Aventura aquí al lado

En situaciones extremas no se sabe cómo puede responder el ser humano. Así es como, más o menos, se presentan los concursos que copan la programación de algunas cadenas televisivas. Y no, no son los de reyes de los fogones creando esencias de torrezno al vapor de gases nobles, ni los de niños bufones cantando por peteneras vestidos de domingo de comuniones, ni siquiera los de candidatos a primarias de la era terciaria o cenozoica. No, en esta ocasión hablamos de quienes voluntariamente son desterrados a una isla desierta o lanzados al mundo para que recorran 3.000 kilómetros con un euro al día.

La Isla, Supervivientes, Pekín Express, Naked and Afraid, algún que otro desfile de modelos (una manzana al día, eso es sobrevivir) forman parte de una larga lista en la que se va a incluir el reality titulado ‘Viuda de Pepe López, hijos y demás’.

El programa comienza con una banda sonora de toses un tanto sospechosas del mismo Pepe y un primer plano de su cara de circunstancias cuando ve el título rotulado sobre su frente; es cuando empieza a sospechar, pero no tiene tiempo para indagaciones. Como lleva en el paro ni se acuerda y ha agotado todo tipo de prestaciones salvo una renta que da para el agua, media luz, patatas y pollo escuálido, en cuanto amanece se mete entre pecho y espalda un buen tazón de sopas de leche aguada y se lanza a la calle en busca de aventura; una cámara le acompaña en su búsqueda incansable de cartones y chatarra.

En casa se queda contemplando miserias la presunta viuda que, una vez leído el título del programa, envejece más de diez años en diez minutos, así que ya ronda los 75 a los 53. Con ella, toda una estampa familiar de miembros desempleados unidos y bien avenidos: a la fuerza. Sus tres hijos con sus respectivos cónyuges, de los que solamente Marieta tiene un trabajo fregando platos y perolas doce horas al día, de martes a domingo, por 700 al mes, y ella pone los estropajos y las sonrisas forzadas. En la estampa también aparecen cinco nietos que en sus primeros años disfrutaron de otra vida con triciclos, ropa nueva, vacaciones de playa y hasta clases de tenis o de piano y academia de inglés. La abuela juraría que sólo eran cuatro los hijos de sus hijos, y que el pecoso le suena muy poco, pero qué más da ya.

La hora de máxima audiencia se produce con la muerte de Pepe cuando, una mañana gélida de un febrero malvado, la tos le estrangula y se rompen en mil pedazos sus pulmones de hielo. El cámara le tapa con cartones de Tierra de Sabor mientras llega la ambulancia y el aire le sabe a sangre.

A los gastos del entierro se unen 100 euros de las gafas de la pequeña Lucía y una multa póstuma a Pepe el muerto por no declarar al fisco los ingresos del cartonaje.

Ahora sí comienza el verdadero show de supervivencia: doce personas y un gato comiendo con menos de diez euros al día. Y ni siquiera hace falta poner la tele para ver este reality.

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El Norte de Castilla

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