Pariremos arañas

Me muevo, protesto, paro, reparo, grito, me indigno, apoyo, pido, solicito, clamo, reclamo, demando, exijo, recurro, requiero, exhorto, arrebato, lucho, muero, renazco, revivo, resuelvo.

Rhythm and blues, ya sabes, movida, urbana y con ritmo insistente.

Pero otros hacen la música y hace tiempo dejó de sonar. Y a nosotras nos han dejado sin baquetas y sin cuerdas. Pariremos arañas para atar cabos, y golfos, y salvar acantilados.

Y tocar de nuevo.

Y, si no, a capella.

Somos capaces.

Cuando la crisis nos engulló, capitanes y ratas abandonaron el barco. Nosotras seguimos moviendo el timón y fregando cubierta. Achicando agua y orines, estudiando las mareas, alimentando crías y sanando enfermos. Alternando el google maps con la bayeta de microfibra y un proyecto de viabilidad con un puchero de lentejas.

Ni todas las ratas son hombres ni todos los hombres son ratas. Los que sí, se olvidaron de pasajeros y tripulación y en un “sálvese quien pueda”, muchos pudieron sobrevivir, sobreponerse, sobrevalorarse y sobrepasarse.

Si una fuera malpensada creería que fueron ellos quienes hundieron el barco para coger otro sin iguales, donde la suya fuera la más larga, como cuando los centímetros de orgullo contaban más que la negación de un rol.

En el cuaderno de bitácora, que ahora sirve para enseñar a contar al hambriento, escribieron ellos, con graves faltas de ética, y bastantes de las otras, la amenaza, en plena tormenta marina, de la voz de la mujer, de la voz del extranjero, de cualquiera que venga buscando un hueco y un turno de palabra. Ya no eran cantos de sirenas, sino sugerencias, órdenes, indicaciones, apreciaciones, opiniones y hasta el desorden del orden establecido. Ahí os quedáis.

Salvar el culo no significa pisar cabezas, pero qué bien les viene habernos hundido.

Hemos conseguido salir a flote con lo puesto. Ya sólo hay que reponer la despensa y el armario. También la estantería donde íbamos colocando nuestros logros, nuestros derechos, nuestros avances. Se han quedado hundidos en esa zona abisal donde ni llega la luz del sol.

Pariremos arañas y tejeremos largas cuerdas para el rescate del mundo perdido. Habrá hombres que nos ayuden a tejer y otros que nos corten las ganas, y las alas, y las almas.

Mi voz, mañana, con ellas –nosotras, mujeres-, mi tiempo –el que pueda-, mi tela de araña, mi grito, mi espacio, mis trocitos de logros, mis derechos deshechos. Mi indignación, mi enfado, mi rabia, mi lucha, la lucha, la unión, la palabra, la acción. La reacción.

Con nuestro silencio, ellos gritan más. Con nuestra ausencia, se hacen más grandes. Con nuestra pasividad, más prepotentes. Con nuestra sordera, más fanfarrones. Con nuestra

indiferencia, más dominantes. Con nuestra aquiescencia, más intolerantes. Con nuestra ceguera, se la ven más grande.

A muchos hombres, a tantos, les cuesta un mundo entero comprender que, con nuestro retroceso, ellos también pierden ventaja.

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El Norte de Castilla

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