa. Reyes y Rakitic y el propio Perotti, que salió en la recta final, asistían una y otra vez a un Negredo encorajinado en seguir sumando ocasiones erradas. A ello se sumó el nueve local, ya que Guerra a falta de seis minutos y con todo a favor terminó lanzando por encima del larguero todas las esperanzas pucelanas de conseguir la victoria.

Al final un punto que deja más cerca de la permanencia al Real Valladolid y que le sigue manteniendo lejos de puestos agónicos de la clasificación.

Merecida victoria, dulce final

Valladolid 2 Getafe 1


Llegaba el Getafe a Valladolid en busca de pescar algo en río revuelto, después de los hechos acontecidos contra el Pucela en Valencia. El guión era perfecto para los azulones, que a pesar de no molestarse demasiado en buscar la portería rival, encontraron el gol en la cabeza de Alcácer, ayudado por la indecisión de Dani Hernández en un pelotazo al área enviado por Borja, justo antes del descanso. De un plumazo y en el último suspiro, los de Luis García cobraban ventaja en un partido que en juego y oportunidades había merecido otro resultado totalmente diferente.


El Valladolid había salido al campo a dominar y a tener el balón, presionar arriba, robar rápido y sali como escopetas buscando la portería de Codina. Larsson entendió ese mensaje a la perfección y ofreció su versión más vertical. Cada pelota que el sueco tocaba era peligro, pero siempre terminaba en eso por falta de suerte y definición en los últimos metros.


Tras el mazazo del gol visitante parecía que nada de eso valía y había dudas de como iban a afrontar los jugadores blanquivioletas los segundos cuarenta y cinco minutos. Pero tras el pitido inicial del colegiado, los de Djukic acosaron con más fútbol y mejor juego a un Getafe que se abroqueló en su área en busca de defenderse como gato panza arriba. Era una situación propicia para que aparecieran los estandartes de este equipo y Rubio, Óscar y Ebert lo entendieron a las mil maravillas. El riojano coordinó todas las salidas de balón a la perfección, el salmantino encontró espacios a la espalda de todos los defensas y el alemán cada desplazamiento de balón lo hacía al sitio exacto y donde más daño se podía hacer. Óscar dispuso de varias acciones para igualar el marcador, pero no acertó hasta que Álvaro Rubio colocó un balón digno del mejor arquitecto y el diez remató a la perfección de cabeza poniendo el balón lejos del alcance de Codina.


La guinda al pastel la puso Javi Guerra que sustituyó a Manucho. Si el Valladolid tiene el balón, Guerra es mucho más aprovechable que el angoleño, pensaría Djukic y acertó. El malagueño certificó la remontada con un disparo cruzado, raso y fuerte. El Valladolid consiguió rehacerse ante todas las adversidades que se había encontrado por el camino. En los últimos minutos terminó dando un paso atrás, más bien por el miedo innato de perder lo que tanto había costado conseguir, que por mérito del rival, que ofreció tan poco, que el resultado final fue lo más justo.


Victoria balsámica de un Valladolid que recupera la senda de la victoria y ya roza la permanencia.

La mala suerte y las adversidades se ceban con el Pucela

Valencia 2 Valladolid 1


Necesitó quedarse con 10 el Real Valladolid para plantar cara con sus armas a un Valencia que se las prometía muy felices cuando, estando en ventaja en el marcador, se cobraba un penalti a su favor y el rival se quedaba con un jugador menos sobre el campo.


Hasta ahí, el partido había sido controlado por los locales. Los de Djukic no ofrecían demasiada resistencia a un Valencia que no había sentenciado el choque, entre otras cosas, porque Dani Hernández había salido ileso en un mano a mano con Canales y en otra buena intentona de Soldado. El desequilibrio en el marcador llegó en un infortunio toque de balón de Balenziaga hacía su propia portería a la salida de un córner. El lateral no quiso dar al balón y el portero no pudo reaccionar ante la carambola. Faltaban pocos minutos para el descanso y el resultado en esta primera parte ya no se movió.


La reacción de los blanquivioletas fue cuando menos se podía esperar y por tanto digna de mérito y premio, aunque esto último finalmente no se consiguiera. ¿Recuerdan aquel partido en Huelva, con 10, de hace dos temporadas?. Pues un símil, amén del resultado, se ha encontrado esta noche en Mestalla.


