Tú pares, él para

Se han empeñado en hablar por nosotras creyéndonos incapaces. Se han erigido en figuras paternalistas creyéndonos menores mentales. Se han obcecado en dirigir nuestras vidas creyéndose capaces de ser dueños, conductores, pastores, coach de almas y de úteros.

Lo peor es que entre ellos también habitan algunas ellas. Ya no sólo los sectores más rancios de los grupos religiosos, los ultraconservadores de ciertos partidos políticos (los hay en todos y cada uno de ellos) o lobbies cabildeando en pro de la sagrada familia del pajarito, sino también algunos miembros de colectivos feministas que tienen un poco atragantado el tema de las libertades siempre con la excusa de blindar la dignidad de la mujer, sin reconocer que la dignidad, como la verdad, no es ni mucho menos absoluta.

Frases como “atentado contra la maternidad”, “acto ilícito de procreación”, “cosificación y despersonalización del ser engendrado”, son lanzadas contra la práctica de los vientres de alquiler, apoyadas además por una defensa a ultranza de la mujer a fin de que no sea tratada como un contenedor de embriones para repartir a diestra y siniestra, dicho por diestros y siniestros.

¿Ahora se preocupan? ¿Qué ha sido la mujer durante siglos sino un recipiente de criaturas para ofrecer a dios, a la tierra para trabajarla o a los ejércitos para morir por las guerras de los hombres?

Cuando ya hemos logrado la consideración de seres humanos pensantes, libres, iguales, distintas, ahora tratan de manipular nuestra libertad de decidir. Qué pesadez.

Al contrario que en el tema de la prostitución, del que hablé en este mismo espacio en abril de 2015, en éste que nos ocupa aún falta mucho para que el personal deje de plantearse la cuestión en términos de moralidad y entre ya sólo en el debate sobre si la maternidad subrogada es una forma de explotación que no debe ser legalizada o ser considerada una práctica legítima que es necesario reglamentar. Lo que es fundamental ya sea si se legaliza, se regulariza o se convierte en punto del día de algún programa electoral para mostrarla como objeto de asistencia, es que hagan de la madre que alquila su vientre el sujeto de la conquista de sus propios derechos.

Si al eslogan de “nosotras parimos, nosotras decidimos”, que ya es más viejo que el hilo negro, pero no por ello menos cierto y con una vigencia que debería incrustarse de una vez por todas en nuestros genes, añadimos sin atender a consignas que “parimos los hijos de quien nos dé la gana”, ¿qué tienen otros y otras que decir?

La maternidad subrogada está en la agenda del Gobierno para esta legislatura, pero me da en la nariz que va para largo. Espero también que se tenga en cuenta que las mujeres que ofrecen este servicio tienen derecho a una compensación económica y no a un precio de mercado, porque éste lo controlan siempre otros.

Recordemos que la dignidad nos otorga la prerrogativa de ser respetados.

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El Norte de Castilla

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