Manucho decide el derbi

Valladolid 2 Numancia 1

 

Explicar un partido de fútbol entre blanquivioletas y rojillos va camino de ser un proceso a investigar por el periodista Iker Jiménez.

 

Idas y venidas en el marcador, cambios de ritmo, remontadas expres y un sin fin de acontecimientos que ocurren en noventa minutos que se puedan pensar, Real Valladolid y C.D. Numancia son capaces de hacerlo realidad como cual circo del sol. ¡Oiga! Y a un coste bastante inferior en la entrada.

 

El Valladolid consumió cuarenta y cinco minutos de dominio sin poder cobrar ventaja, a pesar de disponer de dos acciones claras para adelantarse en el marcador. Pero Javi Guerra parecía estar reñido con el gol. Los visitantes se hicieron con el mando de las operaciones tras la reanudación, pero fallaban en todas las definiciones que se le presentaban en área rival. Su momento llego en el setenta de partido cuando un disparo al palo de Natalio desencadenó la precipitación de Felipe en el posterior despeje. El canterano, afanado en alejar cuanto antes el balón de la zona de peligro, se perfiló mal y convirtió su despeje en autogol. Cero a uno.

 

El Valladolid, muy tocado por el golpe, se enrabietó a la desesperada para revertir un partido que se le escapaba. Para ello tuvo que sumar muchos condicionantes que normalmente no se dan, pero en un derbi entre Valladolid y Numancia sí. La remontada comenzó a fraguarse por Manucho, aquel delantero defenestrado, perdido y recuperado para la causa. Cuando peor lo tenía el pucela, el angoleño bajó un balón del cielo y le dio tiempo a dar un pase de ‘dandy’ para habilitar a Javi Guerra. Jofre acompañó al malagueño en la acción y finalizó la jugada en un mano a mano de ambos contra Eduardo.

 

Con todo y con eso, el Numancia no se descompuso y consiguió generar más peligro en la meta del Valladolid. En esos minutos, Jaime se ganó su particular santificación tras salvar sendos remates consecutivos a boca jarro.

 

Sumergidos en un final desatado y acelerado, el Valladolid pescó los tres puntos en río revuelto. Fue en una acción en la que Guerra se lió a hacer sombreros para dejar a rivales por el camino hasta evitar al arquero. Pero su definición no era suficiente. Tuvo que aparecer Manucho en boca de gol para convertirse en héroe adelantándose al despeje de Cabrera, que acudía al rescate sin contar con la presencia del angoleño.

 

No hubo tiempo para más y la victoria quedó en Zorrilla. Pellízquense, pestañeen, hagan lo que quieran. Lo prometo, fue real.

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El Norte de Castilla

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