Cuando más a favor lo tenía Soldado para cerrar el partido, Dani adivinó la trayectoria del balón y privó que la ventaja valencianista se  doblara en el marcador desde los 11 metros. Fue ahí cuando el equipo despertó, se unió, se centró, fue generoso en el esfuerzo y hasta inteligente en la elaboración del juego. Con esos argumentos Rukavina ganó línea de fondo y tocó raso a Óscar que clavó su disparo en toda la escuadra. Los arqueros a los ángulos rectos no llegan y más cuando un disparo va con tanta fuerza.


El Valladolid había conseguido algo complicado, pero una decisión arbitral y el infortunio se conjuró en la última jugada del partido. El canario Hernández Hernández da un saque de banda a favor del Valladolid, tal como se puede apreciar en las imágenes, en el último minuto de partido. Cuando Óscar se disponía a ir hacia el balón y ponerlo en juego el Valencia saca, al mejor estilo de un patio de colegio. El árbitro no da por nula la acción y los locales montan la contra y Jonás de espléndido cabezazo rompe en añicos el titánico esfuerzo pucelano en pos de sacar algo positivo de tierras levantinas. No hubo tiempo para más, el Valladolid sacó de centro y el colegiado decretó el final del partido, no fuera a ser.

Derrota de un Valladolid que cuanto menos reaccionó en la segunda mitad y dio señales para el optimismo de cara a futuros encuentros.

Manual de autodestrucción blanquivioleta

Real Sociedad 4 Real Valladolid 1


Dicen los entendidos que un buen documento descriptivo se puede realizar de manera más fácil cuando la tarea a documentar es buena, está bien diseñada y el objetivo se ha cumplido. Si alguien ayer le dio por esbozar en un papel las pautas a seguir para hacerse añicos a si mismo y estaba viendo el partido del Pucela, estaba de enhorabuena.


Salieron los de Djukic algo timoratos pero poco a poco parecían tomarle el pulso necesario a un partido que vislumbraba tintes de ser muy disputado. Incluso las esperanzas vallisoletanas crecían por momentos cuando Óscar cerca estuvo de pellizcar un envío al área de Rukavina. Si el salmantino hubiera logrado desviar, aunque fuera lo más mínimo, el esférico, Claudio Bravo estaba superado, amén que el asistente de injusta manera tuviera la bandera arriba. Pero todo dio un giro a la media hora de juego cuando los blanquivioletas decidieron perder de un plumazo todas las señas de identidad. Si este equipo se caracteriza por tener juntas las líneas, por intentar tener el balón y por defender muy ordenado, nunca pondrá de ejemplo ese cuarto de hora hasta el descenso en Anoeta. Por su parte, la Real Sociedad, equipo con grandes argumentos y buenos peloteros, no tuvo piedad y sentenció un partido al que todavía le quedaba la segunda parte por delante. Griezmann aprovechó un balón que deambulaba dentro del área sin dueño ni zaguero que le pegara un puntapié, para enganchar un disparo enroscado y anotar el primer gol. Aguirretxe, en pleno desorden pucelano, consiguió el segundo, colocando la pelota en toda la escuadra. Y otra vez el francés, que pesadilla para el Valladolid, anotó el tercero tras ganar la espalda a Sereno y Rueda, hacer un gran control de balón y batir a Dani en su salida. Todo esto en un intervalo de once minutos que por mucho que puedas jugar contra el mejor equipo de todos los tiempos, que no era el caso, no se puede permitir.


Por si no había quedado suficientemente sentenciado el encuentro, a los dos minutos de comenzar el segundo acto, en una gran jugada colectiva, Xabi Prieto puso más tierra de por medio haciendo el cuarto gol donostiarra. A partir de ahí los de Montanier no quisieron hacer más daño y prefirieron reservar fuerzas para futuros compromisos. Situación que los de Djukic seguro que agradecieron porque el partido tomaba unos derroteros de conseguirse una goleada histórica. La posterior salida de Javi Guerra fue la mejor noticia del partido para los intereses pucelanos ya que un buen servicio de Óscar y una no menos buena definición del malagueño, recortaron la distancia en el marcador casi ya en el final del partido. La noticia en si misma no fue el gol, ya que el partido estaba totalmente cerrado si no que en esa acción recordaron las muchas conexiones de la temporada pasada, que tantas alegrías dieron.


Dura derrota de un Valladolid en un partido que se presumía muy complicado y que terminó siendo una pesadilla para la peor versión del Pucela en lo que va de temporada.

Empate bajo la lluvia

Valladolid 1 Málaga 1

 

Encontró pronto el gol el Málaga en un cabezazo de Demichelis a la salida de una falta tocada por Lucas Piazón. El Valladolid formó mal las parejas dentro del área y el central argentino remató libre de marca sin ninguna oposición.

