Archivado en junio, 2014

Ángel caído y muerto solo

Ya hablé en otra ocasión, y en este mismo espacio, de la soledad de la muerte. Morir solo. Aterrador final para un vergonzoso mundo. En realidad, también soñamos solos. Y solos nos comemos, a veces, nuestros miedos. Para no dañar. Hablando de gatos con Alfredo, un colega de este periódico, me contó que tenía una

La dinastía de los cartones

Les hablo del siglo pasado, cuando yo era mocita, o alrededores, y estaba ennoviada con el de Musical Tamayo. Él ponía en marcha su negocio de instrumentos en la Plaza Circular y yo circulaba desde las aulas al trabajo. Teníamos lo justo para gastos pero aun así podíamos tomarnos unas cervecitas (a veces con pipermín),

El Norte de Castilla

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