 

El guión era perfecto para los de Pellegrini que intentarón economizar esfuerzos para lo que se les viene entre semana y rentabilizar al máximo el gol inicial. Por su parte el Pucela no encajó mal del todo el desequilibrio en el marcador e intentó, aunque sin conseguirlo al cien por cien, hacerse con el control del partido. En esas estaban los pupilos de Djukic que veían como se consumían los primeros 45 minutos sin remediar el error inicial. Pero cuando faltaban 4 para el final del primer tiempo el Valladolid dibujó el mismo gol que el Málaga en los inicios. El cambio de intérpretes fue digno de estudio. Rubio puso un balón perfecto a la espalda de Demichelis, emulando el toque de Piazón en el gol visitante. El zaguero perdió el sitio y la marca de Manucho que remató de cabeza sin ninguna oposición y superó a Caballero.

 

En la segunda parte el Pucela gozó de más oportunidades para hacerse con los tres puntos. Unos buenos minutos de Larsson propiciaron dos claras acciones de peligro en el área andaluza, pero ambas se fueron al limbo. La primera fue un remate del sueco que desbarató Antunes. La segunda llegó tras una  internada del propio Larsson con centro raso y fuerte para la llegada de Manucho que no alcanzó a pellizcar la pelota con el arquero ya superado. Poco después la intensidad del juego bajó por parte de los dos equipos debido a la fuerte lluvia que calló durante unos minutos. Ambos conjuntos, según se acercaba el final, se conformaron con el empate, que aunque no sea demasiado botín sí que ayuda a cumplir los objetivos.

Buen esfuerzo, justo empate

Espanyol 0 Valladolid 0


El Valladolid tenía difíciles visitas consecutivas tras el descalabro que se produjo en Zorrilla en la visita del Atlético de Madrid. Pues bien, lejos de que los fantasmas se siguieran acercando, los de Djukic han cerrado sendas visitas consecutivas con cuatro puntos conseguidos. Se puede catalogar al Pucela como un invitado ingrato y mal educado. Entra en tu casa, te cambia los cuadros de sitio, te hace jugar de otra manera, te quita el mando de la tele y pone el canal que le apetece. Eso es lo que pasó en Vallecas y lo que en varios compases del partido ha sucedido hoy en Cornellà – el Prat.


Salieron los blanquivioletas enchufados en los inicios con llegadas de Sastre, mejorando en estas dos últimas jornadas, y del propio Omar Ramos, aunque el tinerfeño se fue diluyendo, cual azucarillo en el café, con el paso de los minutos. Un disparo del mallorquín fue lo más destacado de un Valladolid que poco a poco fue cediendo el dominio a los locales, aunque sin perder ni un ápice de solvencia y contundencia. Los pericos por su parte no inquietaban a la zaga local más que con la movilidad de Sergio García. Una acción suya fue la más peligrosa para los locales en este primer acto. Fue una jugada personal en la que el delantero internacional dentro del área logró quitarse de encima a Sereno, pero no pudo evitar que Rueda llegara al rescate desviando a saque de esquina su disparo.


En la segunda mitad los de Javier Aguirre tuvieron más el esférico e hicieron retroceder unos metros al medio campo blanquivioleta. Ahí cobraron más importancia Sereno y Rueda que volvieron a estar a un gran nivel y solventaron todo tipo de problemas con una eficacia de diez. Tanto fue así, que el Espanyol no tiró entre los tres palos en ninguna ocasión en todo el partido y Dani Hernández vivió tranquilo sin apenas trabajo.


La guinda a punto estuvo de ponerla Óscar, el salmantino quedó cerca de poder liquidar el partido en el alargue en una muy buena maniobra y asistencia de Javi Guerra. Pero cuando Óscar iba a fusilar a Casilla, Víctor Sánchez le sacó el balón, impidiendo que todos los puntos salieran de Barcelona.


Justo empate que mantiene al Valladolid en la zona media de la tabla más cerca de los de arriba que de los de abajo.

Vallecas se escribe con “V” de Valladolid

Rayo 1 Valladolid 2


Sin Valiente, ni Ebert, ni Víctor Pérez, ni Óscar. Con esas bajas se presentaba el Real Valladolid en Vallecas, lo que auguraba poca cabida para el optimismo. Pero Djukic y sus pupilos son capaces de competir en todos los escenarios y contra todos los rivales.


Comenzó el partido sin un dominador claro hasta que el cronómetro llegó al ecuador del primer tiempo. En esos momentos el Rayo tomó los mandos ante un Valladolid que esperaba sus minutos bien colocado y sin dejar espacios. En ese dominio local destacó Trashorras, junto a Domínguez y el propio José Carlos. Los tres enlazaron varias jugadas que pusieron en jaque al meta Dani, pero el venezolanzo estuvo hábil y felino cuando más se le exigió. Pero la presión local tampoco fue muy duradera y los últimos compases del primer tiempo el Valladolid pisó área rival y generó mucho peligro. De la mano de las individualidades de Omar Ramos, de la creación de Alberto Bueno y con un disparo de Sastres que tocó el travesaño, el Valladolid empezaba a dar un giro importante al partido.


El segundo acto comenzó de la misma manera en la cual acabó el primero. El Valladolid plantaba cara y presionaba la salida de balón rayista, buscando el error local para propiciar alguna contra en superioridad numérica. Alberto Bueno y Manucho presionaban al unísono en línea, casi como dos delanteros centros. Cerca de ellos siempre se situaban Larsson u Ómar y los locales cada vez andaban más electrocutados en su creación. También, como el primer tiempo, el Rayo tuvo su oasis en el desierto. Fueron cinco minutos de asedio, cuando faltaba la mitad de esta segunda parte por disputar. Leo Batistao y Tito, tuvieron en la misma jugada la oportunidad de deshacer el empate, pero Dani rechazó sendos disparos evitando males mayores. El que golpeó primero fue el Pucela a renglón seguido. Fue en una falta colgada al área y en una desafortunada salida del arquero Rubén. Sereno puja la pelota con Amat el cual la peina a su propia portería y nada, ni nadie puede evitar el gol y el desequilibrio en el marcador.


Pero el fútbol siempre da segundas oportunidades y en un minuto el central catalán pasó de odiado a deseado. El zaguero ex perico desde 50 metros, un minuto después, superó a Dani Hérnandez que estaba adelantado y no reculó bien ante el lanzamiento lejano de Amat que se coló en el arco blanquivioleta.


Nada más lejos de la realidad el Valladolid continuó a lo suyo sin acusar en exceso el golpe y ahí fue donde apareció la mejor versión de Alberto Bueno que hizo y deshizo a su antojo en los últimos minutos de partido. Una recuperación suya se tradujo en el gol de Manucho. El madrileño robó una pelota que Gálvez trataba de sacar jugada. Bueno condujo el balón y sirvió en bandeja de plata el esférico a Manucho que empujó el balón a la red sin ninguna adversidad. Faltaban diez minutos y el Valladolid pudo incluso marcar el tercero en un gran disparo de un omnipresente Alberto Bueno. Rubén no podía llegar a tapar el disparo y la cruceta se alió con el portero local.


El Rayo por su parte cerca estuvo de sumar un punto tras un cabezazo de Tamudo que entró en la recta final del partido. Su remate a la salida de un saque de esquina propició una buena exhibición de reflejos del venezolano Dani Hernández, que con una mano, envió la pelota por encima del larguero. Fue la última acción del partido.


Victoria importante de un Valladolid que logra decir “treinta y tres” a la perfección, sin síntomas de gripe, ni constipado alguno.

El Pucela cae sin tensión ni atención

Valladolid 0 Atl. Madrid 3


Hay días que es mejor no levantarse, porque lo vas a hacer con el pie izquierdo y vas a salir de casa y te vas a olvidar las llaves. Para colmo, como llueve, seguro que un coche arrastrará el agua de un charco y te pondrá de verano al cruzar la calle.


Eso es lo que, metafóricamente hablando, le sucedió ayer al Valladolid en un partido, donde apenas contuvo a su rival y ni por supuesto pudo competir, ni con él, ni contra él. Costa y Falcao superaron a la zaga, Gabi y Tiago hacían lo propio con Rubio, sí, solo con Rubio porque Sastre estuvo desaparecido aunque con cuerpo presente. Para más inri, Miranda y Godín vivieron el partido más cómodo de toda su trayectoria profesional y si vivieran siete vidas como los gatos y fueran siete veces futbolista, también.


Con las posiciones más importantes ganadas, llegó el desequilibrio muy pronto. Fue en una acción en la cual Falcao rozó el fuera de juego, pero que no se puede culpar a nadie de no pitarlo ya que la diferencia era milimétrica con la línea defensiva. Corrían tan solo once minutos de partido y el Valladolid intentó reaccionar. Sí, lo intentó, pero con nulo acierto y siendo muy previsible. Dominó el balón, quizás porque al Atleti le viene como guante a mano, el papel de esperar y salir como liebres en cuanto consiguen recuperar el cuero. Y como lo recuperaban mucho, Arda, Costa y Koke se ganaban la vida galopada tras galopada y desborde tras desborde.


Con ese panorama se llegó al descanso y aunque fuera dura la charla de Djukic nulo cambio produjo en sus hombres que parecían resignados a caer derrotados. Diego Costa ganó la posición en un vertical de Koke que lo habilitó tras varios rechaces y el brasileño, de duro disparo, batió a Dani Hernández que poco o nada pudo hacer. No se llegaba ni al minuto diez del segundo acto y el partido estaba visto para sentencia. Hasta Djukic posiblemente impotente por lo que estaba viendo llegó tarde a reaccionar, ya que hasta no verse con el cero dos en el marcador no movió el banquillo. Lo hizo metiendo a Manucho que cuanto menos intentó desacomodar a Godín y Miranda en algún balón aéreo, pero nada más.


Ni aunque Leo Harlem diera marcha atrás en el ofrecimiento de Leo Messi por vestir la camiseta blanquivioleta,  hubiera cambiado el resultado del partido.  Los rojiblancos tampoco parecieron tener muchas ganas de hacer más daño. Solo el cebolla Rodríguez, en el último minuto antes del alargue, hizo más grande la herida pucelana tras un fallo de Rukavina, que enseñó todas sus vergüenzas fallando estrepitosamente en una cesión al venezolano Dani.


Contundente derrota de un Valladolid que no digirió bien en ningún momento las innumerables ausencias que padece el equipo en las últimas semanas.

Sin juego pero con un punto

Betis 0 Valladolid 0


Igualaron béticos y pucelanos en un partido donde los locales dominaron de principio a fin a un Valladolid, que no supo, no pudo hacer más que defender todas las acometidas en las que los andaluces intentaron en pos de la victoria.


Mientras un descarado Campbell aparecía por el costado izquierdo desarbolando tanto a Rukavina como a Sereno y un, egoísta Pabón, lo hacía por el otro costado, ni Larsson, ni Alberto Bueno, ni Óscar, escondido en el extremo izquierdo, lograban ni tan siquiera hacer cosquillas a una defensa verdiblanca que vivía un partido muy plácido. De Javi Guerra se sabía casi por correo ordinario que estaba vivo a falta de contacto con el balón. Con ese panorama, tocaba apretar los dientes y esperar a que escampara lo antes posible para intentar recomponer líneas y tener más el balón. El Betis dominaba y dominaba, pero tampoco generaba demasiadas oportunidades. La baja de Rubén Castro se nota una barbaridad y sin él los sevillanos quedan faltos de instinto asesino.


El ¡uy! en la grada lo puso Beñat en el ecuador del primer acto con una volea desde fuera del área que a duras penas rechazó Dani Hérnandez. Lo demás pues lo dicho, llegadas y más llegadas locales a las inmediaciones del área pero que se quedaban en eso.


En la segunda parte se esperaba una mejora visitante, pero nada más lejos de la realidad. Cierto es que los de Djukic aún no jugando bien y no teniendo opciones de ataque, cuanto menos defendían ordenadamente y sin pasar demasiados agobios. Aún no teniendo el balón, ni Sereno, ni Rueda sufrieron en exceso con el paso de los minutos hasta que Pérez Lasa decidió añadir picante al partido. Expulsó por segunda amonestación a Rukavina en una acción en la que el serbio ni metió la pierna y en al cual Beñat y Nacho se golpean entre ellos. Según el colegiado ” a golpeo entre verdiblancos, expulsión blanquivioleta”.


Quedaban quince minutos y ahí sí que comenzó un asedio sobre la portería de Dani Hernández. Sereno se multiplicaba para colocarse en medio de todas las intentonas locales que a falta de tener moridente en el área probaba fortuna desde la distancia. La más clara la gozó Amaya cuando Dani Hérnadez erró en una salida y dejó el balón en bandeja al zaguero local para que saliera a hombros del Benito Villamarín. Menos mal que por ahí apareció Peña para negar el gol de la victoria a los locales despejando la pelota por encima del travesaño. Ya no hubo tiempo para más.

Hoy no tocó jugar bien, pero cuanto menos, apretando los dientes se consiguió un meritorio empate. En otras ocasiones jugando así siempre se caía goleado.

El Norte de Castilla